Javier Astasio
Blogueros

‘Menudos ejemplares’, por Javier Astasio

 
Dijo Mariano Rajoy en su día, al referirse a Carlos Fabra, ese político, ese ciudadano que ayer se alegraba de haber sido condenado "sólo" a cuatro años de prisión, que era un ciudadano y un político ejemplar. Qué ironía. Y más aún si caemos en la cuenta de que esa etiqueta de "ejemplar" se la regala el presidente del gobierno que, en los apenas dos años que llevamos de legislatura, ha empobrecido de manera más severa a los ciudadanos de este país, esa etiqueta se la ha regalado a personajes como el omnipotente presidente de la diputación de Castellón, al tesorero entonces y hoy maldición del PP y suya propia,  Luis Bárcenas, o el ex presidente de la Generalitat, tan dado a hacerle pedorretas a la Justicia, Francisco Camps.
Todos ciudadanos y políticos ejemplares, según Rajoy, al que la mierda ya le llega a los tobillos y al que, por poco que se mueva, ya le cubre la peana. Cuando escucho a Rajoy decir con esas caras, unas veces de miedo crispado y otras simplemente de crispación, no puedo por menos que evocar el gesto de esos defensas "cañeros" que, después de rebañar con saña las piernas del Ronaldo o Messi de turno alzan los brazos y las cejas, mientras se encogen de hombros, como diciendo, todavía con la bota caliente de la patada, yo no he hecho nada.
Sólo el mismo cinismo que mueve al defensa carnicero a mentir tan descaradamente ante los ojos de todo un estadio, puede llevar al presidente del gobierno a burlarse como lo hace de los ciudadanos, no sé si ejemplares o simplemente demasiado pacientes, que le sufren cada día. Una burla comparable a la que sentimos los ciudadanos por parte de la justicia, capaz de la cuadratura del círculo, cuando le conviene al poder que nombra a quienes mueven el escalafón de la carrera judicial y a quienes tienen en sus manos la decisión de nombrar y elevar a lo más alto de la jerarquía a jueces, "cómodos" o afines
Sólo la justicia es capaz algunas veces de, con los mismos juncos, con los mismos elementos, hacer cestos, sentencias, tan diferentes. Así, por ejemplo, en la sentencia de ayer se da como probado que Carlos Fabra medió ante la administración para facilitar y engrasar los negocios de un amigo, del que, también ha quedado probado, recibió dineros, sin que los magistrados del caso hayan sido capaces de establecer la relación entre una cosa, otra y el enriquecimiento obsceno del que durante tantos años ha sido presidente de la Diputación de Castelló y factótum del PP, no sólo en la provincia, sine en toda la Comunidad Valenciana.
La sentencia de ayer, siendo condenatoria y siéndolo, como ya otros han recordado, por los mismos motivos que se condenó al gánster Capone, ha sido una bendición para Fabra, quien, en el peor de los casos, no tomará el sol en el patio de una cárcel. Lo ha sido, como el condenado a cuatro años no ha dudado en reconocer, lo  que da una idea de hasta qué punto entraba en sus cálculos algo peor. De modo que, la de ayer no ha sido una buena noticia para quienes queremos creer en la Justicia igual para todos, Tanto que me creo con derecho a creer que la sentencia es como una enorme y sonora pedorreta del ser más faltón y tabernario personaje de la política española en plena cara de quienes pagamos nuestros impuestos.
Con ciudadanos y políticos tan ejemplares como estos, señor Rajoy, no le extrañe que cada vez sean menos quienes se acercan a las urnas a decidir el destino de este país. A mí me preocuparía, aunque, ahora que lo pienso, a lo peor, a usted es eso lo que le conviene.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

...

