Javier Astasio
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A 300 euros la partida, por Javier Astasio

 
 
A menudo tengo la sensación de que nos toman por tontos y de que nos administran la información como se administran las cucharadas de jarabe al niño que tose y sospecho que todo lo que nos dejan saber tiene una finalidad y unas consecuencias perfectamente calculadas. Alguna cosa he visto en mis años de profesión. Sin embargo, habrá sin duda quien crea que quizá estoy pecando de malpensado, pero, como mi pensamiento es mío, lo pienso como quiero.
Digo esto porque este fin de semana hemos sabido -se ha filtrado a la prensa para que lo sepamos- que los diputados del Partido Popular en la Asamblea de Madrid. Bartolomé González y María Isabel Redondo, sorprendidos "in fraganti" y fotografiados por el reportero gráfico de EL PAÍS, Álvaro García, mientras, en el pleno en el que se estaba dando forma "legal" a la llave que permite al PP privatizar hospitales y centros de salud en la Comunidad de Madrid, andaban enfrascados en una, espero que al menos apasionante, partida de "Apalabrados", el juego de moda para quienes gozan, a veces pagados con dinero público, de cachivaches digitales, llámense tabletas o smartphones, con la correspondiente tarifa plana de conexión a internet.
Todo esto viene a cuento de que este sábado a eso del mediodía, cuando los informativos suelen ir secos de noticias, se nos hizo saber que González y Redondo habían sido sancionados, digo yo que por aquel acto de desprecio a la cámara -cámara de representación, no del fotógrafo, que ni la olieron- y al cargo que en ella ocupan en nombre de sus votantes. La información nos aclara que el importe de la sanción es de 300 euros por jugador, más una amonestación pública y que la pidieron ellos mismos abrumados por la trascendencia de su "travesura".
La información aclara que 300 euros es la mayor sanción que se les puede imponer según el reglamento de su grupo y a mí me llevan los demonios cuando pensó que trescientos euros, con suerte un poco más, es lo que ganan muchos "afortunados", algunos con currículos rebosantes de títulos, másteres e idiomas, por trabajar todo un mes a media jornada, por no hablar de becarios, a los que, si son sorprendidos en la misma actitud que estos dos diputados en el pleno, correrían serio peligro de ser puestos en la calle, gracias entre otras cosas a la reforma laboral aprobada por su partido y que, de haber sido elegidos para el Congreso, en lugar de para la Asamblea, también hubiesen aprobado entre jugada y jugada.
Pero, a lo que iba, insisto en que la filtración de esta noticia no es inocente. Y no lo es, porque coincide en el tiempo precisamente con el anuncio del propósito del PP de reducir a la mitad el número de diputados de la Asamblea, algo que, en absoluto castigaría a la representación del PP. en la cámara, más bien al contrario, y, sin embargo, alejaría del parlamento madrileño a las pequeñas fuerzas emergentes, deteriorando seriamente la representación de los ciudadanos en el mismo. Por ello, sacar ahora del baúl -la sanción a los diputados se produjo hace más de un mes- el mal ejemplo de estos dos diputados es poner munición en manos de Ignacio González y su mentora la condesa de Murillo, doña Esperanza, para arrinconar más si cabe a la izquierda en la Asamblea.
Por lo demás, si nos paramos a pensarlo, pagar trescientos euros por jugar una partida, apenas es nada para el partido de un señor que dice haber pagado 770.000 por un ático en la playa o de otro que, como tesorero del mismo, controlaba 22 millones de euros en discretas cuentas en Suiza.
 
 
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