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Mayoría silenciosa: manual de uso, en Mayhem Revista, por Miguel Ángel Moreno Ramos (@MiguelAM29)

Pongamos un caso fácil para empezar. Nuestro querido amigo X vive en Barcelona. Estudia en la Universidad Autónoma de Barcelona 3º de Estadística. Le han quedado algunas para septiembre, y se examina el viernes. Así que se pasa toda la santa mañana del miércoles, que es festivo, estudiando. Y también estaría la tarde, si no fuera porque al estúpido de su jefe en el Starbucks del Paseo de Gracia se le ha ocurrido la maravillosa idea de que vaya a trabajar hasta la noche. En día festivo. Sea Diada de Catalunya o no lo sea.

Richard Nixon, creador del concepto de "mayoría silenciosa" (Foto: Wikimedia)
Así que le toca servir cafés, frapuccinos y dar la contraseña del wifi a todos los turistas que pasan y también a los manifestantes que forman parte de la “Vía Catalana”, la cadena humana organizada por la Asamblea Nacional Catalana para reclamar la independencia de Cataluña. X no hubiera ido, o igual sí se hubiera pasado un rato después de estudiar para despejarse. Se considera moderadamente independentista, aunque tampoco le va la vida en ello. Pero gracias a su jefe acaba de tomar una postura involuntaria. X forma parte de la mayoría silenciosa.

X no lo sabe, pero la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría hoy ha hablado de él, ya que en un foro de discusión política ha mostrado su determinación a escuchar a las “mayorías silenciosas” de catalanes como él que no fueron a la manifestación independentista, a aquella gente que cuando el resto de población se manifiesta se queda en sus casas. Son la mayoría silenciosa, esa gente que “tienen derecho a que velemos por sus libertades y también por sus opiniones”, según la vicepresidenta del Gobierno.

Ese club para el que no hace falta carné

El Gobierno vela por las opiniones y las libertades de la mayoría silenciosa, ese club para el que no hace falta carné, ni voluntad de inscribirse, ni tan siquiera el conocimiento de estar inscrito. Pero que da la ventaja de saber que hay todo un equipo de personas, que además dirigen un país, y que velan por que estén representados los miembros de esta distinguida asociación.
Es, además, un club interclasista, independiente de tus opiniones políticas, sociales, económicas y hasta estéticas. Porque en la mayoría silenciosa no importa qué postura tomes respecto a un asunto, lo que importa es que no formes parte de la movilización a su favor o a su contra. Suelen formar parte de la mayoría silenciosa las personas con movilidad reducida, aquellos que trabajan mientras se produce la manifestación, los que odian las aglomeraciones, y los que simplemente les daba pereza manifestarse o no les apeteció ese día.
Esta entrada es parte del blog de Miguel Ángel Moreno
http://lapalabraeslacasadelser.blogspot.com

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Javier Astasio
Blogueros

Los partidos como empresas, por Javier Astasio

 
 
Fue Sigmund Freud quien en su "Psicopatología de la vida cotidiana" introdujo el término "acto fallido" como una especie de traición que nos hace el inconsciente llevándonos a decir lo que, en realidad, no queríamos decir conscientemente. La vida de cada uno de nosotros está repleta de esos actos fallidos y no digamos ya, si de lo que hablamos es del día a día de nuestros políticos.
No hace falta dejar un micrófono abierto cerca de ellos para saber que la mayor parte de ellos viven en una constante impostura. A veces, basta con dejarles hablar sin papeles delante de un micrófono amigo, para que ellos mismos acaben delatándose y evidenciando lo que en realidad piensan o lo que de la realidad pretenden ocultarnos. A veces el elefante que nos quieren ocultar y que da vueltas en su cabeza acaba asomando la trompa por sus bocas.
Estoy hablando de aquel "salvo algunas cosas" con que -aún no sé si por torpeza o por esa necesidad de jugar a dos paños inherente a nuestro ambiguo presidente- llevó a Rajoy a desactivar la rotundidad con que pretendía desmentir cualquier irregularidad contable en su partido, nada más estallarle en las manos el escándalo de los papeles de Bárcenas y los famosos sobresueldos circulando en sobres por los pasillos de la sede nacional del PP. Eso, por no hablar de aquel "nadie "prodrá"  probar nada contra él" que, referido al ex tesorero que él mismo nombró y se ocupó de ascender al limbo del Senado antes de saber que bastante más que ese "algunas casas" con que, al otro lado de la pantalla de plasma, le traicionó el subconsciente en uno de los momentos más cruciales de su carrera política.
Y es que debe ser duro, muy duro, llevar dos discursos, no sólo distintos, sino opuestos dentro de la cabeza: el de la verdad inconfesable y el de la fábula en que se basan su carrera y su prestigio. Algo tan difícil como  le resultó a Bárcenas llevar dos libros de contabilidad distintos e independientes. Tanto que, al final, aparecen esos agujeros de gusano que comunican las dos dimensiones contables, las dos realidades de ingresos y gastos, decentes e indecentes, como en el discurso de sus jefes aparecen esos agujeros que comunican la mentira consciente con la verdad inconsciente.
Pues bien, ese fenómeno que describió hace casi un siglo el padre del psicoanálisis, no es exclusivo de Rajoy, también se da en su aplicada vicepresidenta, la impoluta -al menos para la prensa alemana- Soraya Sáenz de Santamaría, que, a propósito del borrado y destrucción de los discos duros de los ordenadores utilizados por Bárcenas, habló de "los partidos como empresas". Acabáramos. Al final la virginal Soraya lo dijo: los partidos actúan como empresas. Empresas que buscan el beneficio, pero no el de la sociedad a quienes presuntamente representan, sino el propio y como cualquier detergente mienten en la publicidad sobre su eficacia limpiadora y sacrifican a una parte de la plantilla social en eres crueles e injustos, traiciones a cualquier código ético, luchas despiadadas por el privilegio de ocupar un despacho, falseamiento de cuentas, discursos tan llenos de buenos propósitos como falsos y huecos y un largo etcétera de todas esas prácticas innobles e inconfesables que, quienes trabajamos o hemos trabajado en una, estamos hartos de ver en las empresas.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