Javier Astasio
Blogueros

Pleitos tengas..., por Javier Astasio

   
                      
 
Hablan de ese "pleitos tengas y los ganes, como una de las más terribles maldiciones que recoge el refranero. Y no me extraña, porque cualquier pleito, por sencillo y leve que parezca, supone siempre un desgaste, incluso para el que sale con bien del trance. Y, si eso les ocurre a los ciudadanos de a pie, imaginaos qué puede ocurrir con personajes relevantes, más si se trata de políticos. Pese a todo, no hay que olvidar que hay toda una fauna de personajes que ha hecho del territorio judicial su hábitat perfecto. Gente dispuesta a pleitear por todo, gente con tiempo y dinero para, como quien juega al póker sobrado de resto, sabe que hay que apostar, porque, antes o después, le llegará la racha.
Lo que está claro es que, si quien es llevado ante el juez es un político o un famoso, el morbo se multiplica y, lo que para cualquier ciudadano sería una sucesión de trámites interminables y de declaraciones, se convierte en un serial, una novela por entregas, que, a las redacciones, les permite prever el calendario de la actualidad, al tiempo que tenerla localizada geográficamente. Así, resulta curioso, que por ejemplo, hubiese toda una legión de redactores y cámaras desplegados junto al portal del domicilio de Luis Bárcenas, por si entraba o salía de él, con la única compensación para los hombres de a pie que allí estaban, de poder narrar si entraba o salía y si estaba contento o cabreado.
¿Qué harán, ahora que Bárcenas está en una celda de Soto del Real, me pregunto, esos centinelas, esos jóvenes periodistas? ¿Habrán trasladado sus reales a la entrada de la cárcel?
Hay jueces y abogados que controlan muy bien las interferencias de los medios de comunicación en los procedimientos en que están inmersos. Garzón lo descubrió pronto y, por ellos, apuntalaba en la prensa, mediante las correspondientes filtraciones, cada paso que daba en la instrucción, algo que, durante un tiempo le dio muy buen resultado, pero que, con el tiempo, acabó perdiendo eficacia, porque de entonces a acá todos hemos aprendido y las tácticas de Garzón, que incluso han sido perfeccionadas, están ya al alcance de casi todos.
Filtrar a la prensa amiga cada paso de la instrucción es sólo una parte del juego. Hay otra, sobre todo cuando se investiga a "presuntos" con cargo político o allegados, que es, como en el juego de las damas, dar los pasos justos para avanzar sin que el aforamiento de algún implicado le expulse del tablero. Lo hizo con habilidad Garzón, que investigó a conciencia los alrededores del, por entonces, senador Luis Bárcenas, sin llegar a tocarle, para que el caso no saltase al Tribunal Supremo, como le hubiese correspondido. Y lo acaba de hacer ayer la jueza Alaya, la que investiga el asunto de los ERE de Andalucía, que se ha cuidado muy bien de "ir" a por cualquier personaje aforado, para no perder el control sobre el sumario.
Autos espectaculares, con razón o sin ella, que interfieren en la vida política de este país y que, para nuestra desgracia, permiten marcar los tiempos y las consecuencias de sus decisiones. La trama Gürtel, ahora caso Bárcenas, al PP y el asunto de los ERE al PSOE andaluz, están alterando y lo están haciendo seriamente, la vida política de este país. Y, mientras, los tiempos se van extendiendo, los sumarios se destripan y novelan en crónicas y en tertulias. Y eso lleva a que la sociedad otorgue y quite razones y esas instrucciones se crucen con procesos electorales, en los que el público, como en un terrible "Gran Hermano", otorgue en las urnas  a diputados y concejales actas de inocencia.
La justicia, quién va a negarlo, es un derecho y es necesaria para la higiene de un país, pero debe ser más rápida y más discreta, porque, si no, ese "pleitos tengas y los ganes" se convierte en realidad.
 
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

...

