Son como son, por Javier Astasio


Entiendo que debe ser muy duro, a cada paso que das fuera de La Moncloa, en esas visitas de partido que te organizan desde la calle Génova, andar mirando con quien te abrazas, a quien das la mano o con quien te besas. Sobre todo, si el paisaje del paseo que tu querrías triunfal es el campo de minas que, para el PP, ha acabado siendo la Comunidad de Valencia. Abras por donde abras el álbum de "familia" del PP valenciano, los dirigentes nacionales aparecen rodeados de personajes que, como  le dijeron de sus colaboradores hace unos días a Esperanza Aguirre, o están en la cárcel o van camino de ella.
Ayer mientras todavía resonaba en nuestros oídos el eco de ese "...Uno, dos mil, tres mil, quatre mil, cinc mil, sis mil, set mil, vuit mil, nou mil, deu mil, onze mil, dotze mil euros... dos milions de peles" con que Alfonso Rus -treinta y seis años en política, la mayoría en el PP y en la presidencia de la diputación de Valencia- contaba con su hombre de confianza lo que parece ser el resultado de una comisión procedente de alguna recalificación o alguna de esas contratas por las que, según se dice, se cobraba el tres por ciento, ayer, Rajoy, volvió a hacerlo y, ante la evidencia de lo que no puede ocultarse y, según su propio partido, "abochorna", dijo que "somos como somos" y a otra cosa mariposa.
Y lo dijo, porque sabe parea quien habla. Habla para los que han cambiado o esperan vender, una ver recalificado, la huerta o el naranjal de los abuelos por un puñado de billetes de esos que cuenta Rus en la vergonzante grabación, con el que comprar un mercedes, mandar a los chicos a la universidad o, simplemente irse de putas hasta hartarse. Habla para quienes han cambiado su oficio de agricultores por el de albañiles o, con suerte, constructores y, en dos décadas prodigiosas han ganado el dinero "a espuertas", mientras los bloques de apartamentos cubrían el sol y el suelo.
Rajoy sabe muy bien para quien habla. Y no es para ti ni para mí, que me sublevo cuando, mientras preparo mi comida, escucho en la radio sus indecentes tautologías, hasta el punto de arrancar a hablar solo y poner en peligro la integridad de mis dedos. Rajoy sabe que, si no todos, casi todos, llevamos dentro más o menos oculto, un ser egoísta y despreciable, que antes o después se escondería en un coche a contar ese dinero negro de vete a saber qué negocio, si alguna vez se pone a nuestro alcance.
Rajoy sabe que, si nos lo ponen fácil, dejamos de pagar el IVA de las facturas, sabe que más de uno dará la razón a los messis, neymares y ronaldos, si se ponen en huelga para pagar menos impuestos, por los contratos que bertomeus o florentinos hacen de espaldas a Hacienda, porque creemos que valen lo que piden, Rajoy lo sabe y cuenta con que ese monstruo que llevamos dentro es, muchas veces, el que decide el voto.
Rajoy lo dice "hemos cometido errores" pero "somos como somos". Yo os digo lo mismo. Hemos cometido errores como, por ejemplo, votando llevados por el egoísmo o el miedo a quienes cobran sobresueldos, viven en chalés o áticos que un sueldo decente, por alto que sea, no puede pagar, a quienes un mes sí y otro también les toca la lotería, a quienes, a veces, acaban contando "uno, dos mil, tres mil...", a quienes hacen eso o a quienes lo han consentido. Hemos cometido errores, pero somos como somos y, si nos lo proponemos, si vencemos a ese monstruo egoísta que llevamos dentro, podemos cambiar las cosas y mandar muy lejos a todos estos que "son como son".

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