Tendencias y efectos secundarios, por @CarlosPenedoC

Objetivo: identificar tendencias; y distinguir entre efectos primarios y secundarios.
Un ejemplo. El empleo es un efecto secundario de la actividad empresarial, diríamos que es un resultado indirecto o de segundo grado, como la elección de las Diputaciones. Ningún empresario se levanta por la mañana deseando crear empleo, sino aumentar su cifra de negocio, sus beneficios, y a veces para ello necesita crear puestos de trabajo; en otras, destruirlo. Y algo parecido ocurre con España. Las empresas no se mueven por nacionalismo, no tienen nacionalidad, aunque tengan buena parte de la actividad y la plantilla en un lugar físico y agradezcan el apoyo de un Estado concreto, pero no les mueve la bandera como primera opción.
El párrafo anterior surge tras conocer que Campofrío, la empresa que financió en diciembre una campaña de publicidad tremendamente triste para levantar el ánimo de los españoles, pues es mayoritariamente estadounidense, y en días será mayoritariamente china. De ahí la complejidad de destinar al CNI y su inteligencia económica a apoyar a las empresas; porque apoyando a Campofrío apoyarían a EE.UU. y en breve a China, que no sé si lo necesitan.
Otra muestra de que la empresa no se casa con nadie es que los empresarios que regalaron el yate Fortuna al Rey, con importantes incentivos fiscales y vistiendo la operación con traje de Fundación, quieren ahora que se les devuelva el dinero o el barco.  El Rey dice que renuncia al yate y pide su entrega al Estado, pero ¿no era ya el Estado su propietario y quien pagaba los 20.000 euros que cuesta llenarle el depósito?
Un segundo ejemplo de tendencias a seguir son los drones y derivados tecnológicos, fenómeno de largo alcance porque son útiles para captar información y atacar, reducen al mínimo las bajas propias y, según leemos, en Alemania los van a utilizar además para vigilar a los vándalos que ensucian con pintadas los trenes de Cercanías. Este argumento –argumento secundario- es como aquél de justificar el gasto militar por la invención de la comida enlatada, de la gabardina y del micoondas; se hace, sorprende durante cuatro segundos y se apaga la llama. Porque el primer objetivo del gasto en Defensa no es calentar la leche ni encerrar sardinas en un bote.
Los drones tienen efectos primarios que no son vigilar los trenes ni el tráfico, sino la ejecución extrajudicial y a distancia de sospechosos. No hay legalidad que soporte su actuación saltando fronteras. Obama lo sabe, los seguirá utilizando pero sin ganas, y va a intentar poner un poco de orden porque allí los operan tanto el Ministerio de Defensa (Pentágono) como los servicios secretos (CIA).
Al capitalismo y la tecnología transnacionales podríamos añadir como tercer fenómeno la transparencia transnacional: por la desclasificación de archivos británicos conocemos una operación de soborno multimillonario a la cúpula militar de Franco para que el país no entrara en la Segunda Guerra Mundial. Aún faltan detalles por conocer, porque en estas operaciones suele haber muchos intermediarios.
La transparencia es claramente un asunto a seguir. Y los archivos militares españoles siguen cerrados a cal y canto. En temas de Defensa tampoco ayuda a la transparencia la utilización de cifras parciales o directamente falsas sobre el Presupuesto; o el anuncio –nada hay cerrado- de aplazamientos y ejercicios contables en relación con los programas de armamento.
Hablando de transparencia, la ministra italiana de Exteriores ya ha comparecido ante su Parlamento para informar de la llegada de algunos de los nuevos marines de Morón a una base italiana. Aquí se anunció la comparecencia de un secretario de Estado y aún no se ha celebrado.
El último día de mayo el Consejo de Ministros presentó la Estrategia de Seguridad Nacional, “una revisión de la aprobada en 2011 por el anterior Ejecutivo, y que cuenta con el respaldo político del principal partido de la oposición”. Lo de aprobar una Estrategia cada dos años no parece un reflejo de consenso en políticas de Estado.
En cualquier caso, bienvenida la Estrategia. Suena bien el Consejo de Seguridad Nacional, que pide a a gritos un consejero de Seguridad Nacional. Este Consejo sucede al Consejo de Defensa Nacional y a la JUJEM, de sonoro nombre; ningún órgano de este tipo se reunió o se conoce aportación relevante en circunstancias realmente críticas para nuestra seguridad.
Fin: han pasado 75 días desde que conocimos por El País que militares españoles torturaron en Irak. Esas personas o siguen dentro de las Fuerzas Armadas o andan tranquilamente por la calle. Los tiempos políticos, los de la responsabilidad y los de la reputación, nada tienen que ver con los judiciales.

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