Torpezas policiales, por Javier Astasio

                                FOTO: 20minutos
A estas horas, mientras muchos españoles, con más o menos sinceridad, con mayor o menor conocimiento, lloramos la muerte del hombre que condujo en España el tránsito del franquismo a una democracia más o menos homologable con las del resto de Europa, llama la atención la protesta de decenas de antidisturbios y sus sindicatos por lo que consideran una torpe coordinación de los mandos que organizaron el dispositivo "contra" la gran marcha ciudadana del 22-M, porque dejaron aislados a un grupo de ellos, sin el material adecuado y a merced de las pedradas y el lanzamiento de otros objetos por parte de grupos que, en contra de la tónica general de la marcha, desataron toda su violencia contra ellos.
Si digo que el dispositivo se organizó contra la marcha, es porque, desde que ya en las primeras horas de la mañana, mediante controles en las carreteras y estaciones de ferrocarril de acceso a Madrid, durante la misma con un despliegue ostentosos y, a la vista de los resultados, poco eficaz, y, finalmente, con "la guinda" que supuso comenzar a disolver la marcha media hora antes de que expirase la autorización para la misma, estaba claro que el despliegue policial tenía una finalidad muy distinta a la de la protección de los derechos de los manifestantes, tan cacareada por la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes.
Está claro que el despliegue se había dispuesto torpemente para molestar a quienes acudimos a la marcha en contra de los graves d recortes en derechos, salarios y servicios que venimos sufriendo los españoles desde que el PP llegó al poder.
El grueso del despliegue no estaba destinado a blindar los alrededores del Congreso de los Diputados y, sobre todos, los de la sede nacional del partido que está detrás de todos los recortes que otra vez nos habían llevado a la calle y eso, a pesar de que el grueso de la marcha, por no decir toda la marcha acudió a ella para dejar constancia del enorme malestar ciudadano y de contrarrestar el mentiroso mensaje que repite una y otra vez el gobierno, hablando de crisis y tormentas económicas superadas. También quedó claro, con la orden, dada a las nueve, de despejar la Plaza de Colón, media hora antes de expirar la autorización para disolver la concentración, precisamente a la hora en que arrancan o hacen su resumen los telediarios.
Ese era, a la vista de los resultados, el fin primordial del despliegue: convertir una enorme marcha pacífica en una sucesión de altercados violentos, para poder confirmar sus mensajes descalificadores repetidos con tesón en las horas previas a la marcha, convirtiendo a pacíficos manifestantes en radicales, unas veces de extrema derecha y, otras, de extrema izquierda, de los que hay que alejarse y a los que nunca tiene que seguir la mayoría silenciosa que tanto le conviene a Rajoy.
Pero la cosa se les escapó de las manos, porque, pese a sus cuentas ridículas y tramposas, hubo más gente que nunca y, sobre todo, porque un grupo de antidisturbios ¿lo becarios? mal dotados y peor organizados quedó aislado en medio de muchos manifestantes doblemente indignados y, lo que fue peor, para ellos y para el resultado final de la marcha, entre numerosos alborotadores dispuestos a acosarles. Mal asunto, del que el que salió peor parado fue u manifestante que ha perdido un testículo por el impacto de una pelota de goma, utilizada irresponsablemente, sin que hubiese frontera alguna que señalar. Y menos mal que ninguno de los policías cometió la imprudencia de hacer uso de las armas de fuego que reglamentariamente portan, porque, debieran saberlos sus mandos, hay cosas que se sabe cómo empiezan, pero no como terminan.
Se quejan los policías de las bajas sufridas por la irresponsabilidad de sus mandos, pero no se quejan, como no se han quejado nunca, de los daños producidos por sus excesos. Parece que, como ocurre siempre con los que buscan la vida fácil, sólo quieren ventajas, sueldo y empleo garantizados, y no los inconvenientes. Lo siento, pero todo viene en el paquete. El mirar por encima del hombro, amenazantes y con una porra en la mano a los ciudadanos tiene estas consecuencias. Riesgos como los padecidos el sábado y, sobre todo, el desprecio de los ciudadanos que está volviendo a los niveles de cuando iban de gris y a caballo. Por eso me limito a recordarles que, en ese trabajo, como en todos, hay una puerta de salida.
No creo que las torpezas policiales del sábado acarreen dimisiones. No es el estilo del ministro que motivos tendría ya para presentar la suya. Sin embargo, de seguir así las cosas, todo puede ir a peor. 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*