Si pudiera votar el domingo, por Javier Astasio



Amo Cataluña desde que, de niño, las vacaciones en la playa de aquella Peñíscola de cañaverales y playas sin  hoteles ni chiringuitos incluían una visita a Barcelona, para ver a los tíos y las primas, en aquel piso tan fresco y tranquilo de Montjuic, por encima del Mercat dels flors, en el que siempre se oía cantar a los pájaros, salvo cuando había carreras de coches o de motos, amo aquellas sobremesas  p aquellos primeros vermuts, con aceitunas, en la terraza del bar de las esquina, escuchando al tío José hablando de "sus" caballos de la Guardia Urbana, hablando de sus carruseles, me quería veterinario y sé que le di un disgusto cuando dejé la carrera . Amo aquellas ramblas  por las que aún se podía pasear, en las que las únicas aglomeraciones eran las de los marineros de la VI Flota, borrachos y pendencieros, o las de algunos, no demasiados, turistas que desembarcaban de los cruceros. 
Amo el paisaje sereno del Bajo Ampurdán, sabio como la filosofía, a veces contradictoria, del payés culto que nunca dejó de ser Josep Pla, amo su escritura, amo esos paisajes que nadie pintó como él, los atardeceres equívocos en LLafranc, con el sol poniéndose sobre el mar y la montaña. Amo esas calas de la costa Brava con sus pinares junto al mar de aguas transparentes u amo esas montañas del Pirineo, desde el suave paisaje de Girona al majestuoso pirineo de Lleida. Amo los civets, la esqueixada de bacallà, el pa amb tomaca, el conejo con cigalas y chocolate, aquellos "pijamas", postres imposibles y prohibidos hoy para un diabético como yo, amo los bocadillos de sobrasada caliente del Núria, al comienzo de las Ramblas, cerca de Canaletas, donde celebra sus victorias el Barça que amo, desde los tiempos de Cruyff.
Amo la "música callada" de Mompou, las canciones de Serrat, mucho más tierno en catalán, alguna que otra habanera, el "cremat" en la playa en una noche de verano y las canciones íntimas, tan dulces y hermosas de aquel Lluis Llach que antes que nada era poeta. Amo el teatro de Els Joglars más que las violentas coreografías de la Fura dels Baus. Amo la poesía de Espriu y la de Gimferrer, la de Pere Quart y la de Verdaguer o Ausias Marchc que tan bien ha cantado el valenciano Raimon, vecino del Paseo Maragall, que tantas veces, incluso hoy, ha dicho no.
Amo El Carmelo, en el que tengo una familia, la de Carmen, amo la Ronda del Guinardó, frontera de acentos y de clases. Amo la literatura y la difícil y sincera personalidad de Juan Marsé. Amo el recuerdo del brillante y divertido Terenci Moix, amo a Maruja, Maruja Torres, con la que aprendí más, si cabe, a amar a esa Barcelona charnega, avispada y lista del Raval. Amo el paisaje real de Maki Navaja creado en tinta por Ivá, al que dio vida el inolvidable Pepe Rubianes. Amo en el recuerdo aquellas viejas golondrinas del puerto de Barcelona, aquellos tinglados hoy desaparecidos, el "rastro" d los encantes, los vermuts del Poble Sec, el barrio de Gracia, donde los gitanos adoptaron al Gato Pérez, un argentino, catalán a base de tragos y noches, que ha cantado como nadie a Barcelona.
Amo Cataluña, todas las cataluñas, y a los catalanes, a todos los catalanes, Por eso, si pudiese votar el domingo no sabría a quién. Ni siquiera sabría a quién votar, porque no me gusta esa lista "gazpacho" que es Junts p'el si, porque tiene demasiado ajo corrupto y antes o después acabara repitiéndome y porque hay algunos ingredientes ocultos que no sé muy bien si acabarán casando. Tampoco votaría a la chica de Rivera, demasiado lista y correcta para mi gusto, Mucho menos al impresentable de García Albiol. En cuanto a Catalunya si que es pot. el pelo sucio, la ambigüedad y el protagonismo de Pablo Iglesias no me han dejado ver de que van, a pesar de que la música de Rabell no me disgusta, En cuanto al bueno de Iceta, creo que es quien esgrime la mejor solución en su campaña, pero, ya lo he dicho, la está diluyendo con su baile. Además, esa solución llega tarde y desde el partido que, junto al PP, ha conseguido que lo que podía haberse resuelto con diálogo u pedagogía, allí y aquí, ha acabado en terrible enfrentamiento, para el que no veo aún una solución clara.
En fin, si pudiera votar el domingo, no sé si iría a las urnas y, en caso de hacerlo, lo que votaría. Lo que sí sé es a quien no daría nunca mi apoyo.


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