Un Gobierno a la sombra, por Javier Astasio



No quiero ni imaginarme cómo lo estarán pasando quienes se mueven en el entorno de la cazadora de talentos, pero siempre se ha dicho que "sarna con gusto no pica" y quien elige al amo, elige también su humor y sus palos. Así que pena por ellos, la justa, pero reconozco que debe ser duro bregar con un personaje acostumbrado, como lo está la condesa, al "ordeno y mando", desde  el ayuntamiento, el ministerio de Educación con Aznar, la presidencia de la Comunidad de Madrid o el partido.
Ejercer el poder desde hace más de treinta años, para quedar en simple jefa y portavoz de la oposición en un ayuntamiento, por mucho que ese ayuntamiento sea el de Madrid, debe ser muy duro, deben ser muchas las horas que le sobran al día y muchos los actos a los que ya no se la invita. Y, claro, el día se hace largo y los dedos huéspedes en la espera, fuera de los auténticos círculos del poder, que son los que manejan presupuesto.
Quizá esa espera lleva a un ser tan impulsivo como la condesa, que últimamente no da una, a cometer errores de bulto, errores que pueden acabar llevándola a un final de carrera plácido y pueden dejarla en el más sórdido de los ostracismos. Que la condesa es ambiciosa, muy ambiciosa, no es un secreto y que esa ambición puede llegar a cegarla, tampoco lo es. De hecho, después de su salida precipitada del despacho de la Puerta del Sol, para no comerse en primera línea marrones tan personales como el del penoso bluff de Eurovegas o los coletazos de la operación púnica que han llevado a prisión  a su mano derecha, Granados, a otro de sus consejeros, Salvador Victoria, y a algún otro alto cargo de sus gobiernos.
Forzada por esa necesidad de ponerse a cubierto, Esperanza Aguirre, aceptó el regalo envenenado de la candidatura a la alcaldía madrileña. Envenenado, porque, de haber ganado, hubiese tenido que dejar la presidencia del PP madrileño, y porque, de haber sido, como ha sido, derrotada, con la sangría de votos que lo fue, su prestigio de máquina de ganar elecciones se ha venido abajo, y ya se sabe que a nadie le gusta el olor de la derrota. Tan poco como a ella le gusta haber tenido que dejar la rutina de los micrófonos y las ruedas de prensa más que semanales.
Probablemente fue por eso por lo que intentó el asalto de la presidencia nacional con un golpe de mano desestabilizador, anunciando la convocatoria de un congreso adelantado en el PP de Madrid, previo al Nacional que debería revalidar el liderazgo de Rajoy, al que más que probablemente acabaría presentando su candidatura, después de haber dejado sin lucha, la del PP madrileño. Pero se le fue la mano en la guindilla y la reacción del aparato nacional fue tan rápida como rotunda, negándole la capacidad estatutaria para hacerlo, de modo que a la condesa le esperarían una larga temporada lejos del protagonismo que tanto le gusta y, con toda seguridad, sin una Telemadrid a su servicio.
Quizá por eso se inventó este fin de semana ese "gobierno en la sombra" para el ayuntamiento de Madrid que se encargará de seguir todos y cada uno de los pasos de los recién llegados, supongo que para contraprogramar sus iniciativas y seguir metiendo la cuchara en el caldo de los medios en el que tanto le gusta chapotear. Curiosa iniciativa, la de vigilar desde la sombra al gobierno municipal. Curiosa, partiendo como parte de quien fue incapaz de vigilar su propio gobierno, del que un vicepresidente, Granados, ya está a la sombra a la espera de juicio y a unos cuantos más les espera el banquillo de los acusados.
Eso, por no hablar de otros dudosos personajes que, como el joven Nicolás, un cachorro del PP dado a actuar de conseguidor, chantajista y "mamporrero", se han movido en el entorno del partido que aún preside. Y quien no me crea que repase la oportuna foto con que se ilustra esta nota.


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