Sola o en compañía de otros, por Javier Astasio


Ayer, cuando llegué a casa, me enteré de que la ministra de Sanidad, ese pasmarote a la vez inerte y asustadizo de firmes convicciones religiosas y moral distraída en lo económico que Rajoy situó al frente de un ministerio que iba a resultar clave en medio de la crisis en la que iban a sumergirnos, y me alegré. Me alegré, pero no tanto como me hubiese alegrado saber que Ana Mato se iba porque le atormentaba la idea de haber expulsado de la sanidad universal a ciudadanos a los que, sin trabajo, sin recursos o sin papeles conciencia, esa crisis les ha golpeado con mayor contundencia.  Del mismo modo me hubiese alegrado que hubiese tomado la decisión a primera hora de la mañana después de no haber soportado mirarse al espejo sabiendo como sabe que muchos pensionistas han dejado de tomar los medicamentos que les ayudan a mantenerse vivos, para poder comer hasta final de mes o dejan de comer carne o pescado para poder pagar los medicamentos que les son imprescindibles, porque usted, ustedes, decidieron que los tomaban casi como golosinas y que se había acabado eso de que los recibiesen gratuitamente.
Ojalá lo hubiese pensado cualquiera de esas mañanas, mirando como el servicio vestía a sus niñas, recordando quizá aquellos días felices de lujosos cumpleaños o caprichosos viajes a Eurodisney, quizá echaba de menos en el jardín esas flores descomunales de las fiestas o el delicado rumor del jaguar de Jesús (Sepúlveda) que ya no duerme en el garaje como tampoco él duerme en casa. Quizá, al echar una ojeada a la habitación vacía haya descubierto alguno de los lujosos bolsos de Loewe en cualquier rincón de la misma. Hubiese estado bien que así fuese que pensando en todo ello hubiese llamado a su amigas Ana (Botella) o Esperanza (Aguirre) con las que vivió su fulgurante ascenso en la política.
Me hubiese alegrado, y cómo, que la dimisión de ayer hubiese sido la respuesta a aquella pregunta del periodista que, en pleno caos social y sanitario causado por el contagio de una de las sanitarias que atendieron a los misioneros enfermos de ébola, evacuados de Sierra Leona, se atrevió a querer saber si pensaba irse. Me hubiese sido que la dimisión hubiese sido consecuencia de un ataque de dignidad de la ministra el día en que fue claramente desautorizada por su amigo Mariano, que colocó a la vicepresidenta al frente de la gestión de una crisis que ella se había mostrado evidentemente incapaz.
Pero no. La decisión la tomó, o la anunció, ya muy entrada la tarde, después de haberse visto con su amigo Mariano, para el que dirigió la campaña electoral que le llevó a La Moncloa y que hoy no ha tenido ni una sola palabra para ella, ni siquiera al contemplar desde la tribuna del Congreso, el hueco que tan fiel y sufrida colaboradora había dejado en el banco azul. Quizá nos quedaremos sin saber quién pidió ver a quién, aunque, a la vista de quien sale beneficiado de esa entrevista, aunque sólo sea de momento, y de quien la perjudicada y dimitida, queda claro que fue el presidente el que llamó a su ministra pasmada.
Lo lógico es que así fuera, porque difícilmente Rajoy hubiese podido  hablar de medidas contra la corrupción en el pleno del Congreso, teniendo sentada en el banco azul a una ministra que acababa de ser señalada por el juez Ruz como beneficiaria, sola o en compañía de otros, ha sido para este país la estructura mafiosa PP-Gürtel. Hubiese tenido que aguantar mucha rechifla, algún abucheo y quién sabe si pataleos, con la ex ministra sentada allí, frente a él. Aunque, bien mirado, en el auto del juez Ruz, Ana Mato es tan beneficiaria de ese saqueo como lo es el Partido Popular que, que yo sepa, aún preside Mariano Rajoy.
Ana mayo se ha ido como llegó y como ha pasado por el ministerio, sin decir una palabra. La lástima es que la mudita del gobierno no se haya ido por su nefasta gestión, ni por todas las injusticias que ella, sola o en compañía de otros, ha perpetrado desde su cargo contra los más débiles.


Puedes leer más entradas de "A media luz" en http://javierastasio2.blogspot.com/ y en http://javierastasio.blogspot.es y, si amas la buena música, síguenos en “Hernández y Fernández” en http://javierastasio.blogspot.com/

Deja un comentario

Su dirección de email no será pública.


*