Terrorismo bajo mínimos, alarmismo en máximos, por @CarlosPenedoC

Mientras la preocupación por el terrorismo desciende, y hay menos atentados, las autoridades de seguridad nacional insisten en los peligros incontrolables de los terroristas solitarios

La preocupación por el terrorismo entre los españoles se encuentra en niveles históricamente bajos, según el CIS; la gravedad y víctimas de los atentados producidos en los últimos años no resisten comparación con el pasado; y desde el Gobierno y ciertos círculos especializados y extremistas se alarma con la amenaza de un nuevo terrorismo salafista individual, de lobos solitarios y yihadistas retornados con experiencia en conflictos armados. La realidad parece acercarse más a lo que piensan los españoles que a los mensajes de alarma.
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, hacía el miércoles 12 de junio en un pasillo del Congreso una declaración a la prensa sobre la operación policial realizada horas antes en Barcelona, denominada "Kartago" (los cinco detenidos eran tunecinos): el objetivo era "neutralizar la amenaza con carácter general del terrorismo yihadista y los lobos solitarios y los retornados", todas ellas personas que constituyen "un potencial de amenaza terrorista".  El grupo está acusado de divulgar material con contenido yihadista a través de redes sociales. A los dos días la Audiencia Nacional los ponía en libertad, excepto uno que ha ingresado en prisión por delitos comunes pendientes.
Lobos cazando en grupo.
El Ministerio del Interior aprovecha para informar en una nota de prensa de que "desde el inicio de esta legislatura se han detenido a 15 presuntos terroristas islamistas". Un enlace de la propia nota del Ministerio abre una página donde nos cuentan que en 2013 han sido nueve los detenidos y seis en 2012. También se ofrece el dato de 85 terroristas islamistas detenidos en la legislatura 2008-2011.
La alerta policial y de todos los recursos del Estado frente a la amenaza terrorista es totalmente comprensible. Lo que resulta contradictorio es el discurso alarmista, porque los datos permiten afirmar que el terrorismo vive en España una situación de debilidad desconocida en cinco décadas, tanto desde el punto de vista objetivo –atentados, víctimas- como subjetivo –apreciación por parte de los ciudadanos-.
Algunos hechos:
  • Oslo, 22-7-2011: doble atentado con un saldo de 77 personas asesinadas, en su mayoría jóvenes socialistas. Autor: un “noruego de pura cepa” –palabras de la policía- de 32 años, autodefinido como políticamente conservador y cristiano. En medios sociales dejó su opinión contraria a la inmigración, al multiculturalismo, a los musulmanes y a las "violentas organizaciones marxistas" que subvencionan a los anteriores.
  • ETA, 20-10-2011: acosada por la presión social y policial, la organización terrorista anuncia “el cese definitivo de su actividad armada”. Han pasado 20 meses desde el anuncio.
  • Toulouse, entre 11 y 19-3-2012: tres paracaidistas franco-magrebíes y cuatro miembros de la comunidad judía (tres de ellos niños) asesinados. Autor: ciudadano francés, de 24 años, de ascendencia argelina. Reivindicación: para vengar las muertes de niños palestinos en Gaza y protestar contra las acciones de Francia en Afganistán y la prohibición del velo integral en los lugares públicos de su país.
  • Boston, 15-4-2013: dos bombas estallan cerca de la meta del maratón, matando a tres personas e hiriendo a 282. Autores: dos hermanos de 19 y 26 años de origen checheno, al menos uno con la nacionalidad estadounidense, ambos con 10 años de residencia en EE.UU. Confusa reivindicación islamista. Condena desde todo tipo de organizaciones, incluidas islámicas y de separatistas chechenos. Los autores habían sido investigados e interrogados por el FBI.
  • Londres, 23-5-2013: un militar es asesinado en plena calle con un cuchillo de carnicero. Reivindicación en nombre de Alá. Autores: dos sujetos fichados por el MI5, uno de ellos –el que apareció en un video- era británico de nacimiento -28 años- y convertido al Islam, de familia de origen nigeriano y cristiano. 
  • París, 25-5-2013: un militar en labores antiterroristas es acuchillado por la espalda, resultando herido. Autor: francés de 22 años. Fichado por la policía. Probable emulación del atentado de Londres.
De la cronología anterior se pueden extraer varias conclusiones. En primer lugar, que ha desparecido de España el terrorismo surgido en los años 60 del siglo XX (1.004 muertes acumuladas). Que en la categoría de lobos solitarios hay de todo, y mayoría de nacionales, algunos de origen extranjero. Sí parecen compartir su radicalismo, cierta exclusión mental y a menudo social del resto de sus conciudadanos. En la mayor parte de los casos eran conocidos por parte de las fuerzas de seguridad o los servicios de inteligencia. Y es indudable la publicidad gratuita que se hace de este tipo de comportamientos.
El terrorismo tiene capítulo propio en la Estrategia de Seguridad Nacional 2013 presentada por el Gobierno el último día de mayo, entre los riesgos y amenazas para nuestro país: “La fortaleza del Estado de Derecho, la solidez de sus instituciones y la eficacia de las acciones implementadas han derrotado a ETA, sin perjuicio de que la  democracia siga actuando”, dice; para alertar después sobre el terrorismo salafista: “Al igual que otros países de nuestro entorno, España es también objetivo del terrorismo yihadista y, en especial, de organizaciones terroristas como Al Qaeda en el Magreb Islámico que, basándose en el fanatismo, tratan de imponer por la fuerza su visión única y excluyente del Islam, aprovechando características de la nueva sociedad global, como la facilidad de movimientos y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, para reclutar miembros, obtener recursos, ejecutar atentados y multiplicar el impacto de sus acciones”.
Capitel en claustro de Santa María de L'Estany (Barcelona).
La Estrategia destaca un hecho conocido en el ámbito de la seguridad, que ETA y más recientemente el terrorismo salafista han hecho de España un país con un conocimiento avanzado en este campo: “La lucha contra el terrorismo desarrollada durante décadas por España ha permitido adquirir una gran experiencia también de valor para hacer frente a las nuevas amenazas terroristas. La efectividad del modelo español de gestión de la amenaza terrorista prestigia a nuestro país en el exterior y lo convierte en referente en la materia, pero, sobre todo, lo sitúa en condiciones idóneas para aportar un considerable valor añadido a la colaboración internacional en el ámbito contraterrorista”.
En cuanto a la percepción social de la amenaza terrorista, el Barómetro del mes de mayo del Centro de Investigaciones Sociológicas –recordemos, 2.500 entrevistas personales en domicilios- ofrecía el dato de que el 0,4% de los españoles sitúa el terrorismo y a ETA entre las principales preocupaciones del país. En noviembre de 2011 –cogiendo el mes siguiente a hechos relevantes- el terrorismo era destacado por el 3,7% de los encuestados; en abril de 2008 por el 31,4%; en abril de 2004 por el 63%; en octubre de 2001 por el 65,7%.
Nunca España ha tenido más y mejores medios para responder a la amenaza terrorista. Los números avalan la reducción de víctimas y atentados. ¿Qué pretenden entonces los mensajes alarmistas?

