Viaje a China de @albertina_navas: Parte 6

Parte 6: Un tip de la comida china: los gusanos son buenos para la piel

Almorzando con mis colegas en la oficina,
cada cual llevaba sus tarrinas y sus propios palitos

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Lo que entendemos por comida china, de china no tiene nada. El famoso Chop Suey es una invención gringa; el Chaulafán es una mala adaptación del arroz frito cantonés (chaw fan) y el Chaufarín, un riquísimo invento ecuatoriano. La verdadera comida china es un festival de sabores, texturas, olores, colores, mucho de ellos, que no hemos visto, olido, sentido ni saboreado jamás. 

Y, seguramente, habrán oído aquello de que "en China se come todo lo que se mueve". Es cierto. La lógica china es sencilla: “Los seres humanos somos animales, entonces si comemos la piel de un animal, será bueno para nuestra piel”... y esta lógica aplica a todo (y cuando digo todo es todo: al hígado, riñones, sesos, etcétera). Por eso, los chinos no hallan repulsivo comer ratas ni perros, porque son animales. En cambio, proponerles ir por una hamburguesa o un pollo frito con apanadura sí es una afrenta a su dieta. 


Lo curioso es que lo único inaceptable para ellos es comer grillos, por eso, les parece terrible que, en México, se coman los chapulines. ¿Por qué la excepción? Porque, en China, las peleas de grillos son una tradición de más de mil años y tanto o más popular que el fútbol.

Otra idea bien vendida en el mundo es: "Comida china, comida sana". También es cierto. La dieta china es rica en vegetales, proteínas y frutas, y el carbohidrato (arroz) es abundante, pero insípido, sin sal ni especies ni aceite. Sirve para matizar el sabor de las carnes y las salsas, que suele ser intenso. Con esto se entiende aquello de que no hay chino gordo, que es verdad. Si ven a un chino gordo en China, les aseguro que es porque come en franquicias occidentales. 


Se necesita manual de instrucciones para comer
Comer en China es siempre una aventura. Así que en una de mis expediciones incorporé unas frutas locales a mi desayuno. No había traducción al inglés. Se veían como moras aunque más grandes, rojas casi negras, de aspecto carrasposo y de un ácido agradable. Comenté esto en la oficina y alguien me preguntó si las estaba dejando reposar toda la noche en agua con sal para que salieran los gusanos. Nunca lo había hecho. Me quedé en shock... ¡qué asco! -pensé- y mis colegas creyeron tranquilizarme diciendo: “No importa, los gusanos son buenos para la piel”... (sin comentarios).


La hora de comer es sagrada. ¡Ese hábito quisiera importar de China! Es un momento para compartir en un entorno relajado. Nunca se habla ni de malas noticias ni de trabajo. El típico concepto occidental de desayuno o almuerzos de trabajo es de muy mal gusto. Por eso, en la oficina, se almorzaba conversando del Mundial de Fútbol, de la Expo Shanghai o de cualquier asunto light. 


La etiqueta también tiene otras lógicas en China, a veces inversas. La comida se comparte y se toma en pequeñas porciones del centro de la mesa y, en lugar de que la comida vaya la boca, la boca va a la comida. En la oficina, cada cual debía llevar sus tarrinas y sus propios palitos. Tampoco es una regla mantener la boca cerrada, así que la animada conversación que acompaña una comida se matiza con sonidos a los que los occidentales no resultan, por decirlo de alguna manera, extraños. Además, no hay orden entre lo dulce y lo salado ni tampoco entre entrada, plato fuerte y postre. Se sirve todo al tiempo. 


Los menús son auténticos libros
La diversidad gastronómica china es abrumadora. Nada de lo que hemos visto en nuestros países se compara. Por ejemplo, en los restaurantes de mi barrio chino, de 2 metros de frente y 10 de fondo, entregaban unas cartas (menús), que eran verdaderos libros de, mínimo, 200 páginas, solo en chino y sin fotos. Así que me tocaba tomar la decisión de qué comer al puro estilo 'de tin marín de do pingüe'. ¿Que si comí perro? Seguramente sí y nunca lo sabré. Yo creo que no solo comí perro sino rata y animales varios.


En esto de la comida, era una de cal y otra de arena. Una vez me invitaron a una especie de fondue chino, en el que repartieron tofu y varias carnes crudas. En los costados de la mesa, había ollas con agua en ebullición, con papas y cebollas. Entonces, cada cual insertaba su carne y la cocía en esa especie de sopa. Rico. Esa fue la de arena; pero la de cal fue un plato llamado Hot Pot. Es una olla gigante, que se pone en la mitad de la mesa, llena de aceite con algún colorante tipo achiote, con papas, salchichas y otras cosas, pero ¡picantísimo! Lo hicieron en la oficina un día de fiesta y, mientras todos disfrutaban, yo lloraba, me picaba la lengua y sentía que el pecho se me cerraba... horrible... neeeeext!!!

Crónicas anteriores:

Enlaces de interés:
Galería de fotos: Mi barrio chino


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