Ucrania contiene el aliento, por @CarlosPenedoC

Europa y Rusia miden su influencia en territorio políticamente explosivo. La calle sobrepasa el acuerdo entre líderes

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Ucrania vive un proceso político revolucionario que aún no ha sido bautizado. Si medios de comunicación y expertos en márquetin político aún no han logrado imponer un nombre es porque la situación es dinámica y confusa. Encontramos una fuerte frustración popular que pide participación política y desarrollo económico. Podemos sumar la expansión acelerada de la Unión Europea hacia el Este. Fuentes diplomáticas españolas auguran malos presagios: la UE no podrá mantener el pulso, Rusia se siente fuerte y la calle está lejos de calmarse. Madrid, Bruselas y Kiev están más cerca de lo que parece.
Tras varios días con la capital incendiada, el presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, anunció el pasado viernes la convocatoria anticipada de elecciones para este mismo año, un Gobierno de concentración y la vuelta a la Constitución de 2004, tras un acuerdo con los líderes de la oposición parlamentaria que parecía calmar momentáneamente los violentos incidentes. En pocas horas se pasó de la represión violenta de protestas violentas, con la amenaza muy cierta de utilizar el ejército, a la ausencia de fuerzas de seguridad incluso en la protección de edificios oficiales en Kiev.
En menos de 24 horas la realidad superó el acuerdo: el Parlamento decidió el sábado la destitución del presidente, elecciones en mayo, liberación de la ex primera ministra encarcelada, el nombramiento de nuevo presidente del Parlamento y de nuevo jefe del Estado en funciones hasta las elecciones.
La Unión Europea (con protagonismo en Twitter de Reino Unido, Alemania y Polonia), el FMI y EE.UU, garantes del acuerdo pulverizado del viernes, se han apresurado a validar la nueva situación del país. Rusia acusó el sábado a la oposición de incumplir lo firmado y calla desde entonces. La responsable de política exterior de la UE, Catherine Ashton, tiene previsto viajar este lunes 24 a Kiev.

Datos

A los 25 años de la caída del muro de Berlín, Ucrania presenta unos indicadores socioeconómicos frustrantes, directamente relacionados con la frustración política. Son 45 millones los ucranianos con una renta per cápita de 7.000 dólares (España, 30.000). La independencia política desde 1991 no se ha traducido en progreso económico y social.

Factores internos

En el ámbito interno, podríamos situar como primer factor de influencia en las últimas revueltas la necesidad de reformar un sistema político con carencias democráticas y excesos oligárquicos. Un segundo factor interno es la fragmentación de los partidos y líderes opositores y su conexión imperfecta con los ucranianos movilizados en la calle.
Resulta curioso comprobar que el régimen oligárquico, autoritario y corrupto de febrero de 2014 era exactamente el mismo con el que la Unión Europea iba a firmar un acuerdo de asociación y libre comercio en noviembre de 2013, finalmente aparcado por Kiev.
Las injerencias externas, en todo caso, siempre se apoyan en diferencias internas, que existen.

Actores
Escudo del Dinamo de Kiev.

Víktor Yanukóvich,  presidente de Ucrania tras ganar las elecciones de 2010. En paradero desconocido.
Yulia Timoshenko, primera ministra entre 2007 y 2010, encarcelada desde hace dos años y medio por supuesto abuso de poder en la compra de gas a Rusia, excarcelada el sábado. Es posiblemente el líder de la oposición más carismático, aunque muchos de los manifestantes en la calle no se sienten representados por nadie.
Alexandr Turchínov, número dos del movimiento político de Timoshenko, elegido nuevo presidente del Parlamento y presidente en funciones del país.

Europa

La Unión Europea está mostrando sus limitaciones como pista de aterrizaje para las transiciones democráticas en la Europa del Este. El modelo de una Unión en proceso continuo de ampliación, hoy ya con 28 miembros, se tambalea. Nada menos que once países de ese área geográfica oriental se han integrado en la UE en las tres últimas ampliaciones, las de 2004 (Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia y República Checa), 2007 (Rumania y Bulgaria) y 2013 (Croacia). Fuentes diplomáticas españolas señalan que la presión de los nuevos socios (con historia y rencillas con Rusia), sumados los intereses comerciales de otros Estados miembro, han dado como resultado una acelerada y agresiva política de vecindad hacia el Este (no comparable con la seguida hacia el Mediterráneo), amenazando directamente los intereses rusos.

Violencia

Incidentes en Kiev el día 20 (Foto GTRES).
Junto a 85 muertos y 645 heridos en las revueltas de la semana pasada, la presencia en ambos bandos de francotiradores, que recuerdan a escenarios como Sarajevo, no se acerca a la imagen tópica ni del europeísta ni del euro escéptico. Nadie parece acordarse hoy del supuesto origen de las últimas revueltas en noviembre con el rechazo de Yanukóvich a firmar con la UE un acuerdo de libre comercio, desactivado por una oferta de Rusia de apoyo económico (11.000 millones de euros) y bajada de los precios del gas difícil de igualar. Desde entonces el régimen y la calle se han radicalizado, y la oposición moderada se ha visto cada vez más tapada por movimientos de extrema derecha con peticiones maximalistas y uniformidad paramilitar inquietante. Los manifestantes piden que todos los responsables de lo sucedido pasen por los tribunales.

Defensa

Yalta, a orillas del Mar Negro, donde Stalin, Churchill y Roosevelt se reunieron en 1945 para rematar la Segunda Guerra Mundial (reparto de Alemania, compensaciones de guerra, embrión de Naciones Unidas), es territorio ucraniano. En Sebastopol, también Crimea y también Ucrania, la Armada rusa tiene una base naval sede de su flota del Mar Negro, continuidad de instalaciones similares desde la época de los zares. Desde el punto de vista militar-estratégico, Sebastopol sería para Rusia lo que la suma de Nápoles-Rota-Morón para Estados Unidos, la principal plataforma de su despliegue naval y aéreo en el Mediterráneo. Entre 1991 y 1997, la flota del Mar Negro tenía el carácter de flota unida de Rusia y Ucrania; luego se han firmado una serie de acuerdos que arriendan la base naval a Rusia hasta 2035.
Hablando de Defensa es imprescindible mencionar el despliegue del escudo antimisiles de Estados Unidos-OTAN, que además del componente naval en Rota prevé la instalación de radares y misiles en Rumanía y Polonia, un movimiento recibido por parte rusa con no disimulada hostilidad. El secretario general de la OTAN ha reiterado en los últimos días su llamamiento a que el ejército ucraniano no intervenga en la crisis política y mantenga su neutralidad.
Otro apartado interesante desde el punto de vista militar, por insólito, es la renuncia por parte de Ucrania al armamento nuclear que heredó de la URSS. Con posterioridad de la disolución de la Unión Soviética en 1991, Ucrania se sumó a Kazajistán y Bielorrusia en eliminar las armas nucleares restantes en sus países y adherirse al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares en 1994. En los dos años siguientes Ucrania eliminó todos los silos para misiles balísticos intercontinentales y aproximadamente 5.000 municiones nucleares, incluidas 2.000 de alcance estratégico, misiles de crucero de largo alcance y bombarderos estratégicos aún presentes en su territorio. En 2010 decidió deshacerse también de sus reservas de uranio altamente enriquecido.

Rusia

Moscú está viviendo un resurgir político y diplomático que concuerda con una economía en expansión durante la última década, y un ejemplo es su protagonismo en la guerra civil de Siria y en Oriente Próximo. Para Rusia, Ucrania es más que un socio estratégico, comparten lazos culturales, históricos, familiares, económicos, que van a impedir una fácil penetración europea hasta la frontera rusa.
Tanto en la OTAN como en la UE existen países poco sensibles a la necesidad de mantener unas buenas relaciones con Rusia, económicas y de seguridad. España sí es partidaria.
Rusia impulsa un espacio económico común –Unión Económica Euroasiática- con países como Bielorrusia, Kazajistán y Armenia, en el que pretende incluir a Ucrania y que contempla una unión aduanera incompatible con la pertenencia simultánea o un acuerdo de asociación con la UE.

San Cirilo
Santos Cirilo y Metodio en icono ruso del
siglo XVIII (Wikimedia Commons).

Quien llegó a ser bibliotecario de la basílica de Santo Sofía en Constantinopla y su hermano Metodio son responsables de la expansión del cristianismo entre los eslavos allá por el siglo IX, evangelización especialmente intensa en Crimea y la Gran Moravia, primer imperio centroeuropeo. A Cirilo y Metodio se les atribuye la creación del primer alfabeto de las lenguas eslavas para traducir la Biblia, escritura que derivó pronto en la que llamamos en su honor cirílico, derivado del alfabeto griego con elementos del hebreo. Los dos hermanos están canonizados por la Iglesia Ortodoxa y por la Iglesia Católica, su fecha de nacimiento es fiesta nacional en algunos países y Juan Pablo II los elevó a la categoría de Patronos de Europa (sólo hay seis reconocidos con el título).

Euromaidán

El intento más serio de etiquetar lo que sucede en Ucrania ha sido con este término, que hace referencia tanto al movimiento opositor como al lugar de encuentro, a las aspiraciones de acercamiento a la UE y a la plaza (maidán) de la Independencia de Kiev, centro de las protestas. Resulta que la tal maidán sintetiza la complejidad o riqueza, según se mire, de la historia ucraniana, historia mestiza y cruzada de culturas.
Maidán significa plaza en ucraniano, idioma que cogió el término del turco y éste del árabe, que sigue utilizando la palabra en la actualidad. El centro geográfico y metafórico de las movilizaciones políticas de Ucrania usa una palabra que se pronuncia igual y con el mismo significado en tres alfabetos distintos, cirílico, latino y árabe.
Europa occidental más la multinacional anglosajona (es decir, lo que venimos en llamar Occidente) viene largo tiempo alarmando sobre el peligro de desmembración de cualquier entidad política que tiene un conflicto: Irak, Líbano, Siria, Libia, ahora Ucrania. Quitando la división violenta de la antigua Yugoslavia y la pacífica de Checoslovaquia, las unidades estatales continúan cohesionando sensibilidades culturales y políticas diferentes en Bélgica, Reino Unido, España y muchos otros países con fuerzas centrípetas.
La historia de Ucrania y de la mayor parte de los países muestra que la convivencia de grupos étnicos (culturales) distintos en una misma entidad política es norma, no excepción. Ni a la Unión Europea ni a Estados Unidos –tras tensar la cuerda hasta límites poco recomendables- ni a Rusia les interesa seguir forzando las diferencias internas en Ucrania hasta el estallido de un conflicto civil imprevisible en el corazón de Europa. Probablemente la solución está en una calle hoy fuera de control. Como en otras latitudes, echar a Yanukóvich ha sido más fácil que construir lo que venga.


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