¿Y tú de quién eres?, por Gabriel Merino

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Israel está bombardeando estos días salvajemente la franja de Gaza. Yo hoy, a día 19, estoy más por las razones y las quejas palestinas que por las israelíes: como si me dicen que de qué Soraya soy más pues me quedo con la del PSOE frente a la del PP o, por aquello de ser de aquí, me decanto más porque Cristiano se lleve el balón de oro frente a Messi, pero no me va la vida en ello, porque a estas alturas de la vida tengo grandes y profundas reservas con respecto a cualquier convicción absoluta.

 

Y no es que sea tibio, pero igual que ayer me sorprendía diciéndole a mi chica –casi 22 años casados, otros 7 de novios y otros 7 más de conocidos, ¡no soy tan viejo, es que nos conocemos desde los 12!- que llegados a este punto no la cambio por otra –como el Ariel-, me sorprendía también al darme cuenta de las pocas veces que se lo digo, y que aunque en otras cosas que soy mucho más vehemente, no sé si pondría por ellas la mano en el fuego: en lo político evidentemente no; en la defensa del terruño frente a otros en plan nacionalista casi que tampoco: a pesar de que me encanta vivir en Madrid, sus gestores me repugnan; en lo deportivo, la verdad es que paso mucho de dejarme la vena del cuello en cantar goles con ninguna hinchada; en lo religioso soy un ateo que respeta – e incluso a veces admira- a la mayor parte de los creyentes, pero no siempre a sus iglesias ni a sus intenciones de convertirme…

 

Va a ser que estoy a punto de cumplir los 50, esa edad en que la gente ya tiene claro lo que es y de que lado está y yo, aunque ideológicamente en lo íntimo tenga bandos  ya definidos sólo me siento realmente de mi familia, de mis amigos y de mi esfuerzo – yo no soy de los que opina, como mi padre, que el trabajo dignifique per se: escribo porque me gusta aunque no me paguen, pero curro ocho horas al día para ganar un jornal como dice el de Marinaleda, que si me tocara una primitiva o una lotería de Navidad potente ya me podían esperar-.

 

Llevo unos días haciendo – de cara a la campaña de gastos navideños- proselitismo de negocios de amigos que se han hecho autónomos o pequeños empresarios y regentan cáterings o almonedas: creo –y se lo he dicho- que aparte de haber visto el género o probado sus comidas, lo que me impulsa a recomendarlos es el hecho de que sean amigos de confianza, con lo que he hablado y convivido y para quienes nunca he necesitado sacarme un carnet. Son poquitos, pero de ellos nunca me esperaría –¡y mira que son comunes!- una puñalada por la espalda. Justo hoy recibía por féisbuk una de esas máximas que prodigan algunas páginas de éstas de máximas: “La diferencia entre un ciego y el fanático de un partido político es que el ciego sabe que no ve”.

 

A estas alturas de la vida solamente me dejo cegar, y con cuidado, por esos pocos amigos que tengo –además de los reales, que son los que están para rotos y descosidos, por ejemplo ciento setenta y nueve en féisbuk: para la edad que tengo, para algunos debo ser de una pobreza inmensa-;  por aquellas personas que quedan dentro de mi casa cuando cerramos la puerta de noche, por la familia con la que tengo contacto y por esas convicciones íntimas que no son de ningún partido, de ningún cura y de ningún color o bandera excluyente. A veces con esas cosas todavía te equivocas y, con el callo que hemos echado, eso sí que duele.

 

Muchas veces he dicho que es absurdo que te hagan elegir entre papá y mamá… siempre que ambos hayan sido medianamente normales como padres, no maltratadores ni desequilibrados. Mi padre y mi madre son el día y la noche, pero no me hagan elegir a uno en plan “la decisión de Sophie”, porque ambos han sido extraordinarios en su intento de hacernos felices. Algo que no puedo decir del PSOE y el PP o de hebreos y palestinos, o del Real Madrid y el Barça. En este relativismo profundo ante esas cosas de las que hablamos a diario pero no nos va –ni nos salvan, ¡qué coño!, la vida- yo sólo puedo ponerme en esa máxima de Séneca que repetimos todos los que sólo sabemos que no sabemos nada y decir, que, eso sí, soy de toda la vida mucho más de los Beatles que de los Rolling…

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