Sexo inocente, por @JesSiDuBe

Maite moría de ganas de estar con él aún pensando en que su edad no era la indicada según lo que se  decía: “las mujeres se deben conservar puras hasta el día en el que decían caminar hacía el altar” lo cuál  ella no comprendía; “si realmente es así; ¿por qué experimento tantas sensaciones en mi cuerpo si mis pechos no son más grandes que un par de ciruelas?”

Aún así, allí estaba, con un cosquilleo en su sexo cada que Alán la acariciaba de la manera más atrevida posible. Solo luego podía recordar las conversaciones con sus amigas del colegio en donde cada una contaba como su chico las hacía sentir en las nubes... Mientras, inocentemente dejaba que Alán explorara su piel con una caricia cada vez más abajo.

Alán se sentía más nervioso de lo que ella pudiese imaginar… él no sabía qué hacer, como moverse o qué agarrar muy a pesar de las  clases que recibía, durante el recreo, de sus  amigos quienes presumían haber estado con unas cuantas, mientras que él no.

Se sentía inmune ante cualquier adversidad, se sentía como una fina pluma dibujando sobre un lienzo increíblemente suave que no dejaba de ser, cada vez más irresistible y encantador. -“Será qué esto podría dejarla embarazada, ¡yo no quiero ser papá aún! y, ¿el condón, ese, en dónde lo dejé? ”…

Maite ansiosa de sentirlo, decide desapuntar el pantalón con la tierna intención de conocer lo único que no tenían en común, -“cómo es: ¿tan grande como me dijo Perla que hasta le dolió? o ¿tan pequeño como me describió Antonia que ni lo sintió?”

- Paremos!!! mis papás estan próximos en llegar, no quiero hacerte daño, tal vez no es el momento indicado; le dice Alán confundido por la situación, aunque adoraba el momento abrazados como si fueran uno solo y como si el pudor se hubiese desaparecido.

 – De acuerdo, responde Maite en medio de tanta adrenalina y sin nada más que mencionar.

Al abrir los ojos clavan la mirada en un punto lejano de la sala en la que se encontraban,  mientras, Maite arregla  su uniforme  y sus cabellos recuperando la postura. Llaman a la puerta, al parecer “Dios” estaba de acuerdo con lo sucedido o tal vez fue un golpe de suerte lo que hizo que se detuvieran  en el momento correcto.
Los papas de Alán llegaban con la intención de invitarlos a cenar no sin antes ir a casa de Maite para pedir la autorización pertinente. Es así como finaliza ese mágico momento y aunque sonrojados lo concluyen con un tierno beso sin mencionar una sola palabra.

Alán no se atrevía a contarles a sus amigos lo que sucedió ese día con su chica, mucho menos el detalle en el que, es él, quien decide detener las caricias y los abrazos, así que prefiere seguir siendo el motivo de burla por su virginidad a los 16 años. Mientras tanto Maite en la hora del recreo no para de contarles detalles a sus amigas
–“Me sentí en las nubes, tal y como me lo dijeron, aunque no todo pasó, lo poco fue grandioso"

Son las tres de la tarde y las campanas del colegió estaban listas para sonar. Antes, Maite llama a su mamá para avisarle que demoraría un poco porque debía hacer una tarea con sus amigas, a lo que su madre respondió: “No olvides comportarte a la altura si es que en verdad quieres una fiesta de quince como para las princesas”…  Con ganas de otra cosa, recuerda que dentro de poco llegarían sus quince y que estaba deseosa porque su sueño se hiciera realidad con una fiesta de esas que se ven por la televisión. Pero ¿qué es comportarse a la altura?

La cita estaba ya hecha hace un par de semanas, su príncipe que seguramente sería el mismo que bailaría con ella el vals el día de sus quince, ya estaba esperándola muy ansioso en su casa y con toda la logística organizada; flores, chocolates y un peluche. El romanticismo estaba resuelto aunque no contaba con que estaba enamorado, quería engañarse afirmando que todo lo hace porque sus amigos aseguran que ante tanto detalle las chicas nunca se niegan. Muy nervioso se miraba una y otra vez al espejo, se olía para asegurarse de que esa loción era la indicada… Pegando un leve brinco, reacciona ante el timbre de la puerta. Al abrir la saluda y con una voz un tanto temblorosa le pide que por favor cierre los ojos.

-¿Tus papas demoran en llegar? Le pregunta Maite, igual de angustiada, a lo que él responde; “tranquila, todo va a estar bien"

Dirigiéndola hacia su cuarto en donde encontraría la sorpresa, le susurra al oído que adora verla en uniforme y que lo llena de ternura… -¡abre los ojos! ella sonríe y tras un beso prolongado empieza el encanto.

Palabras lindas los conduce a la cama, tantos 'te quiero' se confunden en el temblor de los cuerpos y antes de dejarse caer como un par de plumas sobre esa superficie a Maite se le escapa un ¡te amo! Un te amo que antes que asustar a Alán lo animaba a no detenerse, las mentes se nublaron y Alán cada vez más tenue le decía al oído “Creo que estoy enamorado, te digo que creo, porque no sé que es estar enamorado, pero espero aprenderlo contigo”.

Y allí estaban, los 'te quiero' se fueron remplazando poco a poco de 'te amos' como si esa palabra fuera esencial para estos casos. Unos 'te amos' inocentes pero envolventes que ni ellos sabían el significado.

Las prendas mojadas al parecer salían mucho más fácil y ese uniforme que le resultaba un tanto sexy a Alán, desapareció encontrándose poco a poco con la desnudez que la sociedad juzgaba como misteriosa y pecadora. El miembro endurecido hizo que Alán perdiera el control y arrebatado entre tantas sensaciones agarro duro a su chica pidiéndole que no parara de besarle, tocarle y abrazarle. Y ella, humedecida e inundada reclamaba lo mismo y esos 'te amos' que tanto marcaron el inicio fueron remplazados por unos ¡No pares! Los gemidos se esfumaban en el tiempo y el sudor se intensificaba un poco más…

-“Me avisas si te duele” le dice Alán con una voz agitada y entre cortada. A lo que Maite responde “No olvides el condón, hazme sentir segura por favor… ¡Tu serás mi príncipe azul!”.

Se suponía que Alán no tenía ni idea de cómo se usaba, pero tal vez su instinto lo hizo recordar un poco de aquellas charlas con papá sobre sexo, haciendo que su hombría saliera a flote al sentir como las puertas de tanta magia estaban abiertas, en donde la sensación más prohibida no se hizo esperar.

“Despacio que me duele, pero por favor no pares” le dice Maite, hasta que estando Alán allí adentro experimentando la sensación de la tibieza y la humedad, pone un dedo sobre la boca de Maite y acelerando sus movimientos, acaricia cada vez más fuerte el par de ciruelas dulces y encantadoras de su cuerpo, le dice que no puede más y Maite con un leve grito de excitación le dice que al parecer el misterio ya estaba resuelto.

Terminan abrazados, comiéndose a picos y sonrisas. Nerviosos de todo lo anterior y avergonzados por las palabras que nunca imaginaron pronunciar, Alán termina descansando sobre el pecho de Maite y aún estando la magia apoderada del momento, Maite recuerda que su mamá le pidió no demorarse tanto, ya que pronto llegaría el otro día más deseado… ¡SUS QUINCE!

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