Ya soy mayor, por @JosefinaLpez

No sé cuándo, pero un día, y de eso no hace mucho, me di cuenta de que me había hecho mayor. Puede que fuera un día de esos que preferí resguardarme del frío, aunque nunca antes me habían molestado las temperaturas adversas. Ahí empieza todo, en ese momento en que devoras con avidez el programa de El Tiempo como si la predicción te salvara de tener mañana una jornada horrible. Cuando se es joven, da igual. Es más, no se siente frío ni calor y te atreves con una camiseta de tirantes en pleno invierno bajo el abrigo. Tiempo después, y sin darte cuenta, llegas al punto en el que estás aferrado al mando de la televisión esperando a que el Gran Wyoming anuncie los minutos de publicidad para pasarte a la Primera, a ver si llegas a tiempo de enterarte del tiempo. Hay otros síntomas inequívocos de que te haces mayor sin ser consciente todavía de ello. Por ejemplo, cuando en la perfumería se empeñan en regalarte muestras de crema anti-edad o cuando un niño de la edad de los propios se dirige a ti como ‘señora’. También es muestra de los años cuando sin necesidad ninguna te quedas mirando la página de cumpleaños del periódico y ves que hay famosos que son de tu quinta cuando le hubieses echado alguna década más encima… aunque lo mismo esa falta de tino responde sólo al regusto de que el actor o la actriz tenga alguna desventaja contigo, es como decir "sí, sí eres famosa, guapa y delgada, pero te jodes que eres más vieja". Hasta que un día te das cuenta de que la has alcanzado. No me quejo, prefiero la crema anti-edad y a la delgadísima meteoróloga diciendo que mañana me voy a tener que poner guantes hasta en las orejas, que esforzarme por ser lo que no soy. Así que, de momento, no me quito años, pero no diré que nunca lo haré porque si algo me ha enseñado la edad es que no se pueden mantener opiniones ni afirmaciones absolutas durante toda la vida.

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