Javier Astasio
Blogueros

Jueces y jueces, por Javier Astasio

 
 
Partamos de una advertencia: tengo una desconfianza innata ante todo aquel que necesita disfrazarse para marcar distancias con quienes han depositado, o no, el poder que ejercen. Hablo de los hombres y las mujeres de la religión, la justicia, y las fuerzas armadas y de seguridad. M diréis que  por qué no también los médicos y demás trabajadores de la sanidad y rápidamente os contesto que, en su caso, lo que llevan es ropa de trabajo. No me gustan las sotanas, los hábitos, las togas ni, en general, los uniformes. 
En el caso de las togas, mi desconfianza innata se ha visto reforzada por alguna experiencia nefasta e indirecta en el mundo de los tribunales y por los años de profesión en que anduve ocupándome de la información de los tribunales. El único consuelo que me queda es que, en alguna ocasión, la justicia que no es justa puede llegar a ser poética. Lo puede comprobar cuando, por mor de un tramposo y ambiguo contrato de arrendamiento, se vio obligado a vender al arrendatario del local que era el resultado del trabajo de toda su vida por un precio fijado en el momento de la firma. El quid de la cuestión y del fallo judicial estuvo en interpretar que pese a que figuraba como una opción, tal opción obligaba a la venta. A mi padre le costó la salud, la minuta del abogad y las costas del juicio. Podría haber recurrido el fallo, pero la salud mandaba. La paradoja es que, al final, justicia se hizo poética cuando el avispado arrendatario sigue sin poder vender, ni al ventajoso precio a que entonces lo compró, el local que ha tenido que cerrar.
Esta digresión personal viene a cuento de que, desgraciadamente, justicia y jueces no tienen por qué ir de la mano y a que, cuando se entra en un juzgado, tiene más posibilidades de salir triunfante el más  avisado y no el que lleva la razón. Lo estamos viendo continuamente, porque continuamente observamos cómo quien tiene dinero y poder para rodearse de una buena cohorte de abogados tiene, salvo excepciones, más posibilidades de salir indemne o beneficiado de los tribunales. O es que hay alguien capaz de creer que otro que no fuese Miguel Blesa, un vulgar chorizo o un estafador de poca monta, por ejemplo, hubiese  podido salir de prisión tan fácilmente, pese a que el montante de su delito no llegase ni a la centésima parte de los 36 millones del crédito que sin garantías, más bien al contrario, concedió a su amigo Gerardo Díaz Ferrán.
Me diréis que la instrucción del juez Silva no ha sido ejemplar, que quizá se ha dejado llevar por la pasión, que quizá haya habido también algo de animadversión hacia el poderoso que se va de rositas y con una pensión de libro, después de haber hundido Caja Madrid y de haber estafados a decenas de miles de sus clientes, arrebatándoles sus ahorros.
Sin embargo, el método es el método y, en los asuntos de la justicia que tiene que ver con las togas, el procedimiento es lo que manda. Y tiene su lógica, porque si no fuese así, de qué vivirían los grandes bufetes de abogados, cómo desmontarían verdades evidentes, cómo conseguirían una segunda oportunidad para que los urdidores del caso Naseiro se zambullesen en la trama Gürtel. Es verdad, el método es el método. El método puede apartar de algunos casos y de la misma carrera judicial a los jueces incómodos con el poder. Ahí tenemos a Garzón que, a su manera, es verdad, consiguió llevar al sanguinario Pinochet ante los tribunales.
Ahora le ha tocado el turno al juez Elpidio José Alonso, de cuyas presuntas rarezas hemos sabido más, en apenas un mes, que del asunto que trataba en su juzgado. Y todo porque ha dado con un poderoso que ha afilado sus garras y ha puesto en marcha toda su maquinaria, haciendo circular dosieres por las redacciones, para presentarle como un juez raro y peculiar, lleno de trampas, capaz de ensañarse con el pobre Miguel Blesa, al que ni siquiera ha dejado casarse tranquilo.
Decía que tengo tendencia a desconfiar de las togas y de los disfraces que dan autoridad, es más, sinceramente creo que algunos de quienes se presentan a la judicatura lo hacen porque oposiciones para la plaza de dios hace mucho que no salen. Pero, aún así, hay jueces y jueces. Hay jueces Robin Hood toman partido por los débiles y hay jueces que, como Pilatos, se quedan siempre a la sombra del poder.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

...

