Wishbone Ash: El misterio de las twin guitars, por @renacerelectric

El guitarrista y compositor Andy Powell nació en Stepney, Londres, el 19 de febrero de 1950. A lo largo de su carrera profesional como músico no sólo ha demostrado ser uno de los guitarristas más influyentes de la escena británica, también ha conseguido mantener en pie toda una institución del rock con enjundia como es Wishbone Ash. A pocos días de que actúe en Madrid junto a sus compañeros de conjunto, Renacer Eléctrico le entrevista con la intención de saber más sobre esta banda insustituible.

Comencemos remontándonos a los años dorados de Wishbone Ash, a la etapa clásica. ¿Llegó a existir algún tipo de rivalidad con Ted Turner en aquellos días?

De hecho, no. Ambos disfrutábamos del estilo del otro. Realmente, y esto es algo que se extiende al resto de miembros en la banda, la prioridad esencial siempre fue el grupo y su música... A día de hoy sigue siendo igual. Entiendo que con dos guitarristas solistas sea común toparse con un choque de egos, pero para serte sincero eso no puede pasar en una formación como la nuestra. Es todos para uno y uno para todos. Siempre insisto en ello a la hora de referirme al acto de tocar la guitarra, uno debe ser caballeroso en su aproximación, podríamos decir.

Si no me equivoco, debiste ser uno de los primeros que salió tocando rock con una guitarra modelo Flying V. ¿Por qué la escogiste?

Fue un accidente. Necesitaba una nueva guitarra y me gustaban las Gibson. Requería de unas pastillas humbucker pues son de lejos las más silenciosas con las interferencias; igualmente me gusta el tono que producen. Por supuesto, había visto fotos del bluesman Albert King tocando el modelo Flying V, pero era algo remoto en mi memoria. Un día ocurrió que, estando en la londinense Denmark Street –calle en la que se encuentra el mayor número de proveedores de instrumentos musicales de la ciudad–, decidí hacer una visita a una tienda llamada Orange. Ellos vendían los amplificadores Orange que posteriormente pusimos de moda. Pues bien, el dueño, Cliff Cooper, había importado dos de estas Flying V de los Estados Unidos, y ese modelo no era tan popular en aquel momento. Aquellas dos guitarras, más concretamente, estaban todavía nuevecitas y sin haber sido tocadas, aunque para 1972 ya tenían cinco años de antigüedad. Estaban aún en sus cajas. Las probé las dos y quedé maravillado con su sonido, así que escogí una, tras lo cual terminé totalmente ligado a ella. Ya tenía un sonido vibrante único incluso antes de enchufarla a un amplificador. La compre por 300 libras y salí de allí sin poderme creer lo afortunado que me sentía. La Flying V se convirtió en parte de mi persona y el sonido distintivo que logré con ella, en la firma característica de mi estilo. Me divertía la forma de esa guitarra y, siendo un tipo delgado, me quedaba bastante grande... así que podía balancearla entre mis rodillas.

Pasemos a centrarnos en Argus, todo un LP de culto. Este disco contiene unas letras magníficas, ¿qué me puedes contar sobre el significado y los sentidos ocultos tras el citado álbum?

Mientras se escribían las canciones, caímos en la cuenta de que esa colección de ideas se estaba convirtiendo en una suerte de álbum conceptual. Nosotros, de hecho, necesitábamos música con un sentimiento grandioso, mayor, que encajase con los lugares más grandes en los que empezábamos a tocar, especialmente en Estados Unidos. Los conceptos en las letras pueden llevarte a través de cada canción y ser casi clásicos, al menos en lo que a sentimiento se refiere. Andábamos por entonces leyendo cosas como La Odisea de Homero, a Omar Khayyám e incluso La Biblia. Fue Martin Turner el que escribió la mayoría de los textos, y merece ser reconocido por ello; Steven Upton, nuestro baterista, apareció con el título del disco e Hipgnosis, el famoso grupo de diseñadores, dieron con la imagen del guerrero.

Las canciones tienen un sentimiento de lo que podríamos llamar “mundo-cansado”, la sensación de un guerrero que ha visto el mundo y ve que las lucha por la superioridad no es siempre justificable o necesaria. Por ejemplo, la canción “Throw Down The Sword” trata sobre hacer la paz. Pienso que las canciones reflejan la lucha por la que pasamos al intentar “lograrlo” en el negocio musical. En nuestra banda, esto es casi como el orden del día. Existe un anhelo y en ocasiones una melancolía en ciertas piezas, un sentimiento de suplantar el pasado con un nuevo paradigma. Hay también exuberancia de vez en cuando, como en la canción “Blowin’ Free” o en “Time Was”, como esa impaciencia por dejar que se marche el pasado. La música en esos dos temas concretos es muy optimista, como la mayor parte de aquella década lo era.

