Trabajo sucio, por Javier Astasio



Los que seguís este humilde blog conoceréis de sobra, porque la habréis leído en más de una ocasión, mi opinión a propósito del papel que han jugado y juegan los medios de comunicación en el camino que nos ha traído hasta el lugar en el que estamos hoy, tanto política como económicamente, un papel que, ante todo, ha consistido en el "ninguneo" de aquellos actores sociales, especialmente partidos de la izquierda, pero también sindicatos que han sido críticos con el poder económico o con los partidos, PP y PSOE o PNV y CiU en su ámbito, que se han revolcado con él.
Afortunadamente, en los últimos años las nuevas tecnologías han propiciado la circulación alternativa de toda esa información, también alternativa, que nos ha permitido conocer la realidad que o bien se nos maquillaba o, directamente, se nos ocultaba. Fueron las nuevas tecnologías, sobre las que se han asentado las redes sociales, las que nos han permitido expresarnos al margen de todos los filtros que, en nombre de no se sabe qué, han venido estableciendo los medios tradicionales a todo aquello que se apartase del pensamiento único.
Fue gracias a esas redes y a las opiniones difundidas a través de ellas que nuestros jóvenes hicieron posible el 15-M. Fue gracias a la ruptura de ese monopolio que la "gente de orden" ha ejercido hasta sobre la información que la gente pudo reconocerse y contarse, fue gracias a esa ruptura que la gente pudo hacer el diagnóstico de lo que le estaba pasando y comenzar a apuntar soluciones y fue gracias a esa ruptura que la gente comenzó a tirar desde aquí y desde allá de la estaca podrida a la que estamos todos atados.
Las movilizaciones anti desahucio y las protestas ante la estafa canalla de las preferentes lo fueron a pesar de la prensa y los medios que, hipotecados ellos mismos por la banca, hicieron todo lo posible, junto al mismo PSOE, para que miráramos para otro lado y no nos levantásemos contra la poderosa banca que tanto interés se había tomado en infectar con regalos y prebendas a unos y a otros. Algo que hoy resultaría mucho más difícil, porque todo fluye de otra manera, no como un río encauzado, sino como la lluvia que todo lo empapa, y con tal fuerza que fue capaz de acabar con el prestigio y forzar el adiós de alguien como Juan Carlos de Borbón.
El daño para los medios y para los grandes partidos, no para los españoles, ya está hecho. Gracias a todo lo dicho, la izquierda social, que siempre ha sido mayoritaria en este país, está recuperando el espacio que le corresponde y comienza a ser consciente de su fuerza. Pero no va a ser fácil, porque, de nuevo, "los malos", los poderosos, contraatacan y lo hacen con su cara más fea, hurgando en las basuras y en las braguetas de aquellos que ponen en peligro la vida muelle de la que han disfrutado y a la que se hace tan difícil renunciar.
Lo están intentando todo con su basura. Así, el contrato de Errejón, les ha servido, especialmente a Félix de Azua en un artículo infame, para señalar a la dirección de Podemos poco menos que como una banda de profesores corruptos, obviando que la dirección del PSOE, el mismo Pedro Sñanchez lo es, está llena de profesores. También la relación entre Tania Sánchez y Pablo Iglesias, con la que han tratado de dinamitar, afortunadamente sin éxito, la candidatura a las primarias de IU más favorable a la unión de la izquierda, olvidando que el en tiempos del PSOE fiscal general Leopoldo Torres estuvo casado con la desaparecida Rosa Posada que llegó a presidir la Asamblea de Madrid con el PP,
Ha comenzado una guerra sorda y sucia en la que el peor de los trabajos se le ha encomendado a los medios y periodistas de cabecera, trabajo sucio que hacen, si no con gusto, con ahínco, todos esos marhuendas e indas de la acorazada de injuriar (gracias Joaquín Vidal por la imagen) que tan bien han vivido con el "antiguo régimen". Supongo, además, que aún no hemos visto lo peor, porque los sabuesos y todos los temerosos del cambio, los que han vivido como felices gorrinos, revolcándose en la basura deben andar a estas horas emponzoñando sus plumas y dagas, para acabar, en la medida de sus fuerzas, con el prestigio de eso que Sánchez llama "extrema izquierda", mientras preparan sus loas para el más que posible acuerdo entre PP y PSOE. 
En fin, trabajo sucio que paga, en metálico o en especie, la "casta".


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