Sumergir el empleo, por Javier Astasio

 
 
Como diría un viejo amigo ¿por qué a todos los tontos les da por lo mismo? Y es que pareciera que, desde que los gobernadores del Banco de España no pueden emitir moneda, al cabo de un tiempo sufren de una tremenda melancolía que les lleva a meter las narices en asuntos que no les son propios y que lo hacen con propuestas, no sólo descabelladas, sino, a veces, insultantes.
Ya sufrimos el acoso pertinaz de Miguel Ángel Fernández Ordóñez a la legislación laboral y a los, en su opinión, excesivos costes laborales en España, mientras incumplía su deber de supervisar y vigilar el sistema bancario español, permitiendo, si no propiciando, el saqueo de las cajas de ahorros con el consiguiente deterioro del sistema financiero. Luego, con poner cara compungida y decir que la fusión de Bankia pudo haber salido bien, aunque salió mal porque hubo una segunda recesión con la que no contaban, se da por satisfecho. No fue capaz de verlo, pero se empeñó día sí y día también en recomendar la flexibilización del empleo, el abaratamiento del despido y la rebaja en los salarios, sin decir nada destacable sobre la raquítica labor de inspección de la Agencia Tributaria o sobre el desmedido beneficio de algunas empresas y el preocupante avance de la economía especulativa en el tejido financiero español.
No. De eso no dijo nada y ahora, un año y medio después de su salida del despacho de Cibeles, el PP ha cumplido todos sus deseos de abaratar el despido y flexibilizar el empleo y nada ha cambiado, si no ha sido a peor. Por contra y a pesar de su insistencia. El sistema financiero se desmoronó y el rescate facilitado con graves contraprestaciones sociales a España se destino a tapar los agujeros que él no supo ver en el sistema financiero, sin que éste haya sido capaz de hacer fluir el crédito a los particulares y las pymes, precisamente cuando es más necesario que nunca.
Ahora, por si no hubiésemos tenido bastante con el diagnóstico y las recetas de Fernández Ordóñez, su sucesor al frente del Bando de España, Luis Linde vuelve a la carga con ellas, proponiendo algo tan peregrino como saltarse las leyes vigentes en España, permitiendo la coartación fuera de convenio y el pago de salarios por debajo del mínimo interprofesional, además de recomendar que se acorten los plazos para llevar la edad de jubilación a los sesenta y siete años ¡Qué perspicacia la suya, qué buen análisis el de Linde! Y es capaz de decir lo que dice después de admitir lo que es evidente para quien quiera verlo: que la reforma laboral del PP ha tenido efectos negativos, propiciando centenares de miles de despidos, ha deteriorado la calidad del empleo, sin que, a cambio, se hayan creado los puestos de trabajo prometidos.
Qué pretende Linde, convertir a los futuros contratados bajo sus recomendaciones, que, de momento, ni el propio Gobierno defiende, en esquiroles que sirvan de coartada a los empresarios para seguir exprimiendo y acogotando a quienes todavía conservan su puesto de trabajo. Si es por puras razones economicistas, yo se lo pongo fácil, señor Linde. Basta con encadenar a los trabajadores a la máquina con que trabajas, al mostrador o al teclado y la pantalla de ordenador que tienen delante, dejándoles, eso sí, un plato con el rancho cerca. Y si no son capaces de sobrevivir mucho tiempo, al que caiga, se le desencadena y se ponen sus grilletes a un nuevo trabajador llegado de la oficina de empleo, a ser posible de los que cobran subsidio, para que el Estado pueda seguir pagándoles, a usted, a su eficaz  servicio de estudios  y a sus subgobernadores -que según dijo, no sé si con envidia, cobran más que usted, sus sueldos que, esos sí, están fuera de convenio y no sé si dan para recompensar tan geniales ideas.
Felicidades, señor Linde, ha dado usted con la solución. Ya que parece que no hay voluntad de acabar con el fraude fiscal ni con la economía sumergida, lo mejor es sumergir -aún más- el empleo. Siga usted ganándose el sueldo, pero aclárenos, si es tan amable, para quién demonios trabaja.
 
 
 

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