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¿SOMOS TAN DE DERECHAS?, por Javier Astasio

 
Quién me iba a decir a mí que viví  los últimos años del franquismo que, precisamente cuando el país lleva años caminando hacia atrás, cuando todas las conquistas de la democracia, todas, sufren las dentelladas de los recortes, cuando las consultas y las urgencias de los hospitales se saturan día sí y día no, que cuando faltan plaza para escolarizar a los hijos de los hijos del "post baby boom" y los colegios públicos se caen a pedazos, con profesores explotados y cansados, cuando los pensionistas han tomado las calles, hartos de pensiones escasas que encogen cada año y del desprecio de quien debería velar por ellos, cuando los recursos se niegan que se niegan para la dependencia se destinan a rescatar bancos y autopistas o a armamento... quién iba a decirnos que, con este panorama, que tanto se parece a aquellos primeros ochenta, íbamos a llenar de votos el cesto de los partidos de la derecha.
Quién me lo iba a decir, pero ahí está el resultado del último sondeo del CIS, en el que el PP, aunque cada vez con menos apoyo, seguiría siendo el partido más votado, el PSOE sigue sin despegar, sin  capitalizar los errores y los escándalos de la derecha más corrupta que ha conocido la democracia, lo mismo que Podemos, que sigue sin recuperar la confianza de quienes tantas esperanzas pusimos en ellos, mientras Ciudadanos, el lobo con piel de cordero, el nuevo partido de la derecha económica, el partido del alma vacía, capaz de pactar con unos y con otros, sin hacer ascos a nada, le come el trozo de tarta del PP, mientras le sirve de salvavidas en escándalos tan groseros como el que ha llevado a la dimisión a la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes.
Ciudadanos, es ya, según el CIS, la segunda fuerza política y yo, la verdad, no acabo de entenderlo, porque qué ha hecho para hacerse merecedor de tanto voto. La única explicación que le encuentro es la de que a los españoles les pueden el miedo y el egoísmo, el miedo a los cambios, especialmente a ese Podemos que, aunque, al contrario que el resto de los partidos, ha trabajado y bien en la calle y en los barrios, no ha acertado a la hora de seducir a quienes necesitaría para llegar al gobierno y, desde hace meses, se muestra dividido, más preocupado por el poder interno que por alcanzar e que realmente sirve para transformar la sociedad.
El PP lo sabe y, por eso, no duda en defenderse del PSOE, su enemigo natural, acude a los fantasmas de la "izquierda radical", sumando el lastre de Podemos a la ya de por sí lastrada barca socialista, en tanto que Ciudadanos, tan parecido a sus amos y mentores, los bancos, acapara los votos, capta las esperanzas de tantos españoles como hay cansados, decepcionados y asustados, para invertirlos, no en beneficio de todos, sino en el de los de siempre que, ahora sí, han encontrado ese caballo ganador que no fue Miquel Roca en su día.
En este panorama, habrá quien crea que Cataluña vive una situación prerrevolucionaria, aunque nada más lejos de la realidad, porque Junts per Catalunya, el partido de Puigdemont, no es otra cosa que los restos recosidos del partido de Pujol, carcomido de corrupción y Esquerra, pese a su dialéctica, está más cerca del carlismo marchito en el resto de España y refugiado en las escarpadas montañas del nacionalismo.
En fin, que lo nuestro da lástima, porque cuando más necesitábamos una izquierda transformadora, dispuesta a reflotar el país, como ha hecho en Portugal, menos atractivo se hace votar a la nuestra, porque me niego a creer que seamos tan de derechas. Espero que el tiempo me dé la razón, aunque cada vez estoy más cerca de pensar que, desgraciadamente, lo somos.