Javier Astasio
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Sangrar el sistema, por Javier Astasio

 
 
Cuando la crisis comenzaba a enseñar sus garras, los de siempre se empeñaron en hacer que nos sintiéramos culpables por haber vivido todos estos años "por encima de nuestras posibilidades". Y les funcionó, porque todos pensábamos que los otros, nunca nosotros mismos, habían comprado el piso el coche o las vacaciones que no les correspondían y, ahora, por su culpa, a todos nos tocaba pagar la fiesta. Como estrategia de comunicación -desde hace tiempo, en política y en economía, más que dar solución a los problemas, lo que se hace es fabricar y difundir explicaciones, curiosamente, siempre a favor del poder- fue perfecta. Durante meses, cuando aún conservábamos el trabajo, el coche y el piso, nos mirábamos con desconfianza unos a otros, buscando a los descerebrados que habían pedido a nuestros serios y responsables banqueros todos esos créditos que ahora no podían devolver, haciendo tambalearse al sistema.
Todos sabemos que la cosa no fue así. Sabemos que los irresponsables -se la han llamado a sí mismos para esquivar su cuota de culpa- que estaban al frente de los bancos, movidos por la avaricia y el peor de los amiguismos, me atrevería a calificarlo de mafioso, desvalijaron las entidades y las llevaron al colapso, dejándonos a los ciudadanos con una mano delante y otra detrás. Al final, sus mentiras, su estrategia de comunicación ha fallado, porque la mentira era tan grande, afectaba a tanta gente -rara es la familia que no tiene uno más afectados en su seno- que se ha desvanecido, volviéndose contra ellos.
Y en eso llegó el gobierno del Partido Popular investido de la presunción de honradez y capacidad de gestión que, para los faltos de memoria o de conocimiento, le confería su involuntaria estancia en la nevera del poder. Y comenzaron a meter sus afiladas tijeras allá donde les vino bien, al tiempo que empleaban el dinero de todos en reflotar los desastrosos bancos creados sin ton ni son de todas esas cajas abotagadas a causa de una dieta basada casi en exclusiva en política y ladrillos. Un dinero que, mientras tanto, seguía sin llegar a las pequeñas empresas o a la administración deudora de todas ellas, obligando, con el regalo de una reforma laboral salvaje y decimonónica, al despido de cientos de miles de trabajadores y no siempre en empresas pequeñas ni en empresas en crisis. De modo que esa segunda estrategia de comunicación también ha fallado y no hay más que ver las reacciones a todo lo que se ha sabido sobre Bárcenas, el PP y los sobresueldos pagados a su cúpula en dinero negro, muy probablemente generado en alguna que otra "mordida" a las grandes empresas.
Todos esos recortes se han venido justificando por la imposibilidad de sostener un Estado de Bienestar que tildan de caro, cuando, curiosamente, no es de los más caros de Europa y, medido en términos de coste y resultados, es de los más eficaces y rentables de nuestra zona, especialmente en Sanidad. Pero la gente ha aprendido a echar cuentas y, sobre toso, a interesarse por ellas, así que se ha escandalizado cuando ha sabido que lo perdonado por Hacienda al ahora apestado -al menos en público, porque se ha sabido que sigue teniendo despacho en la sede nacional del PP de la calle Génova- ex tesorero Luis Bárcenas, en la regularización de diez de los veintidós millones de euros que controlaba -sigo creyendo que no son suyos- en cuentas suizas, se podrían pagar de sobra los, curiosamente veintidós también, centros de atención continua cerrados en Castilla la Mancha a principios de semana.
El sistema funcionaría si todos cumpliésemos con nuestras obligaciones fiscales, si todos dejásemos de lado nuestro ancestral egoísmo, si pagásemos el IVA, aunque tendría que ser in IVA más justo, y no tratásemos de maniobrar a la hora de pagar nuestros impuestos. Pero eso está aún muy lejos. Y lo está, entre otras cosas, porque son demasiados los agujeros, legales o no, por los que se escapa el dinero del que lo tiene, SICAV incluidas, hacia cuentas opacas en la inmoral banca suiza o hacia paraísos fiscales, disponibles a apenas unos cientos de kilómetros de nuestras fronteras.
En realidad los recortes que se están haciendo por cuenta de la crisis serían innecesarios si ese dinero volviese al estado en que se generó. En este sentido, la ONG Oxfam acaba de hacer publicar un dato estremecedor: el dinero acumulado en paraísos fiscales equivale a un tercio del Producto Interior Bruto mundial ¿Qué denota eso si no una forma de esclavitud? ¿Qué sería de la economía mundial, del Hambre mundial, si todo ese dinero se quedase y tributase en los países en que se ha generado con el trabajo de sus ciudadanos y las riquezas que producen?
Está claro. Más que crisis, lo que hay es un sangrado del sistema y, mientras no se detenga la sangría la cosa irá a peor.
 
