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Mi tweet 1000, por @gloriajimenezz

Un poco tarde, ahora llevo casi 1300, pero este post estaba escrito y aquí hay espacio para todo. 

Con la cantidad de "tonterías" y pensamientos que comparto y con lo mucho que retuiteo, resulta que mi tweet número 1000 es: 
"Después de ver ARGO ayer (peliculón) y lo de Diwaniya me planteo: ¿de cuántas historias no nos enteraremos nunca? 
El otro día ví ARGO y, aparte de reconfirmar que Ben Affleck tiene una mano especial para esto del cine, me dio que pensar como periodista y como ciudadana en la cantidad de historias, de problemas o de "misiones humanitarias" que suceden cada día de las que nunca nos enteraremos. 
En la película se escucha una frase que dice algo así: "el mundo está en deuda contigo, solo que no lo sabe". ¿Por qué no lo sabemos? 


Puedo llegar a entender, haciendo un esfuerzo supino, que hay histprias de ultra-mega-super seguridad que puede causar más daño, peligro o histeria colectiva cnocerlos que no. Me cuesta mucho, pero esforzándome lo consigo. 
Como periodista , me gustaría que algún día no vivieramos tan en en la ignorancia, que los que deciden en que se gastan nuestro dinero o los que mueven los hilos del mundo no nos trataran como a un niño de 5 años, o como aquello de "todo para el pueblo, pero sin el pueblo". 
Y ya no hablo de operaciones ultra-mega-super secretas, que es un tempa peliagudo. Hablemos de presupuestos, de gastos, de trabajos en el Congreso... ¿Qué nos esconden? ¿Por qué se enconden? 
Más de uno habrá visto el programa de Salvados sobre la Ley de Transparencia. Prefiero no destriparlo. 
¿Acaso creen que el pueblo no sabrá encajar ciertas noticias? Son como las madres, cuando te dicen "porque lo digo yo y lo que yo digo va a misa y vuelve". 
A mí, como periodistas y ciudadana, me gustaría conocer más datos de los que se hace en mi país y fuera de él con el dinero que sale de mis bolsillos. 





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Contabilidad creativa en Defensa, por @CarlosPenedoC

  • Defensa gastó el año pasado un 40% más de su presupuesto
  • España dedicó 9.600 millones de euros a sus Fuerzas Armadas en 2012. El Gobierno dijo que serían solo 6.316

Artículo publicado originalmente en Estrella Digital, 29-5-2013.

De cada cinco euros que el Ministerio de Defensa gastó en 2012, dos no estaban presupuestados en origen y se incorporaron a mitad de ejercicio. No por conocido este hecho deja de llamar la atención: falta de transparencia, confusión en las cifras, victimismo originado sobre indicadores de gasto parciales; mala técnica presupuestaria; y con tendencia a empeorar.
El Secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, lo dijo claramente en su última comparecencia en el Congreso hace pocos días, en la que informó sobre los programas especiales de armamento que taparon la ejecución del presupuesto de 2012, motivo también del debate parlamentario que se despachó en cinco minutos: el Ministerio gastó en 2012 un total de 8.709 millones de euros y “en los Presupuestos Generales de 2012 se le asignó una dotación inicial de 6.316 millones de euros”. El resultado es un crecimiento del 38%. La diferencia es de 2.393 millones de euros, que equivale a 398.161 millones de aquellas pesetas.

Las cifras anteriores no incluyen a los organismos autónomos vinculados a Defensa, con un gasto cercano a los 900 millones de euros, que sumados al gasto final señalado por Argüelles nos da una cifra real de gasto en Defensa en España en 2012 en torno a los 9.600 millones de euros.
En origen tenemos el Consejo de Ministros de 30 de marzo de 2012, cuando el Gobierno aprueba los presupuestos tras la prórroga durante el primer trimestre de los de 2011. En ese momento Moncloa habla de 6.316 millones, y destaca una ”reducción de 351 millones en inversiones, fundamentalmente en Programas Especiales de Defensa”.
Por volumen económico, la incorporación mayor a los presupuestos del Ministerio a lo largo de 2012 fue el crédito extraordinario por importe de 1.782 millones de euros aprobado en el Consejo de Ministros de 7 de septiembre de 2012 “para atender al pago de obligaciones correspondientes a programas especiales de armamento por entregas ya realizadas”, argumentaba el Gobierno. El objetivo, se decía, era “atender la deuda acumulada con los proveedores de Defensa durante los años 2010 y 2011, así como los compromisos de pago de 2012 no contemplados en el presupuesto de Defensa”. La figura elegida para el crédito fue un Real Decreto-Ley.
Como ejemplo sintomático, lo sucedido en este apartado es que los fondos previstos para afrontar los programas especiales pasaron de 204 millones de euros en 2011 a 4,95 millones en el presupuesto inicial de 2012, en marzo de ese año el Ministerio de Industria libró 309 millones para compromisos del Eurofighter y en septiembre Defensa aprobó el citado crédito extraordinario de 1.782 millones; todo para hacer frente a unos compromisos de pago en 2012 de 2.370 millones. ¿Resultado? La confusión.
El segundo gran capítulo que se suele olvidar cuando se utilizan cifras de gasto en Defensa corresponde a los organismos autónomos, algo menos de 900 millones de euros en 2012 destinados, en su mayor parte, a financiar el Instituto Social de las Fuerzas Armadas –ISFAS- y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial Esteban Terradas –INTA-; también pertenecen a este grupo el Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de la Defensa –INVIED-, antaño buena fuente de ingresos para el Ministerio; el Servicio Militar de Construcciones; el Canal de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo; y el Organismo de Cría Caballar de las Fuerzas Armadas. Del presupuesto de Defensa desapareció en 2012 el Centro Nacional de Inteligencia, ahora adscrito a Presidencia.
Una tercera inyección económica al Ministerio no incluida en su presupuesto inicial partió del Fondo de Contingencia del Ministerio de Hacienda, 753 millones de euros destinados a cubrir los gastos en las operaciones en el exterior. Aquí destaca la participación militar española en la operación de la OTAN en Afganistán y de Naciones Unidas en Líbano, participación a la baja que el Ministerio cronometra para reducir su carga sobre el presupuesto, independientemente de la utilidad de nuestra presencia en esos escenarios.
La cifra real del gasto ejecutado desmonta gran parte de los argumentos utilizados para justificar un incremento de los recursos públicos destinados a la Defensa, probablemente infradotada en los últimos años para una potencia media con proyección internacional como es –o quería ser- nuestro país, pero que argumenta sobre cifras discutibles.

Los argumentos defectuosos que circulan con mayor éxito en el sector uniformado y no uniformado de la Defensa en España son los siguientes:

Un 75% del presupuesto se va en pagar nóminas

Tomando como referencia los 8.709 millones de ejecución real del presupuesto, al capítulo 1 le correspondieron 4.488 millones, lo que representa el 51% del total.

Descenso de un 25% del presupuesto desde 2008

Teniendo en cuenta el presupuesto ejecutado e incluyendo los organismos autónomos, el gasto en Defensa se incrementó en 2012 un 7,5% sobre 2011, lejos del recorte del 8% con el que fueron presentados sus presupuestos. La evolución seguida desde el máximo histórico en 2008 es de un descenso modesto y bastante menor que el sufrido por otros ministerios. Tomando el capítulo 6 de inversiones, la cifra de 2012 que pasó de 2.800 millones supera la de 2008, si bien el secretario de Estado argumenta que sirvió para pagar compromisos de años anteriores.

España destina un 0,6% del PIB a Defensa

Si tuviéramos en cuenta la cifra mencionada de 8.709 millones, ya se elevaría al 0,9% del PIB. Los más prestigiosos estudios sobre gasto en Defensa a nivel internacional, ya sea el Banco Mundial, el sueco SIPRI o la propia OTAN, añaden también las pensiones de retiro del personal militar y civil (unos 3.000 millones de euros que aquí paga la Seguridad Social). Estas fuentes elevan el gasto español al 1,2% del PIB o algo superior, el doble del porcentaje reiterado hasta por responsables políticos del propio Gobierno.

ANÁLISIS - LA OPACIDAD NO CONVENCE

Defensa tiene un problema de financiación a raíz de los compromisos generados por los programas especiales de armamento durante los últimos 17 años, para pagar los programas en marcha y –más importante- para afrontar nuevo equipamiento que permita dar respuesta a nuevos riesgos a la seguridad (drones, ciberseguridad…).
El problema de la opacidad de sus cuentas es que no permite basar el debate político sobre cifras reales. Y la tendencia continúa. PedroArgüelles reconocía el pasado jueves en sede parlamentaria que el Ministerioseguirá recurriendo a créditos extraordinarios a mitad de ejercicio, y ya prevé para este año una inyección que rondará los 1.000 millones de euros: “Lo normales que estén fuera del presupuesto ordinario, porque eso da capacidad dediálogo y de negociación con las empresas que de otra manera se habría perdido,porque las empresas, sabiendo que teníamos en el presupuesto de defensa 1.500 millones

Tirana (Albania).

España realiza en Defensa un esfuerzo económico inferior a la inversión de las potencias nucleares, lejos de socios de la UE que duplican o triplican nuestra economía, todos ellos con recortes en marcha en personal,capacidades y presupuesto; pero no son nada desdeñables los 12.000 millones deeuros que salen de las arcas públicas.
En ocasiones parece que se quiere para España el gasto en Defensa de EE.UU. (4,5% del PIB), el espíritu nacional de la Albania comunista de Enver Hoxha y muchas veces se mira con recelo a los propios ciudadanos beneficiarios de la Defensa, ya que los españoles parecen tener poca conciencia de lo amenazante que es el mundo de hoy. Un planteamiento ajeno a la realidad presupuestaria y sociológica.
Se dice que el mundo militar es experto en planificación y organización de recursos, e incluso origen del sistema presupuestario español.Mal homenaje se brinda desde el Ministerio de Defensa a esta circunstancia con sus trampas contables. No parece el camino más aconsejable para trasladar a la opinión pública la necesidad de recursos públicos adicionales para nuestra seguridad.

Sugerencias

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Un recorte sin plan, por @CarlosPenedoC

Análisis

Un recorte sin plan, por Carlos Penedo

Artículo originalmente publicado en Estrella Digital, 23-5-2013.

El Ministerio de Defensa, a los 17 meses del cambio de Gobierno, ha hecho pública al fin la esperada reprogramación de los programas especiales de armamento
En líneas generales se habla de un agujero financiero de 36.000 millones de euros que admite matices millonarios: parte ya se ha pagado, parte no se ha recibido y parte nunca se va a recibir. El problema es que los presupuestos del Ministerio tendrían que hacer frente a un desfase financiero anual de 2.000 millones de euros que ni tiene actualmente ni fue previsto cuando se tomaron las decisiones, confiados en un escenario expansivo que llegado el momento resolvería el problema.
Por una parte, un efecto que podría considerarse positivo de la gravísima crisis económica y del desplome de los ingresos públicos que vivimos es que ha puesto fin a las inercias de la guerra fría en materia de suministro de equipos y material para los ejércitos.
El largo plazo de negociación, concepción y desarrollo de los programas de armamento provocaron que en los últimos 20 años España se embarcara en un proceso de adquisiciones adaptado a un escenario geoestratégico ya desaparecido: el caza europeo Eurofighter, los carros Leopardo, las cinco fragatas transoceánicas de la Armada –o antisubmarinas, o las dos cosas-, responden a un teatro que no es el del 2013.
A título de recordatorio, los compromisos financieros de este ambicioso ciclo de adquisiciones se generaron con 16.000 millones de euros de los programas aprobados en la Legislatura 1996-2000 (fragatas F-100, Eurofighter y carros Leopardo); otros 10.000 millones de la Legislatura 2000-2004 (principalmente aviones de transporte A400, submarinos S80 y helicópteros de combate Tigre); y otros 5.000 millones en las dos últimas legislaturas entre 2004 y 2011 (con los helicópteros NH-90 como programa más costoso).
Las paradojas de la política sitúan a Morenés hoy como ministro de Defensa y en la segunda mitad de los 90 como Secretario de Estado, cuando puso en marcha el sistema de adquisiciones que ahora ha crujido.
Es positivo que el Ministerio de Defensa se haya decidido al fin a tomar medidas para resolver un problema más que financiero, también de gestión, de organización, de política de Defensa e industrial. Con ello no hace más que sumarse a lo ya han hecho países cercanos y aliados como Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, si bien todos ellos han suscrito acuerdos bilaterales o de cooperación con socio sinéditos por nuestra parte.
En nuestro caso, a la espera de las explicaciones del secretario de Estado o del propio ministro y del debate parlamentario, parece que hasta este momento se ha encontrado, quizá es lo que se buscaba, una respuesta casi exclusivamente contable.

En líneas muy generales, se reducen pedidos (tercera fase del Eurofighter, blindados Pizarro), se alargan plazos de entrega hasta después de 2015, se confía en la exportación nada menos que de la mitad de los A400 y el planteamiento “restablece la credibilidad ante nuestros socios europeos” y define “un escenario de optimismo” para la industria de Defensa a medio plazo, objetivos y logros estos últimos algo gaseosos.
Quizá la parte más positiva resida en el avance apenas esbozado hacia la centralización de la gestión en la Secretaría de Estado y la reducción de los órganos de contratación, los pasos hacia una agencia de adquisiciones que profesionalice el control de los programas y acabe con la dispersión actual de esfuerzos y responsabilidades entre servicios centrales del Ministerio, ejércitos y empresas.De la información facilitada por Defensa se traduce un esfuerzo de ingeniería financiera para reducir el impacto de estos programas en el déficit público, aplanar la curva de pagos y estabilizar unos compromisos por ejercicio de alrededor de 1.000 millones de euros, que tampoco podrían pagarse con el presupuesto ordinario del Ministerio, lo que requeriría nuevos créditos extraordinarios a mitad de año como sucedió en 2012.

Para llegar a este punto, en el año y medio transcurrido del actual Gobierno se han debido celebrar negociaciones a nivel internacional que han llevado a reducir los compromisos multinacionales firmados sin penalizaciones; negociaciones con los tres ejércitos porque presumiblemente van a ver reducido el control que hasta ahora tenían sobre los programas; negociaciones también con la industria, muy dependiente del Estado como cliente (Defensa e Interior) y abocada quizá ahora a financiar al Estado mediante el aplazamiento de pagos, en devolución de la generosa financiación a coste cero del propio Estado durante las últimas dos décadas. Sería del máximo interés conocer el proceso y los detalles de las negociaciones que han precedido a las medidas presentadas.
A la espera de los detalles, se ha completado el ejercicio de ingeniería presupuestaria de cuadrar unas cuentas que no soportaban el ritmo de los compromisos de pago.
Pero la Defensa supone mucho más que un ejercicio contable. Junto con los números se deben explicar las repercusiones sobre el empleo que tendrá la reprogramación anunciada, empleo importante por su volumen y aún más por su cualificación profesional; la incidencia sobre las capacidades industriales y tecnológicas que nuestro país ha logrado en las dos últimas décadas y cuáles se consideran irrenunciables; la adecuación de las capacidades militares a los riesgos que las justifican; una política industrial asociada a la Defensa; una política de Defensa asociada a la Exterior.
Parece claro que la crisis, y la necesidad de reformar instrumentos de gestión probablemente ineficaces antes incluso de la crisis, requieren medidas contables.
Pero la dimensión del reto obliga a una actuación de mayor coherencia, similar a la realizada en otros países como Reino Unido, donde se puso en primer plano una nueva estrategia nacional de seguridad, de la que derivar una estrategia de Defensa, priorizando riesgos y necesidades, y finalmente una revisión del gasto y los recortes y acciones relacionadas con los medios necesarios para cumplir lo anterior.
Aparentemente el proceso seguido aquí es inverso. La parte contable se impone a la estratégica a la que debe servir.

Sugerencias

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