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Javier Astasio
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Pobre Soraya, por Javier Astasio

                               Gorka Lejarcegui / EL PAÍS
 
Pobre Soraya. Parece que esta mujer que llegó a la política como becaria en La Moncloa cuando Rajoy era ministro de la Presidencia, donde se convirtió en fiel colaboradora del hoy presidente no tiene suerte en sus cometidos, porque, al final, le toca comerse más de un marrón que en buena ley no le corresponderían.
A esta chica lista de Valladolid -una de mis amigas más queridas es de esa tierra tan fría y húmeda en invierno- no tiene las dotes interpretativas de sus paisanas Concha Velasco o Lola Herrera. La pobre no controla bien las emociones y, amén de que la voz no le acompaña, se le nota demasiado cuando le espeluzna dar la cara por otros que la esconden o la cortedad de unas medidas contra los desahucios de los que el gobierno del que es portavoz, si no es responsable, sí es al menos consentidor.
No es agradable masticar silencio ante temas correosos, pero, querida ministra, le va en el sueldo. Así que mientras no tome la decisión de marcharse para evitarlo, haría bien en imitar a sus compañeros de partido María Dolores de Cospedal, o Javier Arenas a los que no sé si por casta o por experiencia parece darles igual ocho que ochenta.
Ese descaro ese afirmar una cosa y la contraria sin inmutarse, esa cara dura, en suma, suelen gustar a la clientela del partido. Otra cosa es el aséptico González Pons que, como la lechuga iceberg, no se altera y mantiene su tersura, pero, saber, no sabe a nada. En realidad, querida Soraya, soy más de su escuela, partidario de interiorizar el personaje -y el ministro portavoz siempre ha sido un personaje- pero, para conseguirlo, es conveniente creérselo y, no sé por qué, me da que usted no se lo cree.
Lo de ayer, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, en la que es impensable y sería absurdo prohibir las preguntas, fue patético.
Tenga en cuenta que quienes cubren esas comparecencias tienen ya mucha experiencia y ya han hecho callo ante situaciones parecidas con gobiernos de uno y otro color, Téngalo en cuenta y que sepa que está condenada a que las preguntas a las que sus compañeros no han querido contestar se las repitan una y otra vez, con diferentes enunciados, porque saben que algún día, cuando quizá menos lo esperen ellos o lo espere usted, va a llegar ese segundo de flaqueza en el que un quebramiento de su voz, una lágrima o un gesto de desesperación proporcionen esa foto, esa imagen que vale por mil palabras que explique y confirme lo que otros quieren callar.
Lo siento, ministra. Su jefe y espero que amigo la ha dejado sola en la última línea de defensa, defendiendo una posición que algunos, dentro y fuera del gobierno y del partido, ya dan por perdida.
Pobre Soraya, pobre chica de Valladolid, Cuánto debe echar de menos ahora la vida tranquila de una feliz funcionaria y madre de familia "de provincias".
 
 
 

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