ANÁLISIS

¡Que viene el lobo!

Ya tenemos percha argumental para los próximos cinco años en temas de seguridad, donde colgar discurso político, declaraciones a los medios y justificación de presupuestos: el lobo solitario.
Una nueva forma de terrorismo que amenaza nuestro sistema de vida: indetectable; omnipresente; indefendible. Puede ser cualquier persona que nos crucemos en nuestro portal o por la calle. Puede ser cualquier inmigrante radicalizado, cualquiera de los actuales combatientes en Siria o Malí que vuelva a España con experiencia de combate; cualquier cristiano convertido al Islam. 
Pero los lobos solitarios tienen compañía: analistas, expertos en terrorismo, responsables políticos de Defensa e Interior, opinadores islamófobos, todos aparentemente interesados en exagerar la amenaza y que indirectamente dan sentido a acciones que parecen responder a motivaciones más bien individuales; habría que sumar a los anteriores a los medios de comunicación, que acuden espasmódicamente a cuanto acontecimiento que rompa la rutina en cualquier lugar del planeta, y esto en la sociedad global sucede casi constantemente.
La expresión y concepto de lobo solitario –al parecer con origen en la extrema derecha norteamericana- es acertada, tiene fuerza, porque enlaza con la superpoblación de lobos de la literatura infantil, con la iconografía románica, reflejo del animal que ha sido la principal amenaza natural del hombre durante siglos. Tiene algún inconveniente, que Rómulo, Remo y Mowgli fueron los tres criados por lobos. Y
Mowgli, de El libro de la selva, criado por lobos.
también un gran problema: los lobos cazan en manada, así tienen mayores posibilidades de éxito. En la realidad el lobo es gregario, caza en grupo, por la sencilla razón de que es más eficaz que cazar solo. Por tanto, el lobo solitario siempre será menos peligroso que el lobo en grupo.
Sirva la imagen para explicar que los análisis más serios sitúan como la modalidad más peligrosa el terrorismo amparado por Estados (no confundir con terrorismo de Estado), el caso aparente de Libia o la contra nicaragüense. Habría que mencionar también los grupos terroristas surgidos en Europa a mediados del siglo XX –IRA, Facción del Ejército Rojo, Brigadas Rojas, ETA-, todos con un anclaje ideológico radical de izquierdas, que no llevó a ningún experto a buscar en las páginas de Marx su explicación o sus causas, a diferencia de lo que se hace con el terrorismo salafista y el Corán.
La guerra civil argelina, los atentados del 11 de septiembre y de marzo, pusieron en primera página el terrorismo salafista, ya en declive antes y después de la ejecución de Bin Laden.
En respuesta a lo anterior llevamos más de una década de war on terror, la guerra interminable y generalizada contra el terrorismo nacida con Bush II que llega hasta hoy, incapaz Obama de poner fin a un conflicto que ha calificado de “permanente” y que ha provocado miles de víctimas personales y de libertades como el secreto de las comunicaciones. 
En casa, un asunto no menor, aparte de la costumbre de Interior de ofrecer datos de delitos por legislaturas, como si la delincuencia siguiera esos plazos, son  este tipo de operaciones policiales con detenciones publicitadas. De los 495 presuntos yihadistas detenidos en España desde marzo de 2004 hasta finales de 2011, sólo han sido juzgados 152; de ellos, 65 fueron absueltos, según las Memorias de la Fiscalía General del Estado. Por tanto, 495 detenidos y 90 condenados, muchos por delitos comunes.
Resulta comprensible cierto nerviosismo frente al terrorismo, aún más teniendo en cuenta la alianza entre gobiernos y medios de comunicación para alimentar un clima de miedo irracional. Después del fiasco de la política económica, aparentemente fuera de control nacional, el Estado parece agarrarse a la seguridad como competencia propia e irrenunciable. Después de los excesos de todo tipo en la lucha contra el terrorismo tras el 11-S, exagerar hoy y en España la amenaza sería un método equivocado de legitimar la actuación y los recursos de organismos públicos en este ámbito.

Sugerencias (algunas para leer en ayunas)




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