Tan lejos y tan cerca, por Javier Astasio

 
 
Anda la presidenta castellano manchega, en calidad de secretarias general del Partido Popular, por tierras chinas y anda firmando memorandos, que no acuerdos, en los que se ponen de manifiesto los puntos que tienen en común, oído al parche, el Partido Popular y el Partido Comunista Chino. La aparente paradoja, sólo aparente, se resuelve en cuanto reparamos en alguna de las características del milagro económico chino. Un crecimiento basado en la explotación, casi esclavista, de la mano de obra,  en la prohibición de los sindicatos libres y en el crecimiento a costa de lo que sea, aunque sean el medio ambiente y la sostenibilidad futura del país.
Una vez más, los extremos se tocan, porque la política económica china, que, no hay que negarlo, está sacando al país de un atraso ancestral, simultáneamente está reabriendo, si no manteniendo, el abismo milenario existente en el gigante asiático entre las clases populares y las élites, antes feudales y hoy del partido, porque las expropiaciones forzosas, el abandono del campo como modo de vida está llevando a las nuevas generaciones de chinos a la esclavitud de los salarios mínimos, los horarios agotadores y las ciudades dormitorios.
Con esto no quiero decir que eche de menos la china precolonial o la de Mao. En absoluto podría yo haber vivido en ninguna de ellas, porque a una y otra les faltaba lo que yo más aprecio, la libertad. Pero estar en contra de algo no significa estar a favor de su contrario y es que, en la China de hoy, la libertad, la verdadera libertad, tampoco es moneda de curso legal. Tanto que, casi cada día, tenemos noticia de atentados contra la libertad en China, bajo cualquiera de sus formas.
No sé qué tiene China -y no me refiero a su pasado- para cautivar como lo hace a nuestros políticos. Ya lo hizo con aquel joven Felipe González, que allí aprendió a no hacerle asco a l color de los gatos, siempre que cazasen ratones, sin que a él y a nadie se les ocurriese empatizar con esos pobres ratones que ahora, sin su campo y sin sus tradiciones, bien ahora en ratoneras urbanas, a disposición del gato de turno.
Lo que me extraña es que María Dolores de Cospedal no se haya hecho acompañar por Juan Roig, el propietario de Mercadona que no hace mucho se manifestó encantado con lo que él llamó "cultura del esfuerzo" que se practica en los bazares chinos y que no es otra cosa que una explotación infernal que no respeta, horarios, edades o estado de salud, con tal de hacer caja. Un empresario, este Roig, que acabó de retratarse manifestando estas veleidades, ya que acabó con ellas de un plumazo con toda una leyenda, la de que su empresa era una especie de Arcadia para los trabajadores.
En fin, que a lo que pueda salir de la excursión de Cospedal le temo más que a un nublado, porque conociendo su afición a perseguir sindicalistas, recortar derechos y su política de comunicación, más propia de PCCh que de un partido demócrata europeo. No me extrañaría que, de allí, se trajese algún invento prodemocrático para aplicarlo aquí, porque, al final, los extremos se tocan y China y su Gobierno, aparentemente tan lejos, están más cerca de lo que aprese del sueño de más de un dirigente popular.
 
 
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