Javier Astasio
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Calor y cárcel, por Javier Astasio

 
 
Mal asunto para la dirección del PP, esta salvaje ola de calor que se ha desatado en  los últimos días en España. La soledad de la celda y el calor son malas consejeras y más cuando el que ha de recibir sus consejos viene del lujo, cargado de soberbia y con la sensación de estar siendo utilizado como chivo expiatorio. El invierno es menos duro. El frío es más fácil de combatir que el calor y siempre queda el recurso de dormir. Pero quién duerme en verano a treinta y tantos grados.
Eso es lo malo. Encerrado, sometido a horarios y disciplina, quien está acostumbrado a los espacios abiertos, al lujo y a dar las órdenes a los demás, es lógico pensar que ese "chivo expiatorio" no haga más que dar la vuelta en su cabeza a esos pensamientos que tanto preocupan en Génova, 13, porque, antes o después, cuando recupere su sangre fría y ponga en orden sus pensamientos, el pájaro puede empezar a cantar desde su celda melodías que no van a gustar a más de uno.
De hecho, ayer mismo, los trinos del pájaro Bárcenas han empezado a aflorar en una entrevista con el director de ELMUNDO, celebrara días antes de entrar en prisión, en la que confirmó lo que ya era evidente: que el Partido Popular lleva al menos veinte años financiándose ilegalmente. Pero, además, Luis Bárcenas le contó a Ramírez cómo entraba, se consignaba y distribuía en la sede nacional del PP el dinero de los donantes. Todo muy a lo "Soprano", mediante bolsas y maletines, con ajustes en el "peso" del óbolo, para poder ingresarlo en los bancos correspondientes, sin que el Tribunal de cuentas pueda hacer objeción alguna, y destinando el resto a pagar sobre sueldos, sobrecostes de campañas electorales y quién sabe si alguna sobrecogedora comisión para los "cocineros" del pastel.
Está claro que Rajoy sabía de sobra en que andaban Bárcenas y Lapuerta. De hecho, de lo publicado ayer por Ramírez se desprende que el presidente había dado a Bárcenas garantías de que no le iba a pasar nada. Sin embargo, esa manía que tiene Mariano Rajoy de lanzar los problemas al aire y dejar que se vayan recolocando y asentando solos ha dejado que asomen demasiados cabos de esta trama y que las familias enfrentadas en el seno del partido hayan tirado de ellos para atrapar a sus rivales, con lo que sería muy difícil encontrar ahora mismo sucesores a quienes ocupan la cúpula del partido si, como parece, la tormenta Gürtel se los lleva por delante.
Bárcenas lo sabe y Bárcenas sabe que lo que le está pasando tiene su origen en su falta de sintonía con la secretaria general María Dolores de Cospedal, a la que manda un "recadito", involucrándola en el cobro de una comisión de 200.000 euros, para el PP castellano manchego, por la adjudicación de una contrata de basuras del ayuntamiento de Toledo. Se ve que, al verse atrapado, Luis Bárcenas, como hacen los francotiradores paranoicos en universidades y centros comerciales de os Estados Unidos, se ha subido a la torre y no piensa dejar con vida a todo aquel que se le ponga a tiro.
No sé si, como alguno de esos perturbados, habrá guardado una bala para sí mismo. Lo dudo, porque no tiene pinta de héroe. De lo que estoy seguro es de que el calor de esta semana, allá en su celda de Soto del Real, va a refrescarle -valga la paradoja- la memoria y, como e dinamitero frío y calculador que es, va a comenzar la voladura controlada de lo que queda de su partido.
 
 
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Javier Astasio
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Tenemos que hacerlo, por Javier Astasio

A algunos dirigentes del Partido Popular, como por ejemplo su secretaria general, les gusta mirar al pasado para darnos lecciones sobre el presente. Lo hizo María Dolores -qué acierto de nombre- de Cospedal, cuando acusó de nazismo a quienes se plantaban ante los portales de sus compañeros de partido para recordarles que podían hacer y no hacían nada para evitar el drama de los desahucios y lo hacen todos y continuamente para justificarse en diferido, acusando a otros gobiernos pasados de sus pecados presentes.
Pues bien, a esos miembros del partido popular que tanto gustan de mirar el retrovisor les recomiendo ver un documental tan sencillo como terrible -Apocalipsis, Segunda Guerra Mundial- que reconstruye los horrores de entonces utilizando las películas de aficionado que rodaron soldados alemanes en sus campañas y las cartas que éstos enviaban a sus hogares, junto a otras cintas que recogían la plácida vida cotidiana en la Alemania todavía triunfante.
Algunas de esas imágenes son estremecedoras y no aptas para estómagos sensibles, porque recogen con toda crudeza asesinatos, palizas y humillaciones, especialmente a judíos. Sin embargo, de todos los testimonios, el que más me ha afectado y que aún hoy al levantarme rondaba mi pensamiento es el de un ciudadano polaco que mezclado con los invasores pudo filmarles en sus horas de asueto, al tiempo que captaba la destrucción y muerte que causaban. Un testigo de excepción que logró sacar sus películas de Polonia y que más tarde relató que, cuando preguntó  a un oficial alemán el porqué de tanta destrucción y dolor, éste le dijo "tenemos que hacerlo", para añadir que los polacos son muy orgullosos y no estaban dispuestos a rendirse.
¿Tenían que hacerlo? ¿Tiene que causar tanto dolor y tanta pobreza este gobierno? Evidentemente, en el caso de la Polonia arrasada, tanto daño era innecesario, Alemania quería crecer y el cabo Hitler quería vengarse de la humillación, posiblemente innecesaria, que siguió a la Primera Guerra Mundial. Sólo eso, junto a la incapacidad para ver el dolor ajeno, podía explicar, aunque no justificar, infligir tanto dolor a tantos. Y me temo que el gobierno de Rajoy y su partido, en otra escala, también están en ese aséptico e insensible "tenemos que hacerlo".
Cómo explicar, si no, que asistan impávidos a la mayor destrucción de empleo de la Historia de este país, cómo entender que no hagan nada por cambiar la maldita reforma laboral que ha abierto todas las espitas para que las empresas se desprendan del "lastre" de centenares de miles de trabajadores que, aunque sobradamente experimentados, cometen el pecado de cobrar por encima de los sueldos de miseria que están dispuestas a pagar. Eso explica en parte la cruel actitud de este gobierno, está asediando y masacrando a los trabajadores, en activo o en paro, para que se rindan y entreguen el país al capital sin escrúpulos, para el que una herramienta, una máquina, un edificio o una fábrica valen lo que puedan sacar por ellos, sin importarles para qué sirven o qué hacen.
España tiene ya seis millones doscientos mil parados y un millón seiscientas mil de esas víctimas son víctimas de los bombardeos que, con munición y armamento venidos de fuera, fundamentalmente de la intransigente Alemania. ¿A qué espera este gobierno para hacer algo? ¿A que toda España sea un mar de escombros, hambre y lágrimas? Ayer, Cáritas no pudo hablar más claro. Pintó un desolador retrato del paro en España, que, como los bombardeos sobre Polonia o Guernica -hoy se cumplen 76 años de él- ha dejado a familias sin casa, niños sin hogar y una legión de muertos vivientes que han perdido el futuro.
Seguramente hoy, cuando alguien, por fin, dé la cara para explicar el desastre que han causado sus recortes y sus leyes, no creo que ese alguien sea el cobarde Rajoy, repetirá eso de "tenemos que hacerlo".
 
 
 
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