¿Think o tank?, por @CarlosPenedoC

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el comunicólogo Carlos Penedo había de recordar aquel día en que tuvo el cuajo de empezar una columna con las primeras palabras de Cien años de soledad, un modesto homenaje al autor que tenía también una segunda intención.
En las necrológicas escritas por la muerte de García Márquez se ha recordado la vinculación del escritor colombiano-mexicano con el periodismo, su ejercicio profesional durante décadas, su respeto por la profesión y por el reportaje-crónica, género que intenta trasladar una situación y un sentimiento al lector, más allá de otros como la entrevista donde casi todo el mundo miente.
Si uno se dedica al periodismo y García Márquez también, pues se comparte aunque sea un miligramo de Premio Nobel; igual que si uno se considera occidental pues comparte en alguna ínfima proporción la creación de Apple y la llegada del hombre a la luna, por poca intervención en el asunto que haya tenido.
“Siempre me he considerado un periodista, por encima de todo”, dejó dicho; creó en 1994 la Fundación Nuevo Periodismo, dedicada a formar periodistas iberoamericanos, y allí comentaba que “el del editor es el trabajo más importante"; quienes se encargan de la supervisión profesional de los textos "son la cara del periódico. Lo que hacen los editores es más importante incluso que el papel del director. Ellos consiguen la calidad del diario".
Se refería García Márquez a una función hoy en peligro de extinción en los periódicos, un revisor de estilo con criterio y experiencia que cogía el artículo acabado de las manos del periodista y lo revisaba antes de su envío a talleres.
El editor convertía el periódico en un producto mejor que sus periodistas, lección magistral ésta sobre el trabajo en equipo, que cuando funciona siempre es mejor que la suma de sus componentes, lo que desnuda la inanidad de los proyectos exclusivamente personales, en el ámbito político, en el mundo laboral, siempre limitados.
El editor podríamos decir que ejercía algo parecido a funciones de autocrítico. Los periódicos han empeorado desde que los periodistas no se autocritican, es decir, desde que las empresas periodísticas han considerado superfluo pasar un último filtro a los artículos antes de su publicación para ahorrase unos durillos.
El valor de la crítica para elevar la calidad de un texto es un principio trasladable al análisis de la política que en gran número de ocasiones encontramos bajo la etiqueta de una organización que se autodenomina como think tank.
El término hace referencia a un laboratorio de ideas, un instituto de investigación, un grupo de analistas con el sentido práctico de escribir sobre políticas públicas y la aspiración de influir sobre ellas, sobre los que toman las decisiones. Se podría situar a medio camino entre el ámbito académico y la inmediatez periodística.
Un primer acercamiento a este mundo de los think tank nos lo ofrece la Universidad de Pensilvania, que elabora una encuesta-clasificación anual y mundial de estas organizaciones encabezada en su última edición por Brookings Institution (EE.UU.), seguida de Chatham House (Reino Unido), Carnegie Endowment for International Peace (EE.UU.), Center for Strategic and International Studies (EE.UU.) y en quinto lugar el prestigioso y sueco Stockholm International Peace Research Institute –SIPRI-.
El think tank español mejor clasificado aparece en el puesto 60, la  Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales –FAES- , en el 64 el Barcelona Centre for International Affairs -CIDOB-, en el 72 la Foundation for International Relations and Foreign Dialogue –FRIDE-, en el 94 el Real Instituto Elcano y en el puesto 137 –sobre 150- la navarra Institución Futuro.
En clasificaciones parciales, en referencia a Europa occidental, se suma a las anteriores la Fundación Alternativas, en el puesto 74 del continente. En el capítulo de política exterior, Elcano aparece en el puesto 33; en ciencia y tecnología encontramos en el 28 a la Fundación de la Innovación Bankinter; y en el grupo de think tanks ligados a partidos políticos aparece, junto con FAES, la difunta Fundación Ideas.
En seguridad y defensa ningún think tank español aparece entre los 65 mejores, listado que lidera el Center for Strategic and International Studies –CSIS- (EE.UU.), RAND Corporation (EE.UU.), International Institute for Strategic Studies –IISS- (Reino Unido), Brookings Institution (EE.UU), Chatham House –CH- (Reino Unido), Carnegie Endowment for International Peace (EE.UU.), el ya citado SIPRI (Suecia), Royal United Services Institute –RUSI- (Reino Unido), Center for a New American Security –CNAS- (EE.UU.) y Atlantic Council (EE.UU.).
De todos los mencionados se puede decir que elaboran documentos solventes, incluso teniendo en cuenta su vinculación u orientación política más o menos camuflada; enriquecen la sociedad civil y alimentan el debate público con análisis y propuestas.
El informe de la Universidad de Pensilvania señala que actualmente hay en el mundo 6.826 think tanks. De ellos, el 29% se encuentra en Estados Unidos (1.984 centros), el 26% en Europa (1.818 centros), el 17% en Asia (1.201 think tanks), el 9,7% en América Central y del Sur (662), el 9% en el África Subsahariana (612) y el 7% en la zona del Mágreb y Oriente Medio (511).
Por países, el que más centros de investigación alberga es Estados Unidos con 1.828, seguido de China con 426, Reino Unido con 287, India con 268 y Alemania con 194. España se encuentra en la posición 21 con 55 think tanks.
Reconociendo que en los últimos años han surgido un buen número de iniciativas de análisis riguroso y especializado, en el mundo de la seguridad y la defensa hispana el tanque se suele imponer sobre el pensamiento, el papel de altavoz sobre el cuestionamiento crítico.
Imagen del blog "La casa huele a sopa".
Porque con toda la diversidad que existe en el mundo de los think tank, se observa que los más prestigiosos han conseguido desvincular sus productos de la fuente financiera, nadie piensa en el Gobierno sueco leyendo los informes sobre gasto militar del SIPRI. Se podría resumir el objetivo en la suma de crítica constructiva, propuestas y voluntad de independencia, de tensar la cuerda, romper tópicos.
Hay que juntar el think y el tank, por separado no funciona, el resultado sale insípido o incomestible por reconcentrado; en estos casos, muy frecuentes, mientras leemos y leemos y pasan lentamente los párrafos y las páginas, uno tiene la sensación de que huele a sopa.

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