TORPE, TORPE, MUY TORPE, por Javier Astasio

A estas alturas del escándalo creado por el dudoso máster obtenido por Cristina Cifuentes, me pregunto qué puede llevar a quién ocupa la cúpula del poder político en Madrid a enfangarse de la manera que lo ha hecho la presidenta madrileña. No lo sé ni me lo puedo imaginar, quizá es una cuestión de diván para psicólogos, pero, la verdad, a mi corto entender ese máster en algo que, a quien ha presidido el gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, debiera dársele por supuesto o por convalidado. Quizá sea como los pendientes que llaman desde un escaparate o el último modelo exhibido en el concesionario de una marca automovilística de lujo. Lo cierto es que el broche que Cristina Cifuentes ha querido poner a su currículum, más que broche ha sido un desgarro o, en todo caso, un borrón imposible ya de blanquear.
Esta tarde, a las cuatro y media y a regañadientes, Cristina Cifuentes tiene la difícil misión, imposible diría yo, de lavar su nombre, su prestigio y, de paso, el de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, creada a imagen y semejanza del Partido Popular, considerada por algunos como refugio y fábrica de títulos para los militantes del partido.
En primer lugar, Cifuentes tendría que explicar por qué a ella, que está al frente de la administración autonómica madrileña le está resultando tan difícil hasta ahora presentar la documentación oficial, no fotocopias o descargas sin compulsar, que acredite la formación que dice haber recibido y está por ver si algún día lo consigue.
A lo largo de estas dos semanas hemos centrado nuestra atención en el desaparecido trabajo fin de máster, un hecho gravísimo, si es que como parece nunca existió, para, poco a poco, caer, de la mano de los autores de la información de eldiario.es en otros detalles que, no sólo no aclaran lo ocurrido, sino que abren nuevas incógnitas, tan graves o más que las ya abiertas, preguntas que revelan trampas de unos y otros que afectan, no ya al prestigio de Cifuentes, sino, de paso, al de la Universidad Rey Juan Carlos, incapaz de resolver por sí sola el embrollo, sino el futuro laboral y penal de quienes, todo indica que así ha sido, han ayudado a "fabricar" este máster fantasma de la tan dicharachera y "rubia" dirigente del PP madrileño.
Hoy ha sido El Confidencial, tomando el relevo a eldiario.es, quien ha revelado un escalofriante dato: dos de las tres firmas que figuran al pie de la presunta acta exhibida por Cifuentes horas después de que se hiciese público el escándalo, acta que acreditaría la reunión en la que se evaluó a Cifuentes, son falsas, Por si fuera poco, también se sabe de una reunión en un despacho de abogados, entre las dos profesoras a quienes se falsificó la firma y un tercer profesor para elaborar una única versión de los hechos, algo lógico, porque, de confirmarse lo publicado por El Confidencial, el futuro académico y quién sabe si penal de los implicados estaría en juego.
Lo que está claro es que, desde que, tras una vergonzante campaña de la prensa de la derecha Leguina perdió el gobierno de la Comunidad de Madrid, parece que un gafe ha caído sobre quienes ocuparon su despacho, incluido Rafael Simancas que ni tan siquiera llegó a pisarlo. El resto, Ruiz Gallardón, Esperanza Aguirre, Ignacio González y, ahora, Cristina Cifuentes han acabado o van a acabar muy mal por culpa de los escándalos y la justicia.
Cifuentes podría haber acabado su mandato con mayores o menores dificultades, pero la aparición de este escándalo del máster y, sobre todo, su inútil defensa, sus trampas, su silencio y, por qué callarlo, su chulería, van camino de acabar con su carrera política, con el futuro que estaba preparándose en la docencia universitaria, porque quién va a dejarse examinar por un personaje así, con el prestigio de la Universidad Rey Juan Carlos, con el de su consejero de Educación, incapaz de explicar con solvencia lo ocurrido y con la carrera de más de un profesor y más de un funcionario que han faltado a su sagrado deber de custodia de verdades y documentos que son de todos.
Cristina Cifuentes, tan lista que se cree y tan soberbia que se muestra, ha sido torpe, torpe, muy torpe.

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