Salgamos por un momento de Wishbone Ash y acerquémonos a tu colaboración en el disco Ashes Are Burning de la agrupación progresiva Renaissance. ¿De dónde surge aquella aportación tuya?

Renaissance había abierto varios de nuestros conciertos en el Reino Unido y también estaban representados por Miles Copeland, como nosotros. Nos interesaba su estilo y viceversa; por ejemplo, su bajista tenía un sonido al bajo muy inglés, similar al de Martin Turner. Creo que incluso grabaron en el mismo estudio que usábamos en Londres, así que fue un bello cumplido que me invitasen para hacer un solo en una de sus canciones. De hecho, que la pieza tuviese ese “Ashes” en el título no hacía otra cosa que darle un nuevo punto de enlace a las dos formaciones. Resultó muy divertida la sesión y era casi como devolverles un favor anterior, ya que su teclista John Tout había tocado el órgano Hammond en nuestra canción “Throw Down The Sword”.

Wishbone Ash parece ser una de las pocas bandas que nunca se han visto envuelta en escándalos.

Bueno, es cierto, aunque para ser justos tampoco nos faltó nuestra ración de sexo, drogas y rock and roll. No hemos sido siempre los mejores modelos de conducta. El clima rondaba por estas trazas en general, por lo que supongo que nuestro comportamiento no destacó demasiado.

Cuando Laurie Wisefield militó en Wishbone Ash parecía como si los cortes clásicos estuviesen constantemente cambiando sobre el escenario. ¿Cómo se llegó a ello?

Siempre se le dio mucha libertad a cada nuevo guitarrista que se nos unía, intentando darle rienda suelta para que se expresase por sí mismo. Uno realmente desea que suceda así. Esos tipos no podrían haber estado en la banda de no ser por su personalísimo estilo. No soy de los que creen en los intérpretes que parecen tributar o querer copiar nota a nota todo como si fuesen esclavos. Las ideas y estilos frescos siempre se han puesto sobre la mesa de Wishbone Ash y, ciertamente, en el caso de Laurie así era. Hemos tenido seis o siete guitarristas en este grupo, trabajando conmigo y, por supuesto, es mi obligación el mantener los temas y el estilo de la música de la banda intacto... pero, eso sí, siempre ofreciendo el ángulo de visión que te entrega una interpretación fresca de esa misma música. No hay que olvidar que hemos sido un conjunto por más de cuarenta y tres años, así que este acercamiento es imperativo, al menos a mi entender.

Siendo en la actualidad el único miembro original de los Wishbone Ash, ¿tienes algún tipo de contacto con tus antiguos compañeros? ¿Con que frecuencia hablas con ellos?

Ted Turner ha aparecido cual invitado en un par de actuaciones de la banda, tanto en los Estados Unidos como en el Reino Unido, hace ya mucho tiempo. Con Laurie Wisefield hablo por vía e-mail y le he visto en directo recientemente formando parte de la banda de Tina Turner en su última gira. Llevo sin ver a Steve Upton desde hace más de treinta años, aunque nos llamamos muy de vez en vez. Y con Martin Turner lo mismo, llevo sin tener con él transacciones creativas desde finales de 1980.

Y siendo el único que se ha mantenido década tras década en el grupo, ¿cómo ves los cambios por los que ha pasado el proyecto?

Es inevitable que, si una banda se mantiene en funcionamiento durante mucho tiempo, terminen produciéndose ciertos cambios. Piensa en Deep Purple, Jethro Tull, Yes y demás. Las bandas de principios de los 70 son como equipos de fútbol: los jugadores cambian pero con suerte el carácter distintivo del conjunto se mantiene igual. Es nuestro acercamiento en este sentido, al menos. Naturalmente, los cambios en la alineación son arriesgados aunque no por ello dejan de ser extremadamente estimulantes. Como guitarrista y compositor, es genial para mí. No hay duda de que la agrupación actual es capaz de ofrecer interpretaciones mucho más amplias y completas que la antigua marca de Wishbone Ash... Para empezar, posiblemente seamos todos mejores instrumentistas.

Cuando no estás trabajando en la banda, ¿en algún momento te ha entrado morriña de la carretera y las giras?

En esta banda nunca he estado parado, no he dejado de trabajar en ningún momento. Hemos pasado por algunos años en los que las giras tenían menos de ciento cincuenta actuaciones, pero seguían siendo giras y nos seguían contratando. Es solamente que quizás en ocasiones uno no es consciente de ello. Pienso por ejemplo en conciertos en la Unión Soviética, Japón o la India, lugares en los que hemos estado tres veces.

Cual cierre de esta entrevista me gustaría saber si andas liado ya con nuevo material para un futuro CD.

De hecho, así es. Por el momento estoy trabajando un poco en nuevas ideas. Lo mismo podremos hacer alguna grabación para el verano de 2013. Es algo que me gustaría.

por Sergio Guillén

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