Javier Astasio
Blogueros

De qué país habla, por Javier Astasio

 
 
No temáis, ayer no seguí, mucho menos en directo, el arranque del debate sobre el Estado de la Nación. No es la primera vez que lo hago y os confieso que, desde aquella tarde del 23 de febrero de 1981, cualquier debate parlamentario carece de emoción, estando como están sometidos al guión de esos enanitos de Santa Claus que escriben los discursos del líder de turno, como si fuesen los juguetes que reparte el de la barba blanca, tan brillantes como frágiles.

No escuché el debate, como tampoco escuché la intervención de Rubalcaba, que, mal que me pese, lleva escritas en su pasado todas las réplicas a sus acusaciones. No los escuché, porque la experiencia me dice y me confirma que mereció la pena ahorrármelo, como podía haberme ahorrado la increíble "Operación Palace" de Évole, a la que faltó como advertencia de lo que nos esperaba la enervante cabecera del show de Benny Hill.

No lo escuché, pero me bastaron el resumen radiofónico y alguna que otra opinión para comprobar que, como el especial de Évole, hubiese encajado más en la ficción que disfrazado de informativo, porque lo que trató de contarnos Rajoy con esa oratoria antigua y sobreactuada, con ese horrible castellano que habla, no por gallego, sino por vago, es inverosímil para todo aquel que, como él, no sea de buena estirpe, para todo aquel que no pise algo más que la moqueta de los despachos y los salones o el césped de los jardines.

Se nota que hace mucho que el presidente no se cruza con un español de carne y hueso. Se nota que hace mucho que nos e cruza con alguien que, más allá de esa informalidad forzada del sport y de los mítines de los domingos, no use corbata. Se nota demasiado que su día a día apenas tiene que ver con el del resto de los mortales.

¿Cómo si no puede atreverse a decir que hemos doblado el Cabo de Hornos? No tiene más que mirar atrás para ver que se ha dejado en las escolleras y en las heladas aguas del estrecho de Magallanes a más de la mitad de la tripulación. Parados sin esperanzas de volver a trabajar, niños mal alimentados a los que se les ha quitado la única comida ordenada del día, estudiantes universitarios que han tenido que dejar las aulas ante el efecto combinado de la subida de tasas y el recorte de becas, incapacitados desasistidos, enfermos que pagan por estarlo, carreteras abandonadas,  jardines abandonados, calles sucias, aeropuertos llenos de jóvenes y no tan jóvenes en busca de futuro... náufragos, en fin, de una travesía en la que, como en la del Titanic, sólo la primera clase tiene derecho a subir a los botes.

La España que ayer pintó Rajoy poco tiene que ver, como siempre, con la realidad. Sí tuvo que ver con la España real la que pintó Rubalcaba, pero su esfuerzo llega tres años tarde y me temo que será baldío, porque apenas tiene ya credibilidad, siquiera entre los suyos. Y es que su pecado no fue ya el de haber formado parte del último gobierno Zapatero, el del desastre económico, el de otra España irreal que se dejó envolver en la música de la orquesta, mientras el barco se hundía y el agua le llevaba al cuello. Su peor pecado ha sido el de, por mala conciencia, por oficio o por coincidencia, no supo ponerse del lado de la gente y defenderla, mirándose el ombligo, en vez de mirar las vergüenzas al descubierto de quienes le habíamos votado.

No sé de qué España hablaba ayer Rajoy. Ni siquiera sé qué pretende con esas ofertas de fin de temporada -tarifa plana y falsa rebaja de impuestos a los más débiles- con que trata de engatusar a los  votantes crédulos, porque, si realmente quiere reactivar la economía, mejor le iría, nos iría, si se decidiese a rebajar el IVA. No sé de qué España habla Rajoy. Tampoco sé si Rubalcaba es el líder que necesita este país para salir de este maldito agujero.

 
 
 

Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

 

 
 

...

