Sin ciencia no hay paraíso, por Fernando Blázquez (@ferblazrom)

Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, se ha despachado en Nature [enlace en inglés] diciendo que “necesitamos cambiar el número de investigadores manteniendo y mejorando la calidad de los contratos, mientras reduce su cantidad“. Con amigos como estos… ¡quién necesita enemigos! Pero es lógico, puesto que vivimos en un país en el que sigue estando mejor valorado ser fontanero que ingeniero químico. Un país en el que, no hace tanto -seguramente siga pasando-, los que habían abandonado sus estudios para dedicarse a poner ladrillos (cobrando varios miles de euros al mes, eso sí) se reían de los que seguíamos estudiando e incluso nos llamaban idiotas. Tranquilos. Nosotros no haremos lo mismo con vosotros.

Hasta que no entendamos que la Ciencia (con mayúsculas) genera empleo en todos los niveles -porque, recordemos, un invento, además de descubrirse, ha de fabricarse, transportarse, comercializarse…- la solución ni siquiera se avecina. Ahora bien, ¿dónde está el problema exactamente? La secretaria de Estado debe ser la única científica de este país (porque, aunque no lo parezca, lo es: estudió Ciencias Químicas y se especializó en Bioquímica) que cree que para potenciar la ciencia hay que quitarle dinero. Aunque lo ha empezado a creer ahora, porque hace no mucho pensaba que era necesario que “nuestros científicos tuvieran los mejores medios para trabajar”. En una carta abierta a la señora Vela, la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios destaca que “la proporción de investigadores sobre la población activa [en España] es de un 9.6‰, en la Unión Europea es del 10.4‰ y en Alemania de un 12.7‰” y se cuestiona cuántos de los computan en el extranjero son investigadores nacionales.

La respuesta es sencilla: cada vez más. Y lo es por lo que ya nos avisaba Aleix Saló en su Españistán que, aunque nos lo contaba en pasado, sigue más vigente que nunca: “mientras el referente de los empresarios norteamericanos era Google, aquí todos querían imitar a Paco el Pocero“.

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