Siempre pagamos los mismos, por Javier Astasio

 

Dice un amigo con palabras quizá heredadas de una madre castiza donde las haya, que "hay gente a la que no le huelen los pedos, o quizás algo más sólido, porque nacen sin culo" y estoy por darle la razón, porque, si n, no se explica que a quien ha actuado a todas luces temerariamente tengamos que indemnizarle de nuestro bolsillo el resto de la sociedad.

Estoy hablando, naturalmente, de la salvajada que ha supuesto, y era previsible que así fuese, la plataforma para la inyección de gas en el subsuelo marino frente a las costas del norte de Castellón. Un proyecto digno de un aprendiz de brujo, contra el que ya disparó todas las alarmas el ecologismo, tildado siempre de aguafiestas y enemigo del progreso, cuando lo suyo sólo es magia banca, ciencia blanca, frente a la magia negra y la ciencia sin escrúpulos del capitalismo más salvaje. Pero se nos olvida o no queremos ver que quienes se opusieron al almacén de gas frente a Vinaròs tenían tanto conocimiento científico y tanta información o más de la que tienen los ingenieros y geólogos del proyecto impulsado por la ACS de Florentino Pérez (70%) y una empresa canadiense. Entre otras, porque esas empresas tienen, y los ecologistas no, fuerza suficiente como para que este último dato, el de la titularidad de las empresas del proyecto, no aparezca en los medios de comunicación porque, claro está, es muy mala publicidad para el propietario de la española.

Cuando comenzó a instalarse la plataforma ya se conocía el riesgo cierto de movimientos sísmicos, puesto que se habían registrado en plantas similares. Aún así, el ministerio de Industria del último gobierno de Zapatero dio el visto bueno, para la inversión de mil doscientos millones de euros que aprovecharía un viejo pozo petrolífero abandonado.

Es cierto que entonces no se exigían los exhaustivos informes sobre el riesgo sismológico que ahora necesitarían, pero se aplicó la celtibérica máxima de que "aunque todo puede pasar, era muy difícil que llegase a ocurrir". Y, ante tan categórica regla  la cosa siguió adelante y los socios del proyecto comenzaron las obras e inyectaron los 1200 millones necesarios para convertir el pozo abandonado en un rentable almacén de gas natural con el que especular comprando el gas hoy y vendiéndolo mañana con el consiguiente beneficio mañana.

Pero la magia del aprendiz de brujo desató todas las fuerzas del infierno y la tierra, como predijeron los agoreros ecologistas, comenzó a temblar hasta alcanzar niveles de frecuencia e intensidad realmente preocupantes. Tanto, como para que la gente se echase a la calle con lo puesto, temiendo que la siguiente sacudida les echase la casa abajo. Ahora, ante las evidencias de cuál es la causa y cuáles los efectos y con un cierto retraso, se ha parado la inyección de gas y la fiscalía ha abierto una investigación sobre el asunto a la búsqueda de responsables que deberían hacerse cargo de los posibles daños.

Y en esas estamos, cuando llega el "Big One", otro terremoto en esta ocasión en la opinión pública, cuando, ayer, el ministro Soria dejó abierta la posibilidad de que el Estado indemnice a don Florentino y sus socios en una cantidad que rondaría los mil millones de euros, cercana al total del monto del proyecto, con lo cual, todo los españoles pagaríamos la osadía del empresario que, por lo que parece, si su empresa es del tamaño adecuado nunca sale perdiendo y sigue protegido por ese vergonzante silencio de la mayoría de los medios. Y es que, en el fútbol, donde existen escandalosas deudas a la Seguridad Social y a Hacienda, y en el resto de los sectores, si el que comete el error o la falta, insisto, es lo suficientemente grande, siempre pagamos los mismos, ni Florentino ni quienes autorizaron o no paralizaron el proyecto
 
 

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