Sobre peinetas, duques, espionajes, mareas, talegones y auditorías, por Gabriel Merino

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Hartazgo.

Incluso para quien quería hacer de la investigación, relato y crónica de la actualidad su forma de vida, uno se harta y se aburre de hablar y escribir casi siempre de lo mismo.

Veo a Candela Peña quejándose de las condiciones del hospital público catalán transferido en el que murió su padre sin mantas ni agua y, a pesar de que –condolencias, Candela- estoy claramente por sistemas públicos de sanidad y educación y de acabar de una vez con los conciertos, me pregunto si no habría sido mejor que lo denunciara ante el defensor del paciente y, eventualmente, en la gala de los premios Sant Jordi delante de Más que en los Goya delante de Wert –tipo al que yo también tengo bastante manía, la verdad-. Veo a la Alicia espiada –muy mal eso de espiarte, y más mientras comes, bebes o echas polvos- montando un asunto de estado por una práctica de presunta corrupción y misión imposible autonómica pero es que, aquí en Madrid, a mí eso ya me sonaba a dejavu sin investigar. Veo a la Talegón después de llorar tanto y hacerse dos platós abrazar tiernamente a la Valenciano y a Rubalcaba, que parece que el jefe le estaba cantando aquella de Comesaña “Lo estás haciendo muy bien…”. Veo al ex tesorero del abrigo de mafioso con apliques de ante llegar de esquiarla en Vancouver haciendo una peineta calcada de la de Aznar, pero en este caso, seguramente, dirigida a su propio partido. Veo a los presentadores de la uno, que ya no llaman al duque empalmao “Su Alteza Real el Excelentísimo Señor Don Iñaki Urdangarín Liebaert, Duque de Palma de Mallorca”, sino Urdangarín a secas y me parece que eso supone que el marido de Doñacris tiene los días algo más contados. Veo que las auditoras grandes de siempre dicen que no van a prestar servicios al pepé en las condiciones que ese partido, con ínfulas de transparencia, les exige que investiguen sus cuentas A y me pregunto cómo no ofrecen a Jesús -Gürtel / cañones de confeti- Sepúlveda que les audite él, ahora que le han dejado sin nómina y sin trabajo. Veo que Ratzinger se pira del papado lanzando puyas a quienes se quedan para que no se maten entre ellos en uno de esos actos históricos de fe, esperanza y caridad cristiana. Veo a Yogi Mendez y a Bubu Toxo que aún no han dicho en cual de las mareas del 23 F van a ir quejándose, porque a lo mejor es que no tienen claro de qué quejarse.

Y veo que los grandes delitos siguen prescribiendo mientras que los desahucios continuan. Y veo que las mujeres que ostentan el poder se precian de no saber nada de lo que se cuece en sus casas, en sus cuentas corrientes o en sus garajes. Y veo que después de montarnos la del pepino, resulta que las trazas de carne de caballo que se han detectado en los productos Nestlé venían de Alemania. Y veo que Mourinho no se pira. Veo que la peña se quema a lo bonzo; que British, como era previsible, está desmantelando Iberia; que las tasas se siguen cobrando aunque la defensora del pueblo dijera que ya hay justicia de dos velocidades; que como prueba no se admiten fotocopias pero que ni al fiscal ni al juez ni a los inspectores de hacienda se les ha ocurrido aún entrar de oficio en la sede del partido que presuntamente cometió fraude; que como parecía, esa reforma laboral ni sirve ni servirá para crear empleo; que en ese debate del estado de la nación que empieza mañana ya me sé lo que van a decir y hacer todos…

Así que me voy al bar a discutir, que me sale más a cuenta. Por lo menos me aireo y me tomo unas cañas

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