Sólo 1,2 millones, por Javier Astasio


Yo, que me pierdo en mis propias cuentas, reconozco que no soy la persona más indicada para bucear en las ajenas y más si son las cuentas de un monstruo con cabeza de oso y cuerpo de ladrillos y humo. Pero la anterior confesión no me incapacita para opinar sobre dos hechos, a mi entender, lamentables.

El primero tiene que ver con la figura de Rodrigo Rato, un hombre que, si en un momento dado pareció que iba a serlo todo en política, se fue apartando de la primera fila para dar con sus huesos, gracias a los apoyos de quienes parecían querer "quitárselo de en medio" y al prestigio que le dejó su paso por el gobierno de Aznar, en dorados y prestigiosos exilios exilios de la política, de los que, al final, acaba saliendo antes de tiempo y por la puerta falsa.

La de ayer, es la segunda vez que Rato no concluye un mandato. Ya lo hizo sorpresivamente al dejar su puesto de director gerente del FMI por razones personales, empañando de algún modo el prestigio de quienes le habían dado su apoyo para llegar allí. En esta ocasión parece que se forzado por Rajoy y su ministro de Economía, del mimo partido que le colocó al frente de Cajamadrid, aunque no sé si de la misma familia. El caso es que parece que los pasos dados por Rato al frente de la caja, creación de Bankia incluida, no han sido del gusto de De Guindos.

También hay quien piensa que lo que hace el Gobierno forzando a salida de Rato es curarse en salud ante las críticas que ya comienzan a negar por emplear, en tiempos de recortes y sacrificios, siempre para los mismos, dinero público que se está negando al Estado de Bienestar en el rescate de una entidad bancaria privada que lleva tiempo escondiendo bajo su alfombra la basura de su política de colaboración enloquecida y necesaria en el desastre de la burbuja inmobiliaria. Quienes defienden esta segunda teoría creen que sería incómodo para el Gobierno comenzar a inyectar a inyectar dinero público procedente de nuestros impuestos, precisamente en una entidad presidida por "uno de los suyos" que, además lleva tiempo reclamándolo, en contra del criterio, al parecer ya superado, del ejecutivo.

En esas estamos. Este gobierno de neoliberales que huyen como de la peste de todo lo que huela a público, por ineficaz y ruinoso, se van a gastar nuestro dinero en reflotar una entidad que ha ido acumulando bajo su alfombra y convenientemente camuflados los frutos, no sólo propios, sino de Bancaja y otras cajas ladrilleras, del delirio inmobiliario. Nos dirán, ya nos lo dicen, que esos miles de millones destinados al parche no son a fondo perdido, sino que son sólo un préstamo, pero lo cierto es que se dinero está haciendo falta, y mucha, en otra parte y a mí me hubiese complacido más que Bankia, si tan mal está y tanto nos cuesta, debería pasar a manos públicas, como ha ocurrido en casos similares en el Reino Unido y en los Estados Unidos.

Otro asunto es lo que se va a llevar Rato tras su "espantá". Dicen que el límite está sólo en un millón doscientos mil euros, lejos de los sesenta y tres millones que se llevó del BBVA su sucesor al frente de Bankia. Y eso que, al parecer, Rato se va por no tener que ponerse a las órdenes de Goirigolzarri. Sólo un millón doscientos mil euros ¡quien los pillara!


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