Viaje a China de @albertina_navas: Parte 4 - La llegada a la oficina, ¡qué estrés!

Parte 4: La llegada a la oficina, ¡qué estrés!

Con mis jefes, Sophia y Marvin Zhao, en la cena de bienvenida

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La empresa que gestionó mi pasantía me llamó, un día antes de ir a trabajar, para ofrecerme una inducción. Me recibieron con esta frase: "
El jefe es un gran señor. Debes tratarlo con profundo respeto, jamás
contradecirlo, nunca llamarlo por su nombre y solo obedecer". Y empezaron las reglas: no mangas cortas, no abusar del maquillaje, no llegar tarde, no... no... no... 
Y, para
rematar mi creciente ansiedad, me contaron que un extranjero que había llegado poco antes había desertado porque no pudo
tolerar los 'métodos de control' de su supervisor. Para salir corriendo...

Dos de mis colegas Sherry y Cristal

El día llegó. Era una mezcla de ilusión, miedo e incertidumbre. Toqué en las oficinas de la compañía  CEMU (Comercial Equipment Manufacturers Union). Era un apartamento pequeño, donde vivían los dueños de la empresa, había escritorios maltrechos y computadoras desactualizadas y, desde ahí, ocho jóvenes profesionales, en pantalones cortos y zapatillas, hacían contactos y resolvían la logística para exportar mobiliario de empresas de retail a 30 países. En su lista de clientes, constan los supermercados más grandes del mundo y las ventas superaban US$ 50 millones al año. (Nótese que eso, en China, es una pyme).

Cumplí las instrucciones al pie de la letra y, ¡oh sorpresa!, el jefe no era el venerable anciano que imaginé, era más joven que yo y, sin protocolos y cero estrés, me dijo: “Llámame Marvin”. Enseguida, Sophia, su esposa y directora de Comercio Exterior, igual de joven que él, me dijo en tono amable: "Deja tus zapatos a la entrada y usa sandalias, toma el té que quieras y después de almuerzo, puedes hacer siesta".

Nada coincidía con lo que me habían pintado, ¡por suerte!, así que me sentí cómoda y confiada. Mis colegas trataron de ser gentiles y me preguntaron muchas cosas en su escaso inglés. Pero lo que más me impresionó fue que la línea divisoria entre la vida laboral y personal de los Zhao estaba totalmente difuminada. Por ejemplo, el dormitorio máster de la pareja, en el día, se transformaba en la Gerencia General y, muchas veces, hallé ropa y accesorios personales de Sophia y Marvin cuando buscaba algún archivo.


En todo caso, eran buenas noticias. Esa era la China que quería conocer, la de esta nueva ola emprendedores con
ganas de conquistar el mundo, sin poses, con trabajo y olfato; la de estos
jóvenes arriesgados que a sus 30 tienen una visión tan amplia que aplican una
gestión más flexible y acumulan fortunas. Sin embargo, este naciente escenario aun no desplaza al
de aquellos grandes señores, acartonados, poderosos, quienes, en su momento acumularon -y siguen acumulando- riqueza sobre la
lógica de la mano de obra barata.


Se preguntarán, ¿a qué me dediqué ahí durante mis meses de estancia? ¿Cuánto ganaba? ¿Cómo se comportaban mis jefes y colegas? Materia de mi próximo post (incluidas las famosas siestas).



Crónicas anteriores:
Parte 1: Una bienvenida que de cálida no tuvo nada
Parte 2: Eso de comunicarse en China sin hablar chino es tenaz
Parte 3: No es ni chino ni inglés, ¡es Chinglish!


Enlaces de interés:
Galería de fotos: Mi barrio chino
Podcast: 'Hablemos de China' con @interdigi@ivanlasso y @albertina_navas 
Video: Aprendiendo a contar del 1 al 10 en chino, con las manos
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