Tregua con deberes, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

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Lo que España vive con el gobierno de la Unión es una relación de amor-odio terrible. Ayer, en pleno pánico, con la prima de riesgo en los 540 puntos básicos, Olli Rehn -comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios- se puso a desgranar todas las debilidades de la economía española. Acto seguido volvió a convertirse en el doctor Jekyll, tendió la mano y propuso aplazar el cumplimiento del 3% de déficit público un año más, hasta 2014. Aplazamiento, sí, pero con más deberes. No fuéramos a pensar que el año de tregua nos iba a salir gratis.

Primero: la Unión Europea odia nuestro IVA y lleva años queriendo que lo reestructuremos. ¿Por qué? Porque existen demasiadas exenciones y dos tipos de IVA especial, el reducido (8%) y el superreducido (4%), que se aplican demasiado a menudo. ¿Tanto? Eso parece. Las exenciones y tipos reducidos hacen que la recaudación sea sólo del 42% de lo que podría llegar a ser.

Segundo: las pensiones. ¿Qué pasa con ellas? Que con una tasa de paro del 25% dentro de diez años nos vamos a encontrar con una masa de jubilados que la población activa va a ser incapaz de mantener. [Conviene recordar que, en España, los impuestos de hoy pagan las pensiones de hoy, y que existen otros modelos]  La anterior reforma era buena -siempre según la UE- pero puede que sus efectos tarden demasiado tiempo en llegar. Por ello pide que nos jubilemos más tarde y que se acaben las prejubilaciones.

Tercero: el paro. Si en el resto de Europa se llevan las manos a la cabeza con tasas del 10%, es normal que, con la nuestra, alucinen en colores. Ven bien la reforma laboral, pero piden “revisar las políticas activas de empleo e intensificar sus vínculos con las políticas pasivas“. ¿Y esto qué quiere decir? Que hay que ayudar más al parado a la hora de buscar trabajo. ¿Y por qué ayudar en cursiva? Porque las políticas pasivas son el ‘cobrar el paro’ de toda la vida. ¿Y qué puede ayudar, a través de las políticas pasivas, a encontrar empleo? ¿Retirarlas? ¿Obligar a los desempleados a hacer algo para poder cobrarlas? Quién sabe. Lo que está claro es que cada vez está más cerca el fin de ese deporte nacional tan arraigado: cobrar el paro sentado en el sofá de casa.

Hay más, pero estas tres son las fundamentales. En definitiva: políticas clave dictadas desde fuera. Conociendo esto, ¿todavía alguien se atreve a decir que España no está ya intervenida?

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