Tontos útiles, por Javier Astasio


Como tontos útiles. Supongo que es así como se habrán sentido los miembros de las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo que tanto pareció antes defender el PP, al comprobar, después de su entrevista con el ministro del Interior, que sólo fueron uno más de los arietes, quizá el más desgastado, que utilizó el PP en su acoso al gobierno de Zapatero.

Vaya de antemano mi solidaridad con su dolor y mi comprensión para con si ira, aunque nunca podrán contar con mi apoyo en su pretensión de dar su visto bueno a cualquier camino que se emprenda para encontrar una solución que permita poner fin de una manera digna que no resulte inaceptable para la otra parte, ahora que ETA ha dado un paso tan importante para la paz, como parar su actividad terrorista sin condiciones previas.

No quiero decir con esto que me pongo del lado de las víctimas y en contra del Gobierno, no. Más bien al contrario, creo que cualquier paso que dé Interior en este sentido, si es que éste lo ha sido, no sólo será positivo, sino que quizá llegue tarde. Y es que lo anunciado por Fernández Díaz en Luxemburgo -otra vez un cambio en la política del PP se hace fuera de nuestras fronteras- no es exactamente una novedad, salvo en lo relativo a la petición de perdón, sino más bien un intento de desviar el debate de lo que realmente preocupa de fronteras para adentro que es la situación económica.

Porque en ese aspecto sí que ha habido tontos útiles. Exactamente todos aquellos que dieron su voto al PP creyendo que, con sólo darle el gobierno a Rajoy, el panorama económico se iba a volver como un calcetín, todos quienes creyeron que, con los populares al frente del país iban a bajar el paro y el déficit sin tocar los impuestos, la sanidad, la enseñanza, las pensiones o el sueldo de los funcionarios.

Ya hemos visto de lo que han sido capaces en sólo cuatro meses. No sólo ha crecido el número de parados, sino que éste se ceba especialmente en los jóvenes, y eso después de una reforma laboral que, a la espera de lo que diga el Tribunal Constitucional, ha devuelto los derechos de los trabajadores a los tiempos del franquismo, si no mucho más atrás. Y es que los principales agentes de la destrucción de empleo han sido, con sus impagos, la paralización de inversiones y el despido de trabajadores interinos, las propias administraciones.
También han sido tontos útiles los que creyeron a Rajoy cuando aseguraba en campaña que no subiría los impuestos, algo que repetidas veces, antes y después de llegar a la Moncloa y que en más de una ocasión calificó de barbaridad y ocurrencia. Qué dirán el año que viene, cuando, si no lo hace antes, Rajoy les suba el IVA. Y qué decir de los pensionistas que han visto como, primero vía IRPF y ahora con el medicamentazo, a la espera de la subida del IVA, ven caer día tras día el poder adquisitivo de su paga.

También los miles de jóvenes que, no sólo ven que sus empleos no llegan, sino que ven cómo están siendo expulsados de la Sanidad Pública y de la Universidad, mientras los que, tan afortunados como frustrados, se ven empujados a la emigración como lo fueron los españoles de dos generaciones atrás. A cambio, el Gobierno que se ve incapaz de engañarles por más tiempo, opta por la ley y el orden, pretendiendo para la calle el silencio del pánico a la Policía y echando d menos para las redes sociales el descaro de la censura de China y el resto de dictaduras, árabes o no.

Por lo visto, los únicos beneficiados han sido le iglesia, con sus obispos, orondos y despegados del país real, los ricos de toda la vida, que seguirán viendo intacto su patrimonio, y los de ahora mismo que, con negocios oscuros, cuando no directamente de la corrupción y otras formas de delincuencia, han obtenido el premio gordo de la amnistía fiscal.

Demasiados tontos útiles, para que lo sigan siendo por mucho tiempo. Es tal el memorial de agravios y mentiras que, si figurasen en un contrato, con una firma al pie, o si, como los folletos publicitarios, obligasen, salvo error de impresión, Rajoy y todos sus cariacontecidos ministros tendrían un serio problema legal que podría dar con sus huesos en la cárcel, porque, hay que decirlo ya, han estafado a todos aquellos tontos útiles que les dieron su voto para abrir el camino de salida a la crisis.

Hasta el Financial Times y alguna agencia de calificación son capaces de ver lo que no ve o no quiere ver el Gobierno: que, así, vamos camino de graves problemas de inestabilidad social. Y, si no, al tiempo.


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