Tíbet, el último grito, por Lola Hierro (@NabiaOrebia)

El martes estuve en la librería de viajes Altaïr, una de las más míticas de España que nació en Barcelona en 1979 y que en Madrid lleva 15 años. Fui por trabajo, por un reportaje que estoy preparando, y en este caso me vino genial pasarme ya que aproveché para asistir a la presentación del libro Tíbet, el último grito, del fotógrafo francés Laurent Zylberman y el periodista estadounidense Eric Meyer.

El acto es uno más de los que el espacio viene realizando desde el pasado octubre, cuando cumplieron 15 años y decidieron impulsarlo con presentaciones de libros, charlas, etc. Es una fórmula que les está funcionando muy bien porque desde entonces cada vez se pasa más gente por allí.

Zylberman y Meyer son unos valientes: han sido de los pocos periodistas que han podido entrar en la Región Autónoma de Tíbet con un visado para prensa expedido por el ministerio de Exteriores chino. Toda una proeza. Zylberman estuvo en Altaïr, vino de París expresamente para presentar el libro, donde contó que a Meyer y él les costó años conseguir la autorización.  “Podíamos haber ido como turistas”, explicaba Zylberman, “pero no queríamos ir a escondidas, sacando la foto con miedo y prisas, queríamos hacer un buen reportaje sobre el terreno”.

Ambos se habían conocido en 1987 mientras trabajaban para diferentes medios en el continente asiático, y decidieron que querían hablar sobre el Tibet y su gente. No fue hasta septiembre de 2008 cuando pudieron llevar a cabo el soñado reportaje. “Los chinos nunca dicen ‘no’ abiertamente; tienen miles de maneras para negarte algo sin decir que no”, bromeaba el reportero.

Las fotos de Zylberman, todas en blanco y negro, tienen un gran valor documental, van más allá de lo artístico. A pesar de su exquisitez, de la que doy fe, encontraron muchos problemas para publicar su obra porque las editoriales querían, o bien un libro de imágenes de colores estridentes para atraer el turismo, o bien algo muy crítico con la ocupación china de Lhasa, ni parecido a lo que los autores buscaban publicar: un trabajo sobre gente normal y sobre vidas cotidianas. El texto parte con el encuentro dentro de un tren con diferentes etnias, y a partir de ahí va hilvanando muchas historias y anécdotas. “Sabíamos que en Tibet hay una dimensión mucho más humana que la visión dualista de chinos y tibetanos”, aseguraba el autor.

© Laurent Zylberman

Zylberman contaba que el Lhasa siempre estuvieron controlados. Durante todo el viaje, que duró 15 días, estuvieron acompañados por una muchacha tibetana de veintipocos años que respondía directamente a órdenes del ministerio de Exteriores chino. Los periodistas, que habían entregado una lista con los sitios que querían visitar, no solo no les permitieron ir a bastantes, sino que todo lo que hicieron estuvo minuciosamente supervisado por esta joven y por los taxistas y chóferes de turno que les llevaron de un sitio a otro. “Una vez conseguimos escaparnos de la vigilancia de la chica”, recordaba el fotógrafo, “así que apagamos los móviles y nos fuimos a visitar unas minas a las que nos habían prohibido ir. Todas las personas con las que hablamos fueron interrogadas al día siguiente, y cuando encendimos el teléfono, lo teníamos lleno de mensajes del tipo de Exteriores que nos había concedido el visado. Nos preguntaba por qué habíamos apagado el aparato y por qué habíamos ido a las minas sin permiso. “Es imposible escapar del control del gobierno chino”.

© Laurent Zylberman

El trabajo fotográfico de Zylberman fue proyectado ante la quincena de personas que asistimos a la presentación. Sus imágenes muestran cómo vive una población bajo la constante vigilancia militar y policial. El relato de Meyer, sin embargo, dibuja cómo el brutal cambio económico que está sufriendo el país afecta a métodos de vida milenarios.  Observando las imágenes de Zylberman, centradas la sociedad tibetana, una se preguntaba cómo hubiera sido si los periodistas hubiesen podido moverse a su aire y hablar libremente con la gente. “Quieres trabajar honestamente, pero solo puedes contar lo que te dejan ver”, criticaba el fotógrafo.

© Laurent Zylberman
El libro Tibet: el último grito ha sido publicado en España por Icaria editorial y está a la venta en la librería Altaïr (C/ Gaztambide 41) a un precio de 18 euros.
 
Más información: Índice y prólogo del libro.

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