 
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Javier Astasio
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No va con ellos, por Javier Astasio

 
 
Hace unos días escuché el consejo que Francisco Granados, diputado popular en la Asamblea de Madrid, todo peluquería, gafas de diseño, acusado de "dejarse untar" por constructores y con amigos en la Gürtel, se permitió dar al padre de una niña enferma de asma, residente en Madarcos uno de los pueblos más pequeños y más alejados de la capital, con antecedentes de graves crisis y expuesta por tanto a volver a sufrirlas, que reclamaba en una carta que se mantuviera en servicio el helicóptero de emergencias que cubre la Sierra Norte de Madrid, la que peores infraestructuras tiene de toda la comunidad. La respuesta de Granados, que a mí, como a cualquier persona con sensibilidad, me heló la sangre, fue que los padres de una niña con ese problema deberían pensar en dejar de vivir en un pueblo tan pequeño y tan alejado de los hospitales y las universidades como Madarcos, que, lo quiera o no el señor Granados, es su pueblo.
Yo pensé que la respuesta de Granados era sólo la que cabía esperar de un personaje tan dudoso como él, salpicado en escándalos inmobiliarios y en el espionaje de compañeros de partido que se llevó a cabo siendo el responsable del área de Interior. Tan mal quedaba su figura que la propia Esperanza Aguirre, su gran valedora, le dejó caer de un gobierno en el que había llegado a ser el número tres. Pensé que eta cosa de Granados ese desprecio a quien no gasta rolex ni trajes y camisas a la moda, pero no, porque ese desapego se manifiesta también en otros compañeros.
Acaba de suceder en Castilla La Mancha, la comunidad que preside la política más cara y con más cara de toda la administración española, que, desde ayer se ha quedado sin atención médica continua y cercana en 21 zonas, al cerrar los centros que prestaban el servicio de urgencias desde las tres de la tarde a las ocho de la mañana del día siguiente a más de cien mil castellanos manchegos.
La decisión del cierre, que algunos han llegado a insinuar que tiene que ver con el color político del ayuntamiento en que se ubican, tiene que ver con el recorte presupuestario que ha reducido a casi la tercera parte la partida destinada al área de que dependen y obligará a que esos más de cien mil ciudadanos tengan que recorrer cerca de cincuenta kilómetros por malas carreteras para recibir la atención que precisen, eso, en el mejor de los casos, si no requieren hospitalización, porque, de requerirla, la distancia se agranda, a veces en dirección contraria, con lo que, por ejemplo, un vecino de Hiendelancina, Guadalajara, tendría que recorrer cuarenta kilómetros hasta el PAC de Atienza y, si precisase hospitalización otros ochenta kilómetros hasta Guadalajara, todos ellos, en invierno, por carreteras a veces con nieve y a veces heladas.
El argumento del gobierno de Cospedal es que los centros cerrados desde ayer eran poco utilizados y que, por lo tanto, no resultaban rentables. Volvemos a lo mismo de siempre ¿Por qué tiene que ser rentable la Sanidad? ¿Lo es acaso el Ejército? ¿Lo son los seguros? Claro que no. Pero es que no tienen por qué ser rentables todo el tiempo. Con una vida que hayan salvado en toso los años que llevan en funcionamiento, ya son de sobra rentables, Y han salvado muchas.
Está claro que los problemas de los ciudadanos no son los suyos y que lo que les pase no va con ellos, porque ellos siempre tendrán un hospital, una ambulancia o un helicóptero cerca y, si no, bastará una sola llamada para tenerlo. Son tan torpes que han tomado la medida en pleno invierno, cuando a media tarde la luz abandona los campos y los pueblos en los que también viven españoles y la sensación de soledad se hace mayor.
Definitivamente, no va con ellos.
 
 
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Abismo para la solidaridad en Galicia, por @Juandesola

Escalonados recortes, en los últimos años, situan en una difícil posición la continuidad de los proyectos y acciones solidarias en países en vías de desarrollo. La Coordinadora Galega de ONGd´s denuncia que la política pública de cooperación corre el riesgo de desaparecer con rebaja de los fondos en los presupuesto de la Xunta de Galicia. [...] ...