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Supervivientes, por @JosefinaLpez

Llevo semanas queriendo escribir en este blog, pero cuando tengo alguna ocurrencia, nada, que tenemos otro caso de corrupción. Y no quiero, quiero dedicarme a hablar de asuntos divertidos, placenteros…Pero no hay forma. Primero me resistí a hacer un recordatorio ...

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Inútiles reverencias, por @JosefinaLpez

Anoche estuve en la presentación de un colectivo cultural y saqué una conclusión que me gustaría compartir. (Por cierto, cuando me llegó la reflexión aún no había comenzado el ‘lunch’, de manera que estaba en plenas facultades). Yo, que en una larga etapa de mi vida (de cuyo nombre no quiero acordarme) he tenido que escribir discursos para políticos, preparar actos (consistentes en delimitar, por no decir vallar, el asiento del alto cargo) y realizar, con el cuidado y el ahínco que un poeta se tomaría su gran creación, la secuencia de un acto (abre fulanito, baja, sube menganito, saluda…), me sorprendo ahora de que en el desarrollo de un evento, cada interviniente comience sus palabras agradeciendo a tal político su presencia, su sola, exclusiva y única presencia, sea diputado ‘emérito’ (de los que ocupan escaño en agradecimiento a los servicios prestados al partido) o concejal a tiempo parcial. Pero antes de ese reconocimiento gratis, ‘porque él lo vale’, en cuanto llega ese cargo público al lugar de celebración se le recibe con cierta pleitesía, casi doblando el lomo, aunque le hayas pedido una subvención para llevar a cabo tu proyecto y te la haya negado. Si después, el acontecimiento incluye cóctel, se le sitúa en un lugar apartado, vip. Y veo impertérrita cómo se le ofrece, se le presenta a unos cuantos elegidos, se le pregunta si tiene frío o calor…y nos olvidamos de que es quién es porque nosotros lo hemos decidido. No es nadie tocado con cetro divino, ni obra milagros, ni es un cerebro privilegiado procedente de Oxford, ni tiene el poder para casi nada. Si no ¿cómo íbamos a estar donde estamos? Así es que mi reflexión es que cuando los ciudadanos dispensamos ese trato exclusivo estamos apartando al político de la normalidad, de lo común, de lo cotidiano. Tenemos parte de culpa de que estén tan alejados de la realidad, de la calle. Y no sepan lo que cuesta un café ni estén acostumbrados a pagar, e incluso pasen los tiques de los bombones que se comen. Dejémonos de idioteces y de falsas e inútiles reverencias, que duran lo que dura el susodicho en el puesto. Porque, eso sí, luego, cuando han dejado el puesto, si te he visto, no me acuerdo.

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No me importa equivocarme, por @JosefinaLpez

Llevo semanas sin aparecer por aquí. Demasiadas para mí. Pero es que estoy en este sitio por propio interés personal sin más ni más grande objetivo. Esto de escribir respondió siempre a un interés muy íntimo y personal de consolarme y ordenarme. Algo infinitamente alejado de ese otro plan consistente en dar a conocer lo que pienso porque me creo un gurú de la opinión pública. Para nada. Mis modestos objetivos no me llevarán a ninguna meta, pero me llevarán a mí. Y digo esto porque he repasado todas estas entradas y, pasado el tiempo, con algunas ahora no estoy muy de acuerdo y con otras… lo habría dicho de otra forma. Sin embargo, lo peor es que observo un tono machacón, tristón, desesperanzado. Y yo soy así, sí, pero sólo a ratos. También he pensado en si estas entradas, en esta etapa en la que estoy inmersa, me benefician o me perjudican. La sociedad en general tiende a estigmatizarte, a colocar etiquetas: rojo, facha, perro flauta, parado, indignado, pijo, burgués…y lo cierto es que una única persona lo puede ser todo en una vida, incluso en un momento. A mí me ha pasado, he trabajado fielmente para aquellos que ideológicamente estaban al otro lado de mi inclinación política. Se puede hacer, hacer muy bien, y no eres un hipócrita ni un traidor por ello. Nunca hice apostolado con mis creencias, aunque a mí sí han intentado captarme en más de una ocasión, sobre todo en campaña… pero no compro lavadoras por teléfono. Soy sorda ya a los cantos de sirena. Y esto me lleva a decir alto y claro, aunque me arrepienta por el tono, que me importa una mierda que empiece la campaña electoral porque sinceramente no creo que los resultados europeos, sean cuales sean, mejoren mi vida, ni la mía ni la de mi familia cercana o lejana, ni la de mis amigos, ni la de mis conocidos… Y, como diría aquel, lo digo sin acritud y, sobre todo sin tristeza. Es más, lo digo con el alivio que da la seguridad de poseer la certeza o la verdad sobre algo. Ojalá me equivoque y vuelva a ruborizarme en un tiempo por esto que escribí, por ser un gran error de cálculo y por creer hoy que en política ya nada es para los ciudadanos. No me importa equivocarme.

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