Secuestrar la democracia, por Javier Astasio


Si alguien nos hubiese dicho hace sólo tres meses que el PSOE haría lo contrario de lo que prometía en mítines y carteles, que taparía la boca a sus militantes, que, como su presunto adversario, el PP, se envolvería en la bandera española para pasarse por el arco del triunfo promesas, pasado y principios, que ignoraría, si no despreciaría, los sentimientos de sus votantes, que conspiraría para acabar con el secretario general elegido por la militancia, sin intermediarios, lo más probable es que le hubiésemos abucheado y le hubiésemos acusado de confundir sus deseos con la realidad. Sin embargo, mira por dónde, los agoreros tenían razón.
Tenían razón, porque hay intereses demasiado poderosos para que este país no llegue ni siquiera a plantearse cambiar el cómodo paso con el que ha llegado hasta aquí desde 1978, porque hay quienes lo prefieren mudo y adormecido, con encefalograma plano, dócil y conformista, resignado, para hacer de él en cada momento lo que mejor convenga a caciques, oligarcas y multinacionales, aunque sea a costa de la felicidad y el bienestar de los ciudadanos. No hay más que ver el desprecio con el que los "nuevos" dirigentes del PSOE han tratado a sus militantes, para imaginar lo que les importamos el resto de los españoles, incluidos los votantes.
No sé qué espera la gestora que, a partir de ahora, hagan los desconcertados y deprimidos militantes del partido al comprobar que, por segunda vez, el aparato del partido tumba a un secretario general demasiado escorado a la izquierda para lo que gustan los !padrinos" de tanto dirigente apoltronado y domesticado por esas grandes empresas, por esos cerebros grises, de aquí o de fuera, paisano o de uniforme, que necesitan dirigentes más preocupados por mantener sus privilegios o por esconder sus trapos sucios que por perseguir y proteger el bien común.
Estoy hablando, por ejemplo, de personajes que, como Felipe González, consienten o callan cuando Gas Natural quiere hollar el paraíso que es Doñana con sus tuberías y depósitos. Estoy hablando de la salvajada pretendida por Florentino Pérez, almacenar gas en el subsuelo de las costas de Tarragona en contra del sentido común y de espaldas a los informes técnicos que no hicieron la ola al proyecto y que acabó provocando numerosos seísmos en toda la zona, hasta el punto de tener que paralizarlo, con el consuelo, eso sí, de que el constructor, pillado en la financiación ilegal del PP, contaba con la garantía, otorgada por el gobierno de Zapatero, de recuperar toso lo invertido y más, a costa de todos los españoles, si la cosa como se predecía iba tan mal como acabó yendo.
Eses es el quid de la cuestión, el truco del almendruco: conseguir gobiernos y también partidos fieles y dóciles, que garanticen sus "negocietes" o, en todo caso, una oposición cómoda y silenciosa como la que Rubalcaba, asiduo del palco del Bernabéu, le hizo a Rajoy, al menos durante los años más duros del ajuste y los recortes.

Por eso no se han parado en prensa a la hora de dinamitar la ejecutiva de Pedro Sánchez, quien, por necesidad o por convencimiento, se atrincheró, con la aprobación de votantes y militantes, en el NO es NO a Rajoy. Por eso han movilizado a la prensa que, como en el caso de EL PAÍS, apoyase sus poco o nada democráticas pretensiones con editoriales infumables que han desconcertado y cabreado a los pocos lectores que aún conservaba. Por eso, las fuerzas más ocultas y siniestras del Estado se han puesto al servicio de un establishment que ha hecho callo en el poder y no está dispuesto a dejar que la voz de los de abajo llegue al congreso con posibilidades de cambiar ese estado de cosas. Por eso, en el PSOE ha habido comportamientos bizarros, cuando no bastardos, por eso han tirado por la borda más de un siglo de tradición y la memoria de los muchos militantes que pusieron a salvo el partido en los peores momentos y que ahora han sido dolorosamente despreciados. Lo que se ha evidenciado en el PSOE no es muy distinto de lo que viene ocurriendo desde hace al menos dos décadas en este país, que se desprecia y secuestra la democracia. Sólo espero que, cuanto antes, esos militantes a los que se ha privado de voz la recuperen para que el PSOE vuelva a ser el partido que fue y que necesitamos.

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