Javier Astasio
Blogueros

Humo negro, por Javier Astasio

 
Por lamentable que parezca, el PSOE parece empeñado en dar munición al PP y a quienes todavía le defienden, metiendo la pata una y otra vez, para sacarla cubierta de ese chapapote tóxico que sólo se da en los partidos en descomposición. Y el PSOE, por doloroso que resulte para quienes alguna vez creímos en él, lleva semanas con todos los síntomas de estarlo.
Hace días que de la sede de la calle Ferraz sale humo, un humo negro y espeso que no presagia nada bueno. Un humo que nada tiene que ver con el de la Plaza de San Pedro en Roma, porque aquí nadie parece dispuesto a cambiar nada, porque, aquí, la cúpula socialista parece haberse encerrado a cal y canto, como aquellos "últimos de Filipinas", empeñados en la defensa de una causa imposible, y todo por no haber salido fuera del reducto a ver qué pasaba en el mundo.
No. No es el humo de una elección, es el humo numantino de quien no quiere admitir la realidad y decide echarse a la hoguera y echar en ella a todos sus votantes, usando como combustible las miserias de las que les creíamos a salvo y que, por desgracia, llevaban tiempo creciendo en su patio trasero. Y, la peor de todas, ese autismo del líder y dos o tres más, que les vuelve incapaces de saber lo que está bien y lo que está mal, porque hace tiempo que no saben lo que quiere la gente y, fundamentalmente, porque no parece interesarles. Tal parece que tomaran las decisiones jugando a la ruleta rusa, con una única bala en el tambor, que, una y otra vez, acaba enterrada en su sien.
El primer tiro se lo dio a propósito de la intención del PSC de ser coherente en Cataluña y Madrid, prohibiendo a los diputados catalanes votar a favor de la moción que proponía en el Congreso de los Diputados el reconocimiento del derecho de los catalanes, no ya a decidir, sino a expresarse sobre su futuro. La poca cintura de los "sabios" de Ferraz, ninguna, para ser exactos, y el miedo atávico al nacionalismo español montaraz de algunos de sus líderes que, en lugar de hacer pedagogía, tan necesaria como escasa, se pasan en la suerte de varas con el toro catalán, para poder lucirse en las particulares lidias autonómicas, y acabarán consiguiendo la escisión del socialismo catalán, con la previsible consecuencia de dar la puntilla a cualquier intento de remontada electoral en Cataluña.
El segundo tiro fue la increíble historia de la ignominiosa moción de censura en Ponferrada, sobre la que pretenden creer que Alfredo Pérez Rubalcaba no sabía nada, pese a que estaba en toda la prensa, también la nacional, y que, ahora lo hemos sabido, fue motivo de un escrito de protesta firmado por cuatrocientos militantes y simpatizantes que entró en la sede de Ferraz cuatro días antes de que se consumase tan miserable operación. Enterados tenían que estar y capear las consecuencias entre la opinión pública a la que se quieren ganar con la excusa de que el perro se comió el cuaderno de los deberes, porque otra cosa no ha sido tratar de defender la cándida ignorancia de Rubalcaba y hacer el paripé de la falsa dimisión no aceptada del secretario de Organización, Oscar López, que ha dejado a uno y otro con el culo al aire y tambaleándose en los pasillos de la planta noble de Ferraz.
Y, cuando parecía que nada podía ir peor, ayer se supo que el fiscal pedirá el procesamiento del que fuera "hombre fuerte" de Zapatero y ex ministro de Fomento, José Blanco -un personaje tan siniestro como Alfonso Guerra, pero mucho más torpe- por un presunto tráfico de influencias en la concesión de licencias a un amigo personal del ministro. La comparecencia de Blanco, ayer en el Congreso, proponiendo una solución procesal más digna de un abogado tramposo que de un político honesto, ha dado al PP, acosado y aturdido por el asunto Bárcenas, la munición que estaba esperando para el contraataque.
En fin, mierda y humo negro. Eso es lo que sale de Ferraz. Y mientras tanto, los ciudadanos que un día confiaron en quienes ahora se encierran allí, huérfanos de líderes creíbles y de una opción que oponer al desastre que ha organizado el PP en apenas año y medio de gobierno. Si el PSOE pretende salvarse y ayudar a salvarnos, que se deje de miserias, convoque ya un congreso extraordinario, del que salga realmente renovado y desde el que recupere poco a poco el espacio que no ha sabido gestionar.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

...

Javier Astasio
Blogueros

No hay tiempo que perder, por Javier Astasio

 
 
Me gustaría poder decir otra cosa, pero la realidad es la que es y lo único que tengo claro es que, si queremos salir de este vacío de desconfianza y desconexión entre los ciudadanos y quienes nos gobiernan y deberían representarnos hoy y nos habrán de gobernar y representar mañana, no hay tiempo que perder.
Con un presidente de gobierno, Mariano Rajoy, que, en sólo un año de mandato, ha dilapidado toda la credibilidad que depositaron en él los ciudadanos que votaron al Partido Popular, una oposición más desdibujada que nunca, con un líder, Alfredo Pérez Rubalcaba, incapaz de sumar, aunque sea gota a gota, la popularidad que pierde a borbotones Rajoy, con un descontento social, plasmado en miles de manifestaciones y centenares de miles de jornadas laborales perdidas en huelgas y conflictos, como hacía más de dos décadas que no se veía en este país, alguien debería tomar la iniciativa y comenzar a dar forma una oferta, quizá la única oferta, capaz de dar una salida a tantos, más que descontentos, defraudados ciudadanos, huérfanos de opciones para cambiar el estado de cosas a que nos han conducido todos los vicios de un sistema manifestados a un tiempo para evidenciar que, si no la ha provocado, sí ha sido incapaz de sacarnos de ella a la velocidad requerida y con los sacrificios justos.
Ni Rajoy ni Rubalcaba tendrían hoy ningún futuro en las urnas. Y no sólo eso, ambos están siendo muy contestados, no ya por los aparatos de sus partidos, que para eso son aparatos y se organizan a imagen y semejanza de sus líderes, sino por la militancia de base y, casi peor, por simpatizantes y posibles votantes. Uno y otro vienen de lejos, de tiempos pasados, y con el marchamo de haber sido buenos "segundos" en sus formaciones, al menos aparentemente, pero ambos no han sido capaces de demostrar la capacidad de gestión y, sobre toso, de iniciativa que requieren los difíciles tiempos que nos ha tocado vivir.
A día de hoy, después de haberse ocupado del déficit como único objetivo, salpicándolo, eso sí, de alguna que otra polémica más propagandística y torpe que real y eficaz, Rajoy está desorientado y bloqueado, con demasiados frentes abiertos "a lo loco" y demasiados sectores sublevados, desde los maestros a los jueces, pasando por los combativos profesionales sanitarios. Por si fuera poco, la banca, a la que parece haberse encomendado la llave de la creación de riqueza y puestos de trabajo, está tan desprestigiada y desorientada como el propio gobierno, en pleno proceso de redimensionamiento y sin manos suficientes para tapar todas sus vergüenzas.
Pero no les va mucho mejor a Rubalcaba y el PSOE que, con sus bases avergonzadas y soliviantadas ante todos estos meses de pasividad y autismo, quiere lanzarse, en marcha corta y con el freno de mano dispuesto, por la cuesta de las reformas que fue incapaz, no ya de llevar a cabo, sino de siquiera proponer, cuando podía conformar una mayoría para hacerlo. Unas reformas que van a sonar huecas si al frente del partido que pretende proponerlas están los mismos que dejaron pasar dos legislaturas sin hacerlo.
Pero no todo es PSOE ni PP ¿Qué está pasando, qué va a pasar en sus alrededores? Creo que ahí está la clave del futuro. En quien sea capaz de tomar los cabos con los que urdir la trama que habrá de soportar de nuevo el tan maltratado y lleno de costurones tejido social. En este país es necesaria una nueva izquierda, con ojos para ver y oídos para escuchar lo que dice la calle, una izquierda que no se acomode como se han acomodado algunos en su parcela de poder, grande o pequeña, una izquierda que se parezca más a quienes la necesitan y, si no ahora, más adelante la voten. La derecha, estoy seguro, sabrá ponerse a salvo como ha hecho siempre, y este país no se merece otra legislatura como la que estamos padeciendo.
 
Hay que elaborar una alternativa ilusionante. Hay mucho que hacer y ya no hay tiempo que perder.
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/
 

...