Un breve resumen del fantástico modelo de negocio de la televisión por cable, por Joan Anglada (@themoneyglory)

Comcast, Charter Communications, Mediacom o Cable One, son algunas empresas que forman la industria de la televisión por cable de Estados Unidos. Suelen ser noticia por las grandes operaciones corporativas el sector, pero también por las demandas y quejas a su mal servicio, alimentadas por su posición de monopolio.

Su situación privilegiada y las economías de escala de sus operaciones son las ventajas competitivas clave que configuran una buena inversión.

Los pioneros del cable nacieron y crecieron tras la Segunda Guerra Mundial. Con la popularización de la televisión, los nuevos empresarios de las comunicaciones llenaban los huecos dejados por las grandes corporaciones del entretenimiento en las regiones rurales. Allí donde las ondas de retransmisión no llegaban, había un “cowboy” dispuesto a lanzar el cable.

El modus operandi de un emprendedor que quería empezar en la industria del cable, invertía un dineral propio en grandes antenas receptoras y un sistema de cableado que llegaba a cada hogar. Era el modo que las casas de la Norteamérica profunda tuvieran una ventana al mundo televisivo, previa suscripción. Mediante el cable, un hogar podía tener acceso a las redes de televisión que emitían desde Los Angeles o Nueva York.

Entre los pioneros del cable encontramos a TCI, fundada en el año 1968 por Bob Magness y dirigida más tarde por el magnate de las comunicaciones John Malone, o Comcast, que fue creada por la família Roberts en el año 1963.

Els peros y contras de la televisión por cable

La dinámica del modelo de negocio no ha cambiado mucho desde que nacieron estas empresas. Pero si que lo ha hecho la tecnología, la oferta de servicios y la composición de los participantes del mercado de las comunicaciones.

La propuesta de valor fundamental para un cliente del cable son los canales de televisión que ofrece. Esto depende de la red de televisión (broadcasting) con quién está asociada la empresa. ABC-Disney, NBCUniversal, Fox Entertainment, Turner Broadcasting System, Viacom Media Networks son algunas de las propuestas, con su oferta de canales como MTV, Cartoon Network o HBO.

Para cada empresa de cable, disponer de canales de contenidos es un tour de force constante. La audiencia pide deportes, cine, espectáculos – la ceremonia de los Oscar, por ejemplo -, por lo que las redes nacionales aumentan sus cuotas. Sobre todo cuando saben cuál es su audiencia potencial y el número de suscriptores que tiene cada distribuidor por cable.

Hasta los años 80, el entendimiento con las redes de contenidos de Turner, o de Rupert Murdoch, era el principal dolor de cabeza de los operadores de cable. Esto, junto con la inversión tecnológica y la renovación de las concesiones municipales para poder retransmitir.

El dominio de los mercados locales permitía registrar unos buenos márgenes de explotación. A cambio, debían seguir las leyes municipales, las estatales y las reglas de la Comisión de Comunicaciones Federal. Esta organización obliga a los operadores destinar una cuota de canales específicos para las televisiones locales, públicas y educativas. Es lo que se conoce como must-carry y está pensado para favorecer la competencia del mercado.

Hay ocasiones donde el coste de oportunidad del must-carry es demasiado alto para un operador. Supongamos que un operador de cable tiene la disyuntiva de escoger entre el canal Nickelodeon de Bob Esponja o la estación de televisión local. No puede escoger los dos, ya que el número de canales es limitado. Para evitar retransmitir por obligación la segunda opción, tiene la posibilidad de pagar a los propietarios de la estación local y ofrecer los dibujos animados. Comparado con los ingresos potenciales de la audiencia infantil, el coste que le supone es mínimo.

Por otro lado, este es uno de los motivos porqué las actividades de la estaciones locales de televisión son tan lucrativas. Sólo para entrar en competencia con un operador de cable ya tienen el derecho a cobrar un cheque a fin de mes.

A partir de los 80, gracias a la programación de canales como HBO o MTV, las grandes corporaciones se interesaron por el mundo del cable. Como explica Mark Robichaux en el libro “Cable Cowboy”, la biografia de John MaloneTime Inc, General Electric, American Express y Westinghouse invirtieron en la audiencia de Boston, Chicago, Milwaukee y Pittsburgh.

La amenaza de los grandes conglomerados estubo acompañado por la diversificación de la oferta de la distribución, a través de la fibra óptica (AT&T), satélite (Dish Networks). Y, en los últimos años, Internet (Netflix). Para compensarlo, los operadores han invertido en sus aparatos y comunicaciones, para ofrecer un gran abanico de oferta de contenidos, acompañados de servicios de telefonía y, por supuesto, acceso a Internet.

Esto también ha implicado la transformación empresarial, para fortalecer las compañías frente los proveedores y minimizar los costes operativos. A través de fusiones y adquisiciones, el sector ha quedado reducido a una pequeña lista de nombres que controlan el mercado. La última operación fue la adquisición de Time Warner Cable por Charter Communications, que le posición en la segunda lista del sector, detrás de Comcast.

Queda muy lejos la época de los emprendedores que hipotecaban la casa para lanzar un cable en el pueblo. Ahora es un espacio para multinacionales, que con más burocracia y glamour, su objetivo sigue siendo el de mantener el espacio que consiguieron los primeros pioneros de la industria.

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