Javier Astasio
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Malos tiempos para la lógica, por Javier Astasio

 
Pensaba ayer en voz alta en Facebook, a propósito de la más que probable destitución del fiscal jefe de Cataluña, que mal están las cosas cuando se el discurso está reñido con la lógica y se castiga todo aquello que se aparta de ese discurso, aunque sea lógico, porque lógicas fueron las palabras de Martín Rodríguez Sol, un conservador nada catalanista, reclamando un cauce para la expresión de los deseos de los catalanes respecto a su futuro.
Pero corren malos tiempos para la lógica. Lo que prima es el retorcimiento de la verdad y a veces su simple ocultación, para sostener actitudes que nada tienen que ver con la lógica y mucho menos con la lógica que exige el servicio del bien común. Uno puede llegar a pensar que el Fiscal General del Estado y el gobierno que le nombró se equivocan al cesar al fiscal de Cataluña por haber expresado un razonamiento tan lógico, pero creer tal cosa sería demasiado simple, porque al gobierno no le interesa -más bien al contrario- solucionar el "problema" catalán.
Saben de sobra que Cataluña, con el desmoronamiento de la confianza de los electores en el PSC, ha sido, no ya la tumba, sino la losa que encierra, quién sabe por cuánto tiempo, las aspiraciones de los socialistas por volver a ser un partido de gobierno y fomentan cualquier cosa que dificulte el hallazgo de una salida razonada y razonable al conflicto soberanista y todo lo que avive el fuego que consume ahora los lazos entre los socialistas catalanes y el PSOE.
Bien es verdad que soy de los que piensan que, en todo lo que tenga que ver con el nacionalismo que tiene que ver claramente con los sentimientos, el remedio esta en aquel viejo tratamiento que recomienda "tranquilidad y buenos alimentos", porque, cuando los, sentimientos están a flor de piel, lo que importa no es tanto como son las cosas sino como se perciben, y hurgar en la herida no hace sino enconar el desapego y el sentimiento de incomprensión y victimismo que, a veces con toda la razón, tienen los que se sienten catalanes antes que españoles.
Pero no es sólo en este asunto y no es sólo en España donde la lógica anda de capa caída. No hay más que ver el espectáculo de una Venezuela huérfana de líder, con un Chávez condenado a no morir en paz, agonizante y "aferrado a Cristo", pendiente -imagino que más el aparato chavista que él mismo- de un milagro que les permita jugar una nueva prórroga, ahora que esta parece agotarse. Lo digo, porque todo lo que tiene que ver con la utilización de Chávez y su enfermedad para ganar aquellas elecciones a las que no debió presentarse y retrasar otras que cerrarían, aunque quizá no al gusto de los chavistas, la crisis abierta, todo eso -insisto- tiene muy poco que ver con la lógica y mucho con el uso interesado del fanatismo fomentado desde el poder.
Y, ya parar terminar, una pregunta ¿No sería lógico que los cardenales con voto en el cónclave, los que tienen sobre sí, la responsabilidad de nombrar al nuevo papa -monarca absoluto donde los haya- conociesen antes de hacerlo toda la basura que esconden los pasillos de la corte vaticana? ¿No resulta cuando menos absurdo que se les encomiende la responsabilidad de hacerlo sin darle todos los datos?
A los ojos de los hombres es del todo ilógico. Otra cosa es lo que piensen quienes parecen dispuestos a mantener bajo llave tanta miseria.
Y, mientras tanto, al gobierno de España se le ha comido la lengua un gato que atiende por Bárcenas o, coloquialmente, por Luis el cabrón.
 
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Javier Astasio
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Hasta el final, por Javier Astasio

 
 
En poco más de un año, el tiempo que lleva el Partido Popular en el Gobierno, asistimos a la curiosa resurrección, si es que alguna vez la hubo, de la confianza de los españoles en la justicia. En medio del paro, los desahucios, la estafa de las preferentes y otras desgracias parecidas, únicamente algunas decisiones judiciales vienen actuando como bálsamo reparador de tanto dolor y tanta desesperanza.
Qué poco podía esperar el triunfante PP. a caballo de su demoledora mayoría parlamentaria, que iba a ser en los tribunales donde iba a encontrar el contrapeso que le falta en todo lo demás. No sería justo atribuirle únicamente al ministro Gallardón y su absolutismo a la hora de su pretendida y pretenciosa reforma de la Justicia la reacción de los jueces, pero no cabe duda de que algo está cambiando en la carrera judicial, pero, lo cierto, es que el partido en el gobierno nunca hubiera imaginado el calvario judicial que está pasando.
El propio fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, alguna de cuyas decisiones no fueron muy bien acogidas en principio, acaba de decirle a la ciudadanía lo que estaba esperando y que no es otra cosa que, en los que tiene que ver con Bárcenas, sus cuentas y sus papeles, mientras el gobierno y el PP se empeñan en negar lo evidente, hay indicios suficientes para abrir una investigación y llevarla hasta el final.
Bien es verdad que estos lodos judiciales son la consecuencia de todo el esfuerzo y la profesionalidad de jueces y fiscales que una y otra vez han mantenido vivos casos que instancias superiores parecían querer cerrar a toda costa. Jueces y fiscales que, como Baltasar Garzón, han ido tirando de los hilos que han llevado, por ejemplo, a la localización de todo ese dinero controlado por Bárcenas en cuentas hasta hace poco opacas en la banca suiza.
Esa es la obligación de los jueces: dejar al descubierto toda la basura que se esconde, en este caso en las cuentas del PP, en el más que imperfecto y farisaico sistema de financiación de los partidos. Sería muy deprimente volver a escuchar de prescripciones y sobreseimientos por defectos formales en este asunto. Sería terrible, no sólo por la depresión en que nos haría entrar, sino porque dejaría otra vez impune ese sistema tan parecido al seguido por la mafia más clásica, que infiltra las instancias del poder, especialmente el local, hasta asfixiarlo.
Ojalá tenga razón el fiscal Torres Dulce, ojalá esta película, por una vez, termine bien y se ponga a cada uno en su lugar. Ojalá la justicia acorte la distancia que ahora mismo separa a los ciudadanos españoles de quienes les gobiernan. Y ojalá que ese "caiga quien caiga" que tan interesadamente lanzó al aire Esperanza Aguirre, le alcance también a ella y la obligue a pagar todas sus marrullerías.
 
 
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