Javier Astasio
Blogueros

Un salto atrás en el tiempo, por Javier Astasio

 
 
No cabe duda de que a este rey alegre y confiado de los últimos años, tras sucesivas meteduras de pata, a cual más grave, las cañas se le han tornado lanzas. Dicen los más sensatos que no se puede pretender tener razón por haberla tenido, del mismo modo que no se puede pretender vivir para siempre de las rentas de unos servicios prestados al país, que fueron muchos e imprescindibles, pero que, también pusieron a salvo la monarquía española. Lamentablemente coinciden ahora en el tiempo un rey cansado y desorientado, con un gobierno que ve como el puchero de los problemas se colma y pretende que el caldo se haga solo, sin siquiera encender el fuego.
Durante todos estos años, la monarquía, o al menos el rey Juan Carlos, no ha sido un problema para España. Más bien al contrario, en algunos momentos fue la solución. Pero las cosas han cambiado y mucho en los últimos cinco años, porque, cuando los españoles lo están pasando peor, cuando ni siquiera tienen la esperanza de cambio que tuvieron en los comienzos de su reinado, sienten a su rey muy lejos y, lo que es peor, poco implicado, aunque sólo fuese en el consuelo de los que peor lo tienen.
Más bien al contrario. Nunca como ahora, a pesar de que en otras ocasiones hemos tenido noticia de su afición a las cacerías, nos ha escandalizado todo lo que puso al descubierto su "tropezón" en Botsuana, sus amistades entrañables, los negocios de las tales amistades y, para colmo, el mas que burdo "rebañar" del plato de la monarquía de su yerno, en el que, para desgracia del rey, aparecen demasiado bien "retratados" la infanta cristina y destacados personajes de la Casa Real.
Ayer, después de la oscuridad y el olor a armario cerrado que dejó el comunicado de Zarzuela, del que nos sorprendió desagradablemente su sorpresa por la decisión del juez Castro y, mucho más, su apoyo a la decisión ordenada al fiscal -no me confundo con el verbo ni la preposición. de recurrir la imputación de doña Cristina, después de tan sombríos nubarrones, las palabras, lógicas por otra parte, del príncipe Felipe en la entrega de despachos a la última promoción de jueces, defendiendo la figura del juez, su independencia, su prudencia y su fortaleza. Pero habló también de momentos complejos, evidentemente para España, pero también para la familia real, para los que pidió a los nuevos jueces valentía, rigor y compromiso. Fue como un rayo de esperanza, como una asunción por parte del heredero del papel que los jueces, también el juez Castro, deben asumir cada día en defensa de lo más sagrado de un país que no es el seguidismo a un símbolo, a una persona o a un régimen, sino la defensa del bien común, el que procura la felicidad y el bienestar de todos sus ciudadanos.
Pues bien, mientras aún resonaban estas palabras del heredero en el salón de actos y en los medios, se debía estar cerrando el acuerdo por el que la Casa Real designaba a Miquel Roca como abogado de la infanta Cristina, para el caso de que la imputación del juez prospere. Un viejo conocido de la sociedad española, "padre" de la Constitución y prestigioso abogado que lleva años profundizando en el concepto de "presunción de inocencia" que, a su juicio, no goza de la mejor de las saludes en la justicia española.
La decisión del rey, implicándose abiertamente en la defensa de su hija y contratando para ella a uno de los personajes más prestigiosos de la transición española, el mismo que se marcho de CiU ante el tapón que el pujolismo le imponía y que tuvo más tarde la prudencia o la necesidad hecha virtud de apartarse de la política después de estrellarse en las urnas cuando creyó, antes de tiempo, que, también en España, cabía una derecha no montaraz y sin raíces en el franquismo. Aquel intento, muy a la americana, que apadrinaron los poderosos Garrigues acabó en estrepitoso fracaso y Roca volvió a la abogacía que ayer, en una carambola caprichosa del destino le devuelve al pasado y la pone de nuevo al servicio de la Corona.
Para Roca y para todos nosotros este acuerdo para la defensa de la infanta es como un salto atrás en el tiempo que vuelve a reunir al brillante constituyente con la que entonces era una niña presente en los actos que exigían la presencia de la familia real junto a la suya y que hoy es una mujer madura con el agua al cuello del desprestigio y la duda por la torpe ambición quién sabe si sólo de su marido.
Haría mejor el rey en apartarse y apartar a su hija del escenario y dejar paso a su hijo, antes de que le alcance el albañal que puede llevarse por delante, no sólo a su padre,  sino a la misma monarquía.
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/
 

...

Javier Astasio
Blogueros

Hasta el final, por Javier Astasio

 
 
En poco más de un año, el tiempo que lleva el Partido Popular en el Gobierno, asistimos a la curiosa resurrección, si es que alguna vez la hubo, de la confianza de los españoles en la justicia. En medio del paro, los desahucios, la estafa de las preferentes y otras desgracias parecidas, únicamente algunas decisiones judiciales vienen actuando como bálsamo reparador de tanto dolor y tanta desesperanza.
Qué poco podía esperar el triunfante PP. a caballo de su demoledora mayoría parlamentaria, que iba a ser en los tribunales donde iba a encontrar el contrapeso que le falta en todo lo demás. No sería justo atribuirle únicamente al ministro Gallardón y su absolutismo a la hora de su pretendida y pretenciosa reforma de la Justicia la reacción de los jueces, pero no cabe duda de que algo está cambiando en la carrera judicial, pero, lo cierto, es que el partido en el gobierno nunca hubiera imaginado el calvario judicial que está pasando.
El propio fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, alguna de cuyas decisiones no fueron muy bien acogidas en principio, acaba de decirle a la ciudadanía lo que estaba esperando y que no es otra cosa que, en los que tiene que ver con Bárcenas, sus cuentas y sus papeles, mientras el gobierno y el PP se empeñan en negar lo evidente, hay indicios suficientes para abrir una investigación y llevarla hasta el final.
Bien es verdad que estos lodos judiciales son la consecuencia de todo el esfuerzo y la profesionalidad de jueces y fiscales que una y otra vez han mantenido vivos casos que instancias superiores parecían querer cerrar a toda costa. Jueces y fiscales que, como Baltasar Garzón, han ido tirando de los hilos que han llevado, por ejemplo, a la localización de todo ese dinero controlado por Bárcenas en cuentas hasta hace poco opacas en la banca suiza.
Esa es la obligación de los jueces: dejar al descubierto toda la basura que se esconde, en este caso en las cuentas del PP, en el más que imperfecto y farisaico sistema de financiación de los partidos. Sería muy deprimente volver a escuchar de prescripciones y sobreseimientos por defectos formales en este asunto. Sería terrible, no sólo por la depresión en que nos haría entrar, sino porque dejaría otra vez impune ese sistema tan parecido al seguido por la mafia más clásica, que infiltra las instancias del poder, especialmente el local, hasta asfixiarlo.
Ojalá tenga razón el fiscal Torres Dulce, ojalá esta película, por una vez, termine bien y se ponga a cada uno en su lugar. Ojalá la justicia acorte la distancia que ahora mismo separa a los ciudadanos españoles de quienes les gobiernan. Y ojalá que ese "caiga quien caiga" que tan interesadamente lanzó al aire Esperanza Aguirre, le alcance también a ella y la obligue a pagar todas sus marrullerías.
 
 
Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

...