Y si no..., por Javier Astasio

 
 
Y si, al final, nunca se construye Eurovegas. Y si, al final, los hospitales públicos concedidos a empresas privadas, son peores y más caros. Y si, al final, el metro de Madrid vuela hacia manos privadas. Y si, al final, el deterioro de las escuelas y universidades públicas es tan grande que se convierten en guetos para quien no tiene dinero para pagarse una enseñanza "decente". Y si...
El gobierno de la Comunidad de Madrid ha sido, desde que está en manos del PP, y especialmente desde que pasó a presidirlo Esperanza Aguirre, una mezcla extraña de "país de las maravillas" y patio de Monipodio de los neoliberales, empeñados en descubrir y aprovechar, en beneficio propio, claro, cualquier oportunidad de negocio que se les ponga tiro. Privatizar y gastar han sido en todos estos años transcurridos desde que Tamayo, Sáez y los cuarenta constructores, o los que fuesen, frustraron la oportunidad que tuvo la izquierda de recuperar el gobierno que en su día perdió Joaquín Leguina.
Desde entonces y con el mayor descaro, el gobierno madrileño ha hecho de la propaganda el eje central de sus preocupaciones. El culto a la personalidad tejido en torno a la presidenta, tratándonos de hacer creer que era una mezcla bizarra entre Robín de los bosques y Belén Esteban, una acariciadora de niños profesional, besadora de señoras, cuando, en realidad, su alta cuna y su feliz matrimonio con un conde jamás le privaron de esa lengua de verdulera y ese colmillo retorcido de matón del hampa que con tanto tino ha sabido manejar en ese mundo de hombres que ha sido la política madrileña de los últimos años.
La condesa ha pretendido hacernos creer que nos quería a todos los madrileños hablando inglés desde la escuela y jugando al golf como príncipes. Pero, en realidad, lo que ha hecho ha sido construir campos de golf, declarados ilegales, por cierto, para permitir hacer negocios a sus allegados, a costa de los parques, polideportivos o zonas verdes que podían haber sido los terrenos que ocupan. Eso en cuanto al deporte que le entusiasma, porque, en cuanto a lo del inglés, ojalá nuestros hijos supiesen lo que deben saber, aunque fuese en español, en lugar de tener que aprender Biología, Física, Química, Matemáticas o Historia y Literatura españolas con profesores "importados" que ni siquiera manejan el español con corrección. Pero, y si, al final, a lo que debería haber sido un parque en el centro de Madrid se convierte en un recinto vallado, al que nunca tendrán acceso los jubilados y los niños del barrio. Y si, además, nuestros hijos se convierten en "peones" con inglés, pero poco capacitados, para servir en barras y mesas o listos para exportar como mano de obra barata.
Los hospitales van a ser, nos dicen, más limpios, más amplios y más modernos en manos privadas. Y a mí no me salen las cuentas, porque que me expliquen cómo es posible seguir dando lo mismo o más, con menos dinero y permitir el lucro, que para eso están en el negocio, de los concesionarios. Y si, en realidad, se explotase -aún más- al personal, se les pagase en un fijo, bajo, y complementos con los que se primase, como parece que pretenden, la restricción de pruebas, la orientación a la consulta de especialistas y demás "frivolidades".
La condesa, y ahora su paje, nos prometieron el oro y el moro en Eurovegas. Usaron para ello todas las artimañas posibles, apelando incluso a ese tara genética malsana que tenemos los madrileños que nos hace creer que lo que es malo para los catalanes es bueno para nosotros, nos hablaron de cientos de miles de puestos de trabajo, de turistas, de los casinos como nuevo motor de nuestra economía. Y nos hablaron de algunos escollos a salvar que no son otra cosa que la garantía de que en este negocio, como en el juego, la banca siempre gana, y que, para hacerlos posible habrá que dejar acceder a familias enteras, menores incluidos, en los resorts del complejo, habrá que permitir fumar, saltándose la ley, en hoteles y locales cerrados, con lo que provocarán sin duda la rebelión de la hostelería y, por tanto, acabarán con la eficacia de la ley, habrá que hacer aeropuertos donde no caben y, por si fuera poco, habrá que modificar leyes impositivas para que la empresa goce de ventajas fiscales y para que los jugadores, si es que ganan, paguen los impuestos de esas hipotéticas ganancias en sus países de origen. 
En fin que veo Madrid -perdón por la imagen- como un inmenso culo del que alguien quiere meter algo para sacar de él todo el partido posible y largarse. Pero, y si, al final, como comienza a parecer, Eurovegas no se llega a hacer. Me alegraría, porque esa es de todas las promesas de esta gente la que con más ganas deseo que quede incumplida.
 
 
 
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