Javier Astasio
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Telefónica y los imputados, por Javier Astasio

 
 
Debo ser muy bruto, porque, doce horas largas después de hacerse público el "fichaje" de Rodrigo Rato por Telefónica, aún no soy capaz de ver qué ventajas aporta a la operadora la entrada en su staff de un personaje odiado por la ciudadanía, especialmente por los estafados por Bankia. Un personaje imputado, además, ante la Audiencia Nacional por su gestión de la fusión de cajas ruinosas que dio lugar a Bankia y por su posterior gestión irresponsable, cuando no dolosa, incluido el maquillaje de las cuentas que se llevó a cabo bajo su presidencia y que desembocó en el hundimiento en bolsa de una entidad que salió al mercado basada en una enorme mentira. Por si fuera poco, Rodrigo Rato, soberbio donde los haya, debió tomarse su paso por la dirección del FMI como unas vacaciones en Washington, porque, mientras se gestaba la mayor crisis económica conocida hasta ahora, él nos contaba otra película, hasta que, salió por la puerta de atrás del cargo, abandonándolo antes del fin de su mandato y empañando el prestigio del país, España, que le había propuesto para un cargo que, evidentemente, le venía grande.
Sinceramente, no sé que gana Telefónica en la jugada. A mí, como cliente de la operadora y víctima de las estafas de Bankia me sabe muy mal que la empresa a la que todos los meses vengo pagando religiosamente por un servicio correcto pero carísimo se convierta en refugio de quienes por acción u omisión han malversado dinero público o, como Rato, han llevado a cabo una gestión irresponsable, cuando no una estafa. Me sabe tan mal que, de no estar encadenado a ella por uno de esos perversos contratos de permanencia, hoy mismo pediría mi baja en la misma.
Qué necesidad tiene Telefónica de convertirse en refugio o retiro de cuantos personajes polémicos pierden pie en la política activa española o se convierten en incómodas piedras en el zapato de sus instituciones. ¿Qué cuenta está pagando Telefónica con los fichajes de Zaplana, Rato o Urdangarín?
¿Es acaso un peaje por la ventajosa privatización de la compañía que llevó a cabo el gobierno de Aznar, en el que, por cierto, Zaplana era ministro de Trabajo y Rato ministro de Economía y vicepresidente? No lo sé, pero los españoles tenemos derecho a dudar de la sinceridad del rey, cuando manifiesta que quiere una España más igualitaria, porque está claro que aquí hay algunos, como su propio yerno y los dos ministros de Aznar que, aún con las manos llenas de mierda, caen siempre de pie, mientras quienes han trabajado toda su vida honradamente son arrojados al vertedero del paro sin ninguna piedad.
Telefónica es hoy, pese a su origen público y sus privilegios, una empresa privada y poco nos queda a los ciudadanos, salvo el pataleo, para manifestar nuestro asco y disgusto por decisiones tan despóticas y alejadas del sentimiento ciudadano. Yo, ya digo, no puedo darme de baja ahora, pero sí puedo sumarme, ya lo he hecho, a la iniciativa ciudadana que pide al presidente de Telefónica César Alierta y no "Atienza", como erróneamente figura en la petición, el cese de Rato en su nuevo cargo. Me gustaría que, aunque dudo que la tenga, porque no la manifiesta, la suma de firmas haga pasar un mal Rato y un poco vergüenza al señor Alierta.
 
 
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