Sobresueldos, por Javier Astasio

 
 
Cuanto más sabemos de la contabilidad interna del Partido Popular, más nos escandaliza, y con toda la razón, la doble moral que se gasta en este país a la hora de juzgar a los poderosos. Lo acabo de comprobar al asomarme a una tertulia radiofónica, en la que la revelación de la presencia en dichas cuentas de pagos iguales y regulares al expresidente del partido, como gastos de representación, en lo que aparenta ser una simulación, no de un despido en diferido, sino de un jugoso sobresueldo -son pagos mensuales de medio millón de pesetas de hace veinte años- que, ni figuraron como salario, ni cotizaron como tal.
Resulta curioso que, ante estas revelaciones hechas hoy por EL PAÍS y la Cadena SER, lo dicho por los contertulios ha rozado la tibieza, cuando no la justificación, con frases del tipo "los sueldos en la política española son bajos", "las incompatibilidades parlamentarias obligan a cobrar un sólo sueldo" o "de esa manera se compensa el sacrificio..." Pues, como en el chiste de los locos, "haber elegido muerte".
Vivimos en un eterno ritornello que acaba siempre en los mismo: la ley de partidos, especialmente en cuanto a financiación está trasnochada y es insuficiente ¿Qué esperan, pues, para cambiarla? ¿No será que salen ganando con los trapicheos? ¿No será que los partidos como tales y la mayor parte de los políticos como individuos controlan más pasta y viven mejor con estas carencias que con una nueva ley que revise sus retribuciones pero evite los chanchullos?
Tener que enterarse de toso esto en un momento en que una gran parte de los españoles las están pasando "putas" es muy duro. Muy duro y más que cabreante. Por eso más de uno, yo entre ellos y desde hace tiempo, nos preguntamos qué tienen que ver estos señores con los ciudadanos que les eligen y a los que dicen representar. Hace unos años, cuando se alumbró la ley que la regula, había más generosidad en la política y más esperanzas en la gente. Hoy, una gran parte de los diputados son verdaderos profesionales de la cosa, vienen trabajando y cobrando de los partidos desde que entraron en las juventudes.
Se supone que queremos para representarnos a los mejores de entre los mejores y, si nos detenemos a analizar la composición de las cámaras, los gobiernos -ay, Báñez- o los ayuntamientos, comprobamos que una gran parte de quienes las componen son muy mediocres y que lo único aprovechable, y sólo para su partido, que encontramos en ellos es su fidelidad, su acriticismo y su obediencia ciega a las consignas del partido.
No quiero decir con esto que todos los representantes ni todos los gobernantes sean prescindibles. En absoluto. Lo que quiero decir es que los partidos han acabado siendo aburridas empresas que sólo se mueven con una cierta "alegría" cuando llegan las elecciones y, aun así, no siempre lo consiguen. Lo malo es que, como todas las empresas, acaban haciendo los chanchullos consabidos para premiar a sus ejecutivos, mientras se recortan salarios y condiciones a los "obreros", que somos los votantes.
Quien justifica los sobres y los sobresueldos camuflados lo hace porque alguna vez los ha recibido o espera hacerlo. Si no, no se entiende.
 
 
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