Virus invisible, por @Juandesola

Crecen las posibilidades de que más de 2,5 millones de la población española alcance, o más bien, cruce el umbral de la exclusión social. Los últimos datos conducen a ese riesgo de traspasar líneas rojas inexploradas para muchas personas que nunca pensaron llegar hasta el fondo del pasillo de la pobreza relativa. El impacto del Covid19 ha extendido la alfombra para que desfilen otras clases de crisis como la social o la económica.

El gobierno busca en el Ingreso Mínimo Vital (IMV) una fórmula para atenuar los efectos humanos de una depresión de dimensiones desconocidas. Al desempleo forzado se le añade la falta de recursos que proporcione una autonomía para acceder a lo más básico. Con esta medida se intenta minimizar la fábrica de pobreza en la que, poco a poco, se va transformado uno de los países del sur de la Unión Europea.

Resultan imborrables las imágenes de personas haciendo cola no solo para entrar en el supermercado, guardando turno para cumplir con las normas de seguridad y distancia social, sino para obtener alimentos a las puertas de alguna organización social que ha decidido echarse a la espalda la emergencia social de su barrio o comunidad.

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