Todos los clics llevan a Google, por Míriam Martín (@MiriMartin_)

En su artículo ‘¿Google nos está volviendo estúpidos?’, Nicholas Carr se lamenta: “[…] Ya no pienso como antes. Lo siento de manera muy acentuada cuando leo […] Mi concentración se pierde tras leer apenas dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. Es como si tuviera que forzar mi mente divagadora a volver sobre el texto. En dos palabras, la lectura profunda, que solía ser fácil, se ha vuelto una lucha”. Me sucede exactamente lo mismo con textos como el suyo (no por el contenido, sino por la extensión).

Desde pequeña he poseído una gran comprensión lectora, pero, últimamente, noto que me cuesta  bastante concentrarme cuando estoy delante de un texto en la pantalla del ordenador. Está claro que la culpa es mía por tener abiertas varias ventanas (entre ellas, la del Facebook o el Twitter, la del correo electrónico, etc.), pero, inevitablemente, este acto reflejo ya se ha convertido en un hábito, en una tentación. Tengo que realizar un esfuerzo por no distraerme y perder el poco tiempo del que dispongo concretamente para estudiar.

 

 

“[…]Incluso cuando no estoy trabajando, lo más probable es que esté explorando entre los matorrales de información de la red, leyendo y contestando correos electrónicos, escaneando titulares y blogs, mirando videos y oyendo podcasts, o simplemente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas de pie de página, a las que a veces se les compara, los hiperenlaces no se limitan a sugerir obras pertinentes; nos catapultan sobre ellas.), confiesa Carr. Y vuelvo a estar de acuerdo con él. He dicho que tiendo a distraerme durante el estudio, por ejemplo, pero eso no significa que me entretenga con tonterías. En Internet, una cosa lleva a la otra: yo puedo empezar leyendo el artículo propuesto para esta actividad y, si realmente me interesa, pasarme las dos próximas horas ojeando algunas de las referencias recomendadas por el propio autor.

Al reconocer que en muchas ocasiones tiendo a ojear la información, a realizar una lectura superficial, no hago más que darle la razón a Maryanne Wolf, psicóloga del desarrollo en la Universidad de Tufts, cuando advierte: “[…] Cuando leemos en línea, dice, tendemos a convertirnos en ‘meros decodificadores de información’. Nuestra capacidad para interpretar un texto, para ejecutar las conexiones mentales que se constituyen cuando leemos en profundidad y sin distracciones, cuando leemos en línea, repito, se desconecta en buena parte”.

Para mí Google es una valiosa herramienta puesto que me permite documentarme e informarme. Cuando la utilizo, y aunque no es fácil por la cantidad de información que contiene, intento hacerlo con una clara intención: localizar contenidos que me interesan realmente como, por ejemplo, webgrafía para realizar un trabajo de la Universidad. En mi opinión, lo ideal sería aprovechar el hecho de que Internet sea, en teoría, “universal y gratuita” para convertir a Google en una especie de biblioteca o enciclopedia al servicio de la educación y la cultura más que del entretenimiento.

A pesar de las ventajas que esto conllevaría, es evidente que una empresa de ese calibre resultaría muy complicada, ya que todos y cada uno de los millones de los usuarios tienen motivaciones muy distintas. Sobre el curioso uso que, entre unos y otros, le damos al buscador por excelencia, este artículo publicado en Jot Down Magazine resulta muy ilustrativo. El hecho de tenerlo prácticamente todo alcance y a un simple clic nos vuelve, de una forma u otra, “vagos” a nivel intelectual. Parece que cada vez pensamos menos o, dicho de otra forma, pensamos con menos criterio. Más que “estúpidos”, yo diría que Internet en general y Google en particular nos están volviendo a la mayoría bastante “sedentarios”. Al menos, y según mi parecer, en lo que a hábitos intelectuales se refiere…

 

 

Este sería, sin duda, un aspecto negativo de Google, pero, tal y como asegura Nicholas Carr, “[…] así como se da la tendencia a glorificar a ultranza el progreso tecnológico, también se da la contra-tendencia a esperar lo peor de cada nueva herramienta o máquina […]. Supongo que, en un futuro cercano, estos contras de Google/Internet serán valorados como lo que realmente son: estrellas del ciberespacio por el cual recién hemos empezado a transitar. De momento, y aunque muchos internautas todavía no sean conscientes, Google es un nuevo “gran hermano”. Si las aspiraciones de sus creadores no se desvían, es de esperar que se acabe erigiendo como un poder fáctico al que, de una forma u otra, también estaremos sujetos.

 

 

 

*Texto: Míriam Martín, @MiriMartin_

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