Un recorte sin plan, por @CarlosPenedoC

Análisis

Un recorte sin plan, por Carlos Penedo

Artículo originalmente publicado en Estrella Digital, 23-5-2013.

El Ministerio de Defensa, a los 17 meses del cambio de Gobierno, ha hecho pública al fin la esperada reprogramación de los programas especiales de armamento
En líneas generales se habla de un agujero financiero de 36.000 millones de euros que admite matices millonarios: parte ya se ha pagado, parte no se ha recibido y parte nunca se va a recibir. El problema es que los presupuestos del Ministerio tendrían que hacer frente a un desfase financiero anual de 2.000 millones de euros que ni tiene actualmente ni fue previsto cuando se tomaron las decisiones, confiados en un escenario expansivo que llegado el momento resolvería el problema.
Por una parte, un efecto que podría considerarse positivo de la gravísima crisis económica y del desplome de los ingresos públicos que vivimos es que ha puesto fin a las inercias de la guerra fría en materia de suministro de equipos y material para los ejércitos.
El largo plazo de negociación, concepción y desarrollo de los programas de armamento provocaron que en los últimos 20 años España se embarcara en un proceso de adquisiciones adaptado a un escenario geoestratégico ya desaparecido: el caza europeo Eurofighter, los carros Leopardo, las cinco fragatas transoceánicas de la Armada –o antisubmarinas, o las dos cosas-, responden a un teatro que no es el del 2013.
A título de recordatorio, los compromisos financieros de este ambicioso ciclo de adquisiciones se generaron con 16.000 millones de euros de los programas aprobados en la Legislatura 1996-2000 (fragatas F-100, Eurofighter y carros Leopardo); otros 10.000 millones de la Legislatura 2000-2004 (principalmente aviones de transporte A400, submarinos S80 y helicópteros de combate Tigre); y otros 5.000 millones en las dos últimas legislaturas entre 2004 y 2011 (con los helicópteros NH-90 como programa más costoso).
Las paradojas de la política sitúan a Morenés hoy como ministro de Defensa y en la segunda mitad de los 90 como Secretario de Estado, cuando puso en marcha el sistema de adquisiciones que ahora ha crujido.
Es positivo que el Ministerio de Defensa se haya decidido al fin a tomar medidas para resolver un problema más que financiero, también de gestión, de organización, de política de Defensa e industrial. Con ello no hace más que sumarse a lo ya han hecho países cercanos y aliados como Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, si bien todos ellos han suscrito acuerdos bilaterales o de cooperación con socio sinéditos por nuestra parte.
En nuestro caso, a la espera de las explicaciones del secretario de Estado o del propio ministro y del debate parlamentario, parece que hasta este momento se ha encontrado, quizá es lo que se buscaba, una respuesta casi exclusivamente contable.
En líneas muy generales, se reducen pedidos (tercera fase del Eurofighter, blindados Pizarro), se alargan plazos de entrega hasta después de 2015, se confía en la exportación nada menos que de la mitad de los A400 y el planteamiento “restablece la credibilidad ante nuestros socios europeos” y define “un escenario de optimismo” para la industria de Defensa a medio plazo, objetivos y logros estos últimos algo gaseosos.
Quizá la parte más positiva resida en el avance apenas esbozado hacia la centralización de la gestión en la Secretaría de Estado y la reducción de los órganos de contratación, los pasos hacia una agencia de adquisiciones que profesionalice el control de los programas y acabe con la dispersión actual de esfuerzos y responsabilidades entre servicios centrales del Ministerio, ejércitos y empresas.De la información facilitada por Defensa se traduce un esfuerzo de ingeniería financiera para reducir el impacto de estos programas en el déficit público, aplanar la curva de pagos y estabilizar unos compromisos por ejercicio de alrededor de 1.000 millones de euros, que tampoco podrían pagarse con el presupuesto ordinario del Ministerio, lo que requeriría nuevos créditos extraordinarios a mitad de año como sucedió en 2012.
Para llegar a este punto, en el año y medio transcurrido del actual Gobierno se han debido celebrar negociaciones a nivel internacional que han llevado a reducir los compromisos multinacionales firmados sin penalizaciones; negociaciones con los tres ejércitos porque presumiblemente van a ver reducido el control que hasta ahora tenían sobre los programas; negociaciones también con la industria, muy dependiente del Estado como cliente (Defensa e Interior) y abocada quizá ahora a financiar al Estado mediante el aplazamiento de pagos, en devolución de la generosa financiación a coste cero del propio Estado durante las últimas dos décadas. Sería del máximo interés conocer el proceso y los detalles de las negociaciones que han precedido a las medidas presentadas.
A la espera de los detalles, se ha completado el ejercicio de ingeniería presupuestaria de cuadrar unas cuentas que no soportaban el ritmo de los compromisos de pago.
Pero la Defensa supone mucho más que un ejercicio contable. Junto con los números se deben explicar las repercusiones sobre el empleo que tendrá la reprogramación anunciada, empleo importante por su volumen y aún más por su cualificación profesional; la incidencia sobre las capacidades industriales y tecnológicas que nuestro país ha logrado en las dos últimas décadas y cuáles se consideran irrenunciables; la adecuación de las capacidades militares a los riesgos que las justifican; una política industrial asociada a la Defensa; una política de Defensa asociada a la Exterior.
Parece claro que la crisis, y la necesidad de reformar instrumentos de gestión probablemente ineficaces antes incluso de la crisis, requieren medidas contables.
Pero la dimensión del reto obliga a una actuación de mayor coherencia, similar a la realizada en otros países como Reino Unido, donde se puso en primer plano una nueva estrategia nacional de seguridad, de la que derivar una estrategia de Defensa, priorizando riesgos y necesidades, y finalmente una revisión del gasto y los recortes y acciones relacionadas con los medios necesarios para cumplir lo anterior.
Aparentemente el proceso seguido aquí es inverso. La parte contable se impone a la estratégica a la que debe servir.

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