Todos somos mineros..., por Javier Astasio



Sí. Aunque no lo sepamos, aunque no seamos conscientes de ello, todos somos mineros. Todos somos un poco como ellos y, anoche, quienes salieron a las calles de Madrid a recibir a las columnas de la Marcha Negra, lo hicieron porque habían comenzado a caer en la cuenta de ello.
Hemos pasado demasiado tiempo adormecidos, mirándonos el ombligo pensando que nada había más importante que nosotros y lo nuestro. Todo lo demás carecía de importancia o casi. Aún recuerdo con sonrojo lo incomprensibles y hasta molestas que nos, me, resultaban a quienes trabajábamos en Gran Vía, 32, las protestas de aquellos despedidos de Altamira, las primeras víctimas de la debacle del grupo PRISA. Sus cortes de tráfico, sus pitidos ensordecedores se nos hacían desagradables a nosotros que divisábamos el futuro -creíamos hacerlo- desde nuestra atalaya. Hoy sabemos que no y, cuando las garras de quienes despilfarraron ese futuro hicieron presa en nosotros, los compañeros de Altamira ya no estaban allí para ayudarnos.
Con los mineros ha ocurrido otro tanto. Desde la y izquierda y la derecha llevan años diciéndonos que la mina no es viable, que hay que cerrar todos esos pozos en los que se entierran millones y millones que son de todos, para mantenerlos abiertos. Nos dicen eso, llevan años diciéndonoslo, pero no nos dicen que en cualquier golpe de mano en la bolsa, perdón, en "los mercados", se gana y se pierde en horas lo que costaría dar vida a los valles mineros, darles escuelas y hospitales, refinar ese carbón para que no contamine nuestros cielos y, sobre todo, buscar salida a los hijos de quienes desde hace décadas no han tenido otra cosa que la mina para ir tirando.
Podría pensarse que la actitud del Gobierno con el sector de la minería es la de quien quiere tapar una herida por la que se desangra su presupuesto. Podría, pero se nos ocultan algunas variantes del asunto. Se nos oculta, por ejemplo, que, como muy acertadamente me recordaba en Facebook mi buena amiga Angie, los buitres de Goldman Sachs están acumulando carbón americano en puertos asturianos. Y quién nos dice que una cosa y otra, la cerrazón gubernamental y el acaparamiento de carbón barato listo para distribuirse cuando falte el de nuestras minas, no están relacionadas. Yo no sé si es cierto, pero constato con horror que, desgraciadamente, es verosímil.
Llevamos demasiado tiempo viviendo bajo las injustas reglas de la economía especulativa. Para quienes ofician los ritos de esa religión, los seres humanos no pasan de ser cifras, su trabajo una mercancía y la cuenta de resultados el único credo.
Si por un momento, como ocurrió ayer en las calles de Madrid, nos parasemos a pensar en que el trabajo de nuestros mineros, nuestro trabajo, son bienes en sí mismos, son riqueza, no para unos pocos, sino para todos. Si nos detenemos a considerar que del sueldo del minero sale el dinero para pagar en la tienda, para poner gasolina al coche, hacer frente a la hipoteca o comprarles ropa a los guajes y en que, de esos euros sale el sueldo o el beneficio del tendero, el gasolinera, el empleado del banco o la dependienta de la tienda de ropa... si nos detenemos un momento a considerarlo, nos daremos cuenta de que, cerrando las minas, no sólo están cegando el futuro de quienes han vivido hasta ahora de ellas, sino que están cegando también el nuestro. Porque, querámoslo ver o no, mineros somos todos.
PD Mientras escribo esto escucho a un Mariano Rajoy tan aburrido que a sí mismo se aburre y que ya no consigue ni siquiera cabrearme.

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