Un sórdido asunto, por Javier Astasio



Lo primero que me viene a la cabeza después de leer cuanto he podido sobre la investigación abierta al ex ministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar a propósito de los presuntos malos tratos que, según ha denunciado ésta, sometió a su ex mujer, es que, sea cual sea la verdad, estamos ante un asunto muy sórdido.
Todos sabemos que, cuando en una relación de pareja, matrimonio o no, se acaban el amor o la amistad y cesa la convivencia, los puntos de vista sobre el otro cambian radicalmente, porque, como dijo la dibujante argentina Maitena, "la realidad es un efecto secundario de la falta de cariño" y lo que antes eran peculiaridades o, si me apuráis, rasgos del carácter pasan a ser defectos y defectos graves.
Pero, de ahí a someter a malos tratos a la pareja o denunciarlos falsamente ésta si no se han producido, media un mundo. Un mundo sórdido que, ahora, se va a abrir en canal ante los ojos y, lo que es peor, el morbo de la sociedad.
Y ese mundo sórdido, dada la condición de aforado de que disfruta el eurodiputado denunciado, va a desnudarse en el Tribunal Supremo, después de que un juzgado de Las Palmas, tras escuchar a las partes, decidiera, en lugar de archivarlo, enviar el asunto al alto tribunal. Es lo que pasa cuando los aforados, que en este país son tantos, deciden ejercer el privilegio que la ley les concede de ponerse a cubierto de la justicia ordinaria. Ahora, por ejemplo, los magistrados que se ocupen del asunto van a tener que indagar en la intimidad del que fue ministro de Justicia y al que, sin duda, habrán conocido personalmente.
En mi opinión, López Aguilar debería haber renunciado a su fuero, porque el asunto que le lleva ante la justicia no tiene nada que ver con el ejercicio de sus cargos pasados o actuales, salvo que, como el eurodiputado parece insinuar en sus comunicados la intención de su ex mujer sea la de perjudicar su carrera o amenazarle con causarle no sé qué daños en la misma. Y no sólo eso, para ello va a aportar el testimonio de personas de su entorno dispuestos a demostrar el daño y el sufrimiento que el asunto le está causando.
Lo cierto es que la denuncia, de confirmarse, es tan grave como para que López Aguilar sea apartado del partido y se vea forzado a dejar su escaño en Bruselas, algo que en hoy estudiará la comisión de garantías de su partido, dado el daño que, entre otras cosas, haría a la imagen del partido que quién puso su firma al pie de la ley integral contra la violencia de género fuese condenado con ella, aunque, pensándolo bien, tal cosa sólo hablaría de la grandeza del sistema y, de confirmarse lo denunciado, de las miserias del condenad.
Bien es verdad que la primera denuncia se retiró después de que la denunciante y su hijo mayor, de otra pareja, se retractaran en su testimonio, algo que no debería extrañarnos porque, por las razones que sean, ocurre, incluso en casos que terminan trágicamente. Pero lo cierto es que el asunto ya ha entrado en un punto de no retorno a partir del cual habrá qué dilucidar qué hay de cierto en las acusaciones de maltrato físico, perfectamente descritas en la denuncia, o psicológico, para que eso que llamamos "el peso de la ley" caiga sobre el acusado o, si se demuestran falsas, sobre la denunciante, porque este sórdido asunto ha alcanzado ya una trascendencia pública tras la cual uno y otra van a verse sometidos al escrutinio de todos y. lo que es peor, bajo la mirada morbosa de los medios que todos sabemos.


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