Su señoría y la trampa, por Javier Astasio

 
 

Cada día mis viejos compañeros se encargan de despertarme con algún nuevo sobresalto. También hoy en que todo apuntaba a que la semana iba a ser clave en escenarios como, Italia, Venezuela t, claro, España. Todo bajo control y todo perfectamente previsible, hasta que la habitual Revista de Prensa ha arrancado en un escenario inesperado y con munición de la gruesa, porque munición gruesa es que un diputado, secretario además del Congreso, el popular Santiago Cervera, haya sido detenido al recoger el sobre que el presidente de Caja Navarra, por consejo de la Guardia Civil, había ocultado en las murallas de Pamplona para "dar caza" al anónimo autor de un intento de chantaje al banquero, al que había amenazado con revelar un presunto enriquecimiento irregular.

Santiago Cervera, alto, buen mozo y médico especializado en Dirección de Servicios Sanitarios, alcanzó en UPN y con Miguel Sanz como presidente, la Consejería de Salud del Gobierno Navarro. Para, más tarde, tras su fuga de Unión del Pueblo Navarro hacia las filas del PP, convertirse en un brillante diputado, secretario del Congreso de los Diputados que es, además, habitual en alguna que otra tertulia radiofónica.

Al parecer Cervera explicó a la Guardia Civil que había sido víctima de una trampa, algo evidente sea cual sea el final de la historia, y sin serle tomada declaración, dada su condición de aforado, fue puesto en libertad. No me quiero ni imaginar la cara de sorpresa de los agentes cuando descubrieran la identidad del detenido, pero debió ser de libro. Tampoco puedo imaginarme por qué tanto silencio en quien pasa por hábil y brillante orador. Dice que lo mantiene por consejo de su abogado, pero, en mi inocencia, pienso que lo mejor sería explicar cuanto antes su presencia en el lugar de a cita, si es que tal presencia tiene explicación, claro.

Asunto chusco donde los haya, el del paseo de Cervera por las murallas de Pamplona. Chusco y preocupante, porque en este país estábamos acostumbrados a que los diputados que tenían problemas con la benemérita los tuviesen por asuntos de tráfico, con o sin alcohol por medio. Malo sería para la ya quebrantada moral de los ciudadanos que uno de sus representantes más distinguidos, porque el secretario del Congreso no es un diputado cualquiera, se viese involucrado en un asunto tan turbio y que no pudiese justificar, más allá de una excusa que no pueda probar, en un asunto tan turbio.

Quiero creer que así va a ser. Quiero creer que aparecerá una tercera persona como autora de la trampa de la que habla Cervera. Quiero creerlo, porque sería muy triste tener un diputado de esas características. Pero cada minuto que pase sin una explicación clara y coherente van a crecer las sospechas sobre su señoría. De momento, dice que fue la curiosidad la que le llevó, después de recibir un correo que le hablaba de información sobre la mala gestión de la caja, la que le llevó hasta la muralla.
 
 

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