¿Ya no crees en el amor?, por @JaviMoral_

Pues bien, esta cuestión me ronda por la cabeza desde hace tiempo. Siempre he considerado al amor como uno de los sentimientos más importantes. La lucha constante contra su némesis, el odio, lo convierte en un sentimiento valiente que se alimenta a través de la fuerza, la gratitud y la pasión.
Antes de materializar dicho sentimiento en su vertiente romántica, el deseo de encontrarlo era una constante en el trascurso de mi vida. Ese anhelo que sentía por experimentar en mis entrañas la calidez de una sensación tan pura y noble se tornaba en una ilusión incontrolable.
Un día ese sentimiento llegó a mi vida y la cambió. Como si de una ilusión se tratara la melancolía que corre a través de los cauces cavernosos de mis venas se desvaneció. Experimenté lo que es amar, el romanticismo, la belleza pura del sentimiento. Pero ese día en el que realmente el tiempo se para, no es eterno, y cuando menos lo esperas la enfermedad, el desamor, ataca destruyendo la felicidad que con tanto trabajo has construido, para a posteriori volver a empezar. No es algo que difiere de lo que somos como materia, pues se trata de un ciclo similar al vital. El amor no muere, se transforma.
Llamemosle madurez. La experiencia en mi caso me ha llevado a un estadio extraño en el que el amor ha pasado de ser el protagonista a convertirse en un figurante de un film de clase B. Ya no siento envidia de la carantoñas de aquellas parejas que comparten momentos íntimos en el parque, o aquellos que caminan cogidos de la mano, o incluso los que comparten miradas cómplices mientras cenan en un restaurante.
Ahora todo eso solo me provoca una sensación de felicidad para con los demás. Pero busco en mi interior y no encuentro las ganas o la ilusión que en  pasado anhelaba sentir, ese famoso hormigueo en el estómago, que los más “cursis” denominamos mariposas.
Realmente es como si luchas por algo que deseas mucho, lo consigues, lo disfrutas y sientes que una vez que lo has experimentado, y sabes lo que es, y lo que entraña, no tengas el más mínimo interés en repetirlo, pues no supone un reto o una ambición.
Sigo creyendo en amor, por supuesto, pese a la caída del mito a través de la realidad, pero quizás de otra manera. Ya no lo busco incesantemente, mi verdadera búsqueda hoy por hoy trata de la verdadera felicidad, que llega a través de sentimientos que van más allá del amor en su ámbito pasional. No es el amor quien otorga felicidad sino que la felicidad propicia el sentir amor por uno mismo y por los demás.

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