“Se oyen unos bombazos que hacen retumbar las paredes”, por @Lola_Hierro

Foto: CC Al Jazeera

 

“Cuando escuchamos los primeros disparos pensamos que eran fuegos artificiales”. M. A. , trabajador de la ONU en Sudán del Sur estaba viendo la televisión con su novia cuando comenzaron a escuchar tiros en la calle.

“Nos llamaron los de seguridad y nos ordenaron que no saliéramos y que tuviéramos preparada una mochila con lo imprescindible por si acaso. Tenemos la radio encendida todo el tiempo y nos hemos turnado toda la noche para hacer guardias”, relata el joven, de 33 años y natural de Madrid. El fuerte perímetro de seguridad del campamento de la ONU en las afueras de Juba, la capital, alberga a 40 personas entre personal de la organización y del Ejército de Estados Unidos. Todos se encuentran a salvo, pero ni las medidas de seguridad ni la lejanía del centro han impedido que sus ocupantes hayan pasado una noche infernal. “Se oían unos bombazos que hacían retumbar las paredes, ha sido una noche jodida”, reconoce el madrileño.

Encerrado desde entonces en su apartamento, M. A. explica que, de momento, la información que manejan es escasa. “Sabemos que ha habido ataques porque un grupo rebelde intentó dar un golpe de Estado después de haber estado reunidos con el presidente Kiir, pero no mucho más”. La reunión, de miembros del Ejército de Liberación Popular, acabó sin acuerdo entre los partidarios de los dos bandos que hay dentro del Ejército: el del presidente Kiir, de la étnica dinga, y el exvicepresidente y rival, Riek Machar, de la etnia nuer.

Machar reprocha a Kiir que es un dictador y quiere ser visto como el representante de la democracia. Incluso tiene previsto presentarse a las elecciones de 2015, las primeras del país. Tras la bronca del sábado, Kiir ordenó la detención de Machar, pero los soldados nuer se negaron y esto acabó provocando un tiroteo dentro de la propia sala de reuniones que se extendió por toda la ciudad en las horas posteriores.

El presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir. cc Stein Oven Corneliusen

La información desde Sudán llega con cuentagotas y los pocos detalles que se conocen de los ataques producidos durante toda la madrugada del lunes han venido, fundamentalmente, de boca del propio Kiir, que ha ofrecido una rueda de prensa este lunes por la mañana vestido de militar para explicar que el ejército ha sofocado un golpe de Estado perpetrado por personas afines a su exvicepresidente, destituido en julio pese a su enorme popularidad desde que se independizó el país en 2011.

Así, Juba ha vivido abundantes tiroteos durante toda la noche y se ha decretado un toque de queda de seis de la tarde a seis de la mañana a consecuencia de los graves tiroteos, que han dejado varios muertos, según informa EL PAíS. A M. A, destinado en el país desde junio de este año, lo que mas le preocupa es no volver a casa por navidad. “A todo el personal de la ONU nos dan las vacaciones el viernes, pero el aeropuerto está cerrado, así que no sabemos si podremos salir de aquí para entonces”.

Un soldado del Sudanese People’s Liberation Army . cc Stein Ove Korneliussen

La evacuación, de momento, no se contempla. El campo de refugiados de la ONU está bastante alejado y los agentes de seguridad han explicado que salir es muy peligroso porque las carreteras están controladas por rebeldes, según describe el joven en una videoconferencia a través de internet. El campamento al menos tiene internet porque dispone de de una red satélite, pero el teléfono no funciona la mayoría del tiempo.

Desde su ventana, M. A observa cómo numerosos grupos de personas salen de la ciudad y se dirigen hacia las afueras, donde existen dos campos de refugiados de las naciones unidas con capacidad para 6.000 y 8.000 personas. El joven, que trabaja a diario allí, asegura que están al límite de su capacidad. “Llevan sus cosas con ellos, pero no sé por qué se van, supongo que por las represalias”, dice.

El madrileño asegura que en los siete meses que lleva viviendo en Sudán del Sur, nunca había escuchado ni un solo tiro, pero que desde julio, cuando el presidente destituyó a Machar, la tensión comenzó a crecer. “Desde entonces se notaba que algo gordo iba a pasar”.

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