Tropas a Irak: el Congreso autoriza sin debate, por @CarlosPenedoC

Una década después de la invasión del país, el Gobierno consigue sin dar muchas explicaciones el permiso del Congreso casi por unanimidad para enviar 300 militares españoles a Irak 

Carlos Penedo. Artículo publicado originalmente en Estrella Digital.
Militares españoles en Irak en 2003 (Foto: Ministerio de Defensa).
Una intervención de un cuarto de hora escaso ha bastado al ministro de Defensa para conseguir la autorización del Congreso al envío de tropas a Irak: 313 votos a favor, 11 en contra y 14 abstenciones (las dos últimas de Izquierda Plural y Grupo Mixto).
Pedro Morenés no ha aportado apenas detalles a la nota del Consejo de Ministros que aprobó la decisión el pasado 10 de octubre, en la que además respondió a algunas preguntas en la comparecencia de prensa posterior. La Ley de Defensa de 2005 obliga al Gobierno a cumplir el trámite de pasar por el Parlamento.
España enviará un contingente de 300 militares en el marco de la coalición internacional de lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico en la que participan 22 países aportando capacidades a distinto nivel.
El contingente español se repartirá entre una veintena de oficiales en los cuarteles generales en lugar aún por definir, una unidad de operaciones especiales con 96 militares para adiestramiento del ejército iraquí, otros 95 instruirán por su parte contra artefactos explosivos improvisados y desminado, campos donde España tiene experiencia; más otros 80 dedicados a mando y control, inteligencia y protección de los anteriores.
La información adicional aportada por el ministro es que el envío se producirá hacia finales de año o principios de 2015 y que se instalarán en suelo iraquí (“desarrollarán su labor en y para Irak”), porque existían dudas sobre su localización por la violencia diaria que vive el país. Se presupone que se ubicarán al sur, teniendo en cuenta que el norte de Irak está parcialmente ocupado por el Estado Islámico y los coches bomba castigan la misma capital Bagdad, con más de 200 muertos en una semana.
Morenés ha indicado también que se calcula un coste de 35 millones de euros para los primeros seis meses, con el despliegue incluido.
El ministro de Defensa no ha contestado a ninguna de las dudas y cuestiones planteadas por los grupos de la oposición, se ha limitado a coger el micrófono al final desde su escaño durante 20 segundos, en los que ha señalado que “no puedo informar de lo que desconozco”, lo que indica que la operación aún tiene muchos flecos por cerrar. Ante la ausencia de réplicas, lo sucedido este miércoles en el Congreso no se puede calificar de debate, sino una sucesión de intervenciones.
Todos los diputados que han tomado la palabra, excepto la portavoz del Grupo Popular, han hecho referencia a la invasión de Irak en 2003 como una de las causas principales del actual caos iraquí.
Aunque hace dos viernes Morenés señalaba que no tenía temor a la comparación de este envío de tropas con el del Gobierno Aznar (“ninguno”, dijo), sí ha mostrado interés especial en destacar la legitimidad del actual envío de tropas: la petición expresa del Gobierno iraquí a Naciones Unidas con dos cartas, las resoluciones 2169 (de julio) y 2170 (de agosto) del Consejo de Seguridad, la segunda enmarcada en el Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, que contempla el uso de la fuerza; más una resolución del Parlamento Europeo del 18 de septiembre.
El ministro ha hecho alusión a que Irak es un país que no conoce la estabilidad desde 2003 y que se retiró el apoyo militar internacional demasiado pronto, en referencia no clara a la retirada de Estados Unidos a finales de 2011 o a la española en 2004.
En relación con el grupo terrorista Estado Islámico, Morenés si ha concretado la peligrosidad, hablando de genocidio y una cuádruple amenaza: la desestabilización de todo Oriente Próximo y Medio, la principal reserva energética del planeta; la posible expansión por todo el Mediterráneo y África; el peligro de ciudadanos occidentales combatientes que regresen a su país de origen a cometer atentados; y la amenaza directa sobre España y el sistema de derechos y libertades que disfrutamos.
Ha indicado también la extensión de esta nueva amenaza autodenominada Estado Islámico, que según su interpretación ambiciona conquistar desde Islamabad (Pakistán) a Dakar (Senegal), y desde Estocolmo (Suecia) a Bangui (República Centroafricana), con lo que el ministro ha dibujado un área que abarca tres continentes y 81 millones de kilómetros cuadrados (el equivalente a 160 veces España).
Las dudas no aclaradas por el Gobierno han girado en torno al uso de las bases de Morón y Rota por Estados Unidos, la estrategia a largo plazo en Irak de la coalición internacional, militar y política; se ha pedido un mayor compromiso español en ayuda humanitaria; se ha preguntado sobre las capacidades de las Fuerzas Armadas en esta época de recortes presupuestarios.
El portavoz del Grupo Socialista, Diego López Garrido, ha mostrado el apoyo de su grupo al despliegue, siempre que no realicen acciones de combate, descartadas por el ministro. El diputado ha insistido en la necesidad de evitar la identificación de este terrorismo con 1.600 millones de musulmanes; y ha reclamado a la coalición una estrategia política que ayude a medio plazo a resolver el conflicto. López Garrido ha mencionado a Rusia e Irán como dos países que habría incorporar a la alianza contra el grupo terrorista.
Encuentro entre Pedro Morenés y Chuck Hagel en el
Pentágono el 18 de octubre (Foto: Ministerio de Defensa).
El portavoz ha pedido al ministro el compromiso de acudir al Parlamento regularmente para informar sobre el desarrollo de la misión y ha solicitado también información sobre los acuerdos alcanzados por Estados Unidos para incrementar la utilización de las bases de Morón y Rota para esta operación y también en la lucha contra el ébola, cuestiones todas que han quedado sin respuesta.
El ministro realizó la semana pasada una gira por Estados Unidos que le llevó al cuartel general de la coalición en Tampa (Florida) y permitió una entrevista con el secretario de Defensa norteamericano.
En la nota del Pentágono que hacía referencia a la reunión entre los dos ministros, el secretario Hagel agradecía a Morenés “la hospitalidad continuada (de España) al acoger a las fuerzas armadas de Estados Unidos y a sus familias en Morón y Rota”, se valoraba también el apoyo español en sus esfuerzos contra el ébola en el oeste de África, que implícitamente hace referencia también a un mayor uso de las bases. Finalmente, el departamento de Defensa de EE.UU. agradecía, sin detalles, la intención de España de participar en la coalición contra el ISIL, como se refieren los anglosajones y casi siempre el ministro al grupo Estado Islámico.
Con ésta de Irak, el Gobierno presidido por Mariano Rajoy ha aprobado, y el Congreso autorizado, cinco misiones. En la actualidad España tiene 1.816 militares en el exterior, principalmente en Líbano, Afganistán, Somalia, Malí (con un destacamento aéreo de apoyo en Senegal) y República Centroafricana (con otro destacamento aéreo en Gabón).
En la sesión parlamentaria de este miércoles ha estado presente el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, hablando casi constantemente por teléfono y de charla intermitente con el director del Gabinete del Presidente, Jorge Moragas.
García Margallo es de los pocos que se ha quedado en el hemiciclo tras finalizar el debate previo, dedicado a los Presupuestos Generales del Estado de 2015, con todos los escaños y el Gobierno al completo que en cuestión de minutos se ha vaciado hasta el 20% del aforo, y al final han regresado todos de nuevo para votar. Las conversaciones, rumores, subidas y bajadas de los diputados hacían difícil en ocasiones escuchar al que tenía la palabra, que parecía dirigirse al Diario de Sesiones más que a los escasos y dispersos presentes en la sala.
Las últimas intervenciones del debate de presupuestos hablaban de levantar a un país de sus cenizas, tarea realmente difícil, en opinión del portavoz del Grupo Popular, diputado Gallego. El ministro Montoro cerró su intervención haciendo referencia a “la salida de esta crisis económica que estamos superando, tras años de una durísima travesía del desierto”, y presumía de ser “hoy líderes en el crecimiento económico y la creación de empleo” a nivel internacional. Se